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29 de enero de 2016

Crítica de El Renacido: DiCaprio a las ordenes de Iñárritu

En el mar de las emociones está la veta principal de la sustancia de Alejandro González Iñárritu. En la tragedia del ser humano está su mina máxima e Iñárritu pone el dedo en la llaga una vez más; en su marquesina personal con grandes luces otra historia del vínculo padre-hijo aparece: “siempre serás el hijo de alguien y eso te define para toda tu vida” dice Alejandro. Otra historia que no deja espacio para la indiferencia o el desinterés. Una historia titulada “El renacido”

Critica de "El Renacido"

Desde el estreno mismo de “Amores perros” (2000) en las carteleras internacionales se intuía que Alejandro González Iñárritu tenía un camino halagador por delante en el difícil mundo del arte cinematográfico. Con la soltura propia de un cineasta experimentado, ejecutó su ópera prima con maestría: un film lleno de visceralidad y pasión, que dejó una huella indeleble en el corazón de la memoria colectiva.

En alguna ocasión de aquellos ayeres, Alejandro comentó: “No me las doy de genio, ni nada. Sólo espero no perder la espontaneidad y la inocencia. Ojalá que nunca pierda esa visión de lo que es hacer cine”. Y esto confirma, con la aprobación del tiempo, que sus palabras se han hecho válidas ahora que han transcurrido casi 16 años de aquel sensacional debut, sobre todo por la espontaneidad de la que hablaba y de su propia visión cinematográfica de las cosas, de la realidad y de la vida misma. Alejandro no ha traicionado sus convicciones más fieles de seguir haciendo el cine que le gusta.

Alejado de las películas que se escriben sobre nada y que vienen a representar finalmente nada, Iñárritu busca en las profundidades del alma, en los temores primarios del ser humano, en sus arrebatos originados por la ira, la rabia; busca en los ángulos más oscuros el desconsuelo personal, la confusión; ese lugar donde te encuentras solo, ensimismado, con el desencanto sobre los hombros. Y este valiente y extraordinario ejercicio fílmico ha caracterizado al director mexicano muchas veces, sin trazos de cine cansino que buscan hacerte pensar desde un sitio muy cómodo, como puede ser la reflexión inmediata o el intelectualizar al momento de la proyección; no, esto no ocurre con el cine de Iñárritu, la historia salta por sí misma para atraparte como si fuera un animal salvaje y tú tratas de defenderte como puedes: la realidad está expuesta y el protagonista eres tú.

Iñárritu y DiCaprio en el rodaje de "El Renacido"
Iñárritu y DiCaprio en el rodaje de "El Renacido"

Es cierto, la narrativa ha cambiado en las películas de Alejandro, de ser multiestructurales o historias convergentes, ahora cuenta sus películas en uniestructura de forma lineal. Esto ocurrió a partir de Biutiful (2010), la sórdida historia de “Uxbal”, el personaje principal que interpreta magistralmente Javier Bardem. Este reinicio de un camino evolucionado que nunca ha traicionado la esencia de Iñárritu, vino a ser la dulce venganza otorgada por Dios que recayó en la mísera soberbia de su otrora guionista de cabecera: Guillermo Arriaga. La abyecta postura de endiosamiento personal de este personaje llevó a Alejandro a la necesidad de escribir él mismo sus guiones y mira lo que son las cosas, ahora Iñárritu ha convertido esta faena en una de sus principales puntas de lanza de sus diversas labores como cineasta.

Y uno de los brillantes resultados de esta nueva tarea es la película leit motiv de esta crítica: El renacido, que viene a contar la historia de “Hugh Glass” (Leonardo DiCaprio), un explorador de principios del siglo XIX de las grandes llanuras americanas, cuyo trabajo principal era ser guía de los curtidores de piel, buscando las rutas que evitaran el enfrentamiento con los arikaras (pueblo nativo de América Septentrional, que habitaba al norte de Dakota).

