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21 de septiembre de 2016

Crítica de "El Hombre de las Mil Caras": ¿La auténtica historia de la huida de Luis Roldan?


No me gustan demasiado las películas que se anuncian con muletillas del estilo de “Del director de” o “De los creadores de tal”. Aunque no tienen por qué meter la pata, me da la sensación de que dichos filmes quieren aprovechar el tirón de sus responsables sin creer demasiado en el producto que tienen entre manos, y en el caso de “El hombre de las mil caras”, estamos ante un film que no solo viene precedido por el éxito de Alberto Rodríguez con “La Isla Mínima, sino de una serie de aciertos acumulados que hacen que cualquier cinéfilo le tenga a esta nueva obra un interés particular.

Así pues, con el recuerdo de maravillosas obras como la mencionada o la excepcional “Grupo 7”, serán muchos los que se acercarán a las salas de cines para ver que nos ha preparado este realizador afincado en Sevilla, y aunque me gustaría poder recomendarosEl Hombre de las mil caras”, mi experiencia frente a ella no me lo permite.

Como siempre digo, hay que ir a ver las películas por uno mismo para hacerse una idea completa de lo que nos ofrecen, pero en este caso creo que serán muchos los que salgan decepcionados tras ver el film que protagonizan José Coronado y Eduard Fernández. ¿La razón? Pues que es un producto difícilmente catalogable que, pese a su calidad técnica y artística, no consigue enganchar. Pero vayamos por partes.

“El Hombre de las mil caras” es la adaptación del libro homónimo en el que se nos habla de Paco Paesa, un espia o agente de inteligencia español que, tras caer en desgracia por el revés que le dan su país y sus propios compañeros, empezará a moverse entre acciones poco éticas e ilegales al respaldo de un título de diplomático que le ofrece inmunidad.

Paesa (Eduard Fernández), su sobrina Beatriz (Alba Galocha) y Jesús Camoes (José Coronado)
En ese entorno en el que intenta sacar pasta de cualquier situación, acaba cruzando su camino con Luis Roldan, el director general de la Guardia Civil que tras servir a su país y quedarse con un buen pellizco, amenazaba con desestabilizar a todos los miembros del gobierno con unos supuestos trapos sucios que le servían como escudo contra aquellos que pedían su cabeza.

Así pues, Roldan (interpretado por Carlos Santos) y su esposa Nieves (Marta Etura) se pondrán en manos de Paco Paesa (Eduard Fernández) y su socio Jesús Camoes (José Coronado) para intentar conseguir que la pareja no pierda ni sus posesiones ni el dinero que han sacado del país.

Personalmente tengo que decir que dicha historia no me ha resultado demasiado interesante, y aunque en principio podría parecer que se debe a una cuestión generacional (no viví esos momentos de la historia de España por mi edad),  tampoco viví lo que se veía en filmes como “La Isla Mínima” o “Grupo 7”, y a diferencia del nuevo trabajo de Rodríguez, dichas cintas me fascinaron por completo.

El problema de “El Hombre de las Mil Caras” no viene del relato en sí, sino en la forma de contarlo. Pese a que a nivel técnico (Alberto Rodríguez rueda de forma magistral) y a nivel artístico (las interpretaciones son estupendas) la película es impecable, nos encontramos con thriller que carece de tensión y ritmo. Si bien es cierto que el film empieza con un estilo que nos recuerda poderosamente a ciertos momentos de la obra de Guy Ritchie (la parte donde se habla de ‘los esclavos’ de Paesa, y ‘esclavos de los esclavos’ es muy del rollo de “Snatch” y “RocknRolla”), llegado a cierto punto, el ritmo de la película se derrumba para centrarse en todos los detalles de este caso que acabó con la “detención / entrega” de Roldan y con la desaparición de su dinero.

Roldan (Carlos Santos)  y su esposa Nieve (Marta Etura)

A partir de ese momento el interés por el film decae aún más, y aunque con una buena dosis de tensión se podría haber solucionado, no vemos que los protagonistas sufran de un riesgo real en ningún momento, provocando que no conectemos con ellos y que nos de igual lo que les ocurra a sabiendas de que Roldan será capturado si o sí.

En definitiva, y como he dicho al principio, no puedo recomendar la película (al menos no a los lectores del blog y amigos cinéfilos), pero como no he leído la obra en la que se basa la película, y no puedo decir que estemos ante una buena o una mala adaptación, tampoco diré que estamos ante una mala producción.

Básicamente, el hecho de que no me haya gustado (ya sabéis eso de para gustos los colores) se debe a la falta de empatía con los personajes, la carencia de tensión y mi incapacidad de etiquetar el film dentro de alguna categoría (se supone que es un thriller sobre personajes reales, pero se encargan de decirnos que no todo es cierto). Esto hace que me quede simplemente con el hecho de ver una película sobre un tipo más listo que el hambre (el tal Paesa), que se apoderó del dinero de Roldan y que echó por tierra la imagen, ya denostada, de parte del partido socialista que gobernaba en España por aquellas fechas, algo que, amigos y amigas, no creo que sea suficiente para atraer al público a las salas de cine en estos momentos en los que arriesgar en taquilla no está al alcance de todos.



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