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10 de agosto de 2018

Megalodón: Jason Stathan contra el Mega Tiburón [CRÍTICA]

Crítica de Megalodón

“Meg”, la novela de Steve Alten que luego se convirtió en una saga, adolecía de una falta de humor y de surrealismo que jugaba en contra suya. El escritor pensaba ser el nuevo Michael Crichton y lanzarnos una especie de thriller tecnológico con teorías alocadas para que nos tomásemos en serio que un Megalodón podría haber sobrevivido sin problema durante dos millones de años, incluso más. Una saga que derivó en seis novelas, cada cual, más imposible. O eso es lo que dicen algunos, solo he leído la primera, la que inspira la película “Megalodón” que ya está en cines, que voy a comentar ahora y que, afortunadamente es solo eso, una inspiración más que nada, porque si se llega a hacer una adaptación demasiado literal, seguramente el producto hubiese sido peor.

Bajo mi punto de vista, Megalodón es una cinta que cumple con dos estándares básicos para el momento presente: por un lado, se estrena en el verano para combatir el calor y tenernos entretenidos durante dos horas, y por otro lado, está realizada para satisfacer las necesidades de un público masivo y, en concreto, el asiático. Quizás este segundo elemento sea el que juegue un poco en contra de la misma para el público occidental. O sencillamente sea que la idea, el concepto de esta historia, de por sí ya es flojo y solo hay una manera de afrontarlo: riéndonos de nosotros mismos, siendo desenfadados y no buscando pretensiones de transmitir nada.

Seamos honestos, ya lo hemos dicho muchas veces. ¿Es que acaso vamos buscando metafísica en estas películas de monstruos? Personalmente pienso que ese es el error del Godzilla de Gareth Edwards, meterse en un relato familiar que no viene al caso, obviando al monstruo y el caos que organiza.

Imágenes de Megalodón
Un bonito tunel en el que entrar...
Eso es lo que queremos, caos, destrucción. Y en el caso de Megalodón si hay vísceras, sangre y gore desenfadado, mejor que mejor. ¿Qué es lo mejor que aporta la cinta? Pues precisamente sus veinte últimos minutos, cuando ya es consciente de lo que es, una película de serie B, de ci fi, con ganas, con presupuesto, pero en esencia un producto que solo quiere eso divertir y provocarnos unas risas, ya sea parodiando al Tiburón de Spielberg o sencillamente siendo ella misma y dándonos momentos de diversión totalmente nuevos. De hecho, los diez primeros minutos del film son realmente buenos en tensión. Pero luego entramos en demasiadas escenas de diálogo, se dicen muchas cosas y se actúa poco. Señores, queremos muchos dientes y muchas carreras submarinas siendo perseguidos por el mayor depredador de la historia. Jason Statham cumple con su personaje de acción, pero una vez más no le dejan sacar su vis cómica para que se ría de sí mismo.

No es que sea Sharknado, no lo necesita tampoco, pero sí que Megalodón debería haber sido una cinta orgullosa de sus orígenes y haber seguido enmarcada dentro de lo que es, sin ninguna pretensión. Aun así, que nadie se preocupe, nos da un buen espectáculo y desde luego sirve para huir del calor abrasador y para plantearnos quienes somos y lo que hacemos, si hemos abandonado también nuestra esencia de buscadores, de descubridores, de pioneros y la hemos sustituido por el afán de la acumulación desmedida. ¿Entretenida? Desde luego. ¿Necesitamos un mensaje? No hace falta.

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