Por un accidente que lo deja incapacitado físicamente (ya verán de qué se trata), “Hugh” se vuelve en automático una carga adicional para los curtidores de piel, quienes ante los inclemente factores naturales (frío, nieve y los accidentados caminos), deciden abandonar a su suerte al desvalido “Glass”. Además uno de esos hombres, “John Fitzgerald” (el estupendo Tom Hardy), le inflige una brutal herida emocional.

Tom Hardey en "El Renacido"
Tom Hardy
Ante su calamitosa situación personal de las circunstancias, “Glass” anida en su corazón el deseo unigénito del rencor: la venganza. Turbado por este sentimiento, “Hughcomenzará el asombroso camino que lo llevará de vuelta a la vida: “Tienes que luchar, mientras tengas un respiro en ti”, será el mantra del renacido “Hugh Glass” que lo mantendrá en una pieza. Esta frase tomará un interesante giro hacia el final, matizado por un acto que “Glass” decidirá por propia convicción.

Toda la interesantísima historia de “El renacido”  (como diría “El Chivo” de “Amores perros”), no hubiese sido tal, sin Leonardo DiCaprio, ya que él le otorga la exacta dimensión al personaje. Lo vuelve verdadero de tal forma que, como espectador, te reconoces (de alguna manera) en la tragedia que interpreta DiCaprio. En la caída hacia el abismo, tu ser engulle el encuadre como si fuera una parte de tu verdadera existencia, como si revivieras la realidad de alguna desdicha sucedida en tu vida, agolpando la emoción en tu corazón.

Leonardo DiCaprio ha sabido volver auténtica para nosotros la existencia de “Hugh Glass”, que no es más que el compendio del dolor humano en distintas expresiones, dadas las infinitas situaciones específicas de cada espectador, la lista interminable de circunstancias provocadas por la convergencia de los hechos.

Aunado a lo anterior, hay dos hechos cinematográficos insoslayables en este metraje de Iñárritu: para empezar, la fotografía de Emmanuel “El Chivo” Lubezki. Previamente reconocido a nivel internacional por películas como “La princesita”, “Sleepy Hollow”, “El nuevo mundo”, “Hijos de los hombres”, “El árbol de la vida”, “Gravity” y “Birdman”, “El Chivo” ha sabido ganarse un lugar a pulso como uno de los mejores fotógrafos del cine contemporáneo y su participación en “El renacido” no podía ser de otra forma que no fuera rayando lo sublime y la perfección. Su fotografía permite al espectador vibrar el sentimiento de la naturaleza, de lo agreste que es, de lo implacable que es. 

Leonardo DiCaprio en "El Renacido"
Leonardo DiCaprio
En sus propias palabras: “Desde el principio queríamos que la película fuera muy sumergible y muy visceral. Al estar haciendo pruebas nos dimos cuenta que los lentes muy amplios nos permitían adentrar a los espectadores y colocarlos en medio de la acción” (tan sólo los minutos iniciales del film te dejarán sin aliento, créeme).

Además todo esto se complementa con el apartado de los efectos visuales. A cargo de Richard McBride la escena que tendrán que descubrir por ustedes mismos, es sencillamente espectacular: llena de hiperrealismo que impacta al corazón y nos lleva a pensar cuál será el siguiente paso de estos tremendos artistas del efecto visual.

Y para Alejandro González Iñárritu: estás en tu mejor momento. Lejanas quedaron aquellas épocas en que te escuchaba por el 96.9 de frecuencia modulada en Ciudad de México y disfrutaba de tu grave elocuencia musical. Siempre distinto, siempre abocado a lo tuyo, sin traicionarte, llegaste al mundo del cine para dejar marcado un camino irrepetible por nadie más, porque eres único, capaz de sacudirnos hasta la médula como sólo tú lo sabes hacer y con “El renacido” duplicaste este efecto. Eres grande, cineasta: ¡Abba Eli por ti, Alejandro!


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