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28 de diciembre de 2015

Crítica de El Desafío (The Walk), de cuando Joseph Gordon-Levitt hacía equilibrios

Si acaso quieres volar, piensa en algo encantador...volarás, volarás, volarás.

Crítica de "El Desafío" (The Walk)

No hace mucho que regresamos del futuro que Robert Zemeckis, nuestro propio Julio Verne cinematográfico, predijo unos cuantos años atrás. Muchas cosas se habían cumplido, pero le fallaron algunos detalles. Ni skates ni DeLorean voladores. Había que buscar una solución. ¿Cómo hacernos volar para compensar esos fallos profético-temporales? Pues ni más ni menos que regresando al pasado. A 1974. Unos once años antes de que naciera Marty McFly. Para contarnos El Desafío (The Walk), la historia de un hombre que consiguió volar y que, aún hoy, sigue caminando entre las nubes. El sueño de fundirse con el espacio, realmente, se ha cumplido.

Habrá escépticos que lo duden y habrá valientes que se coloquen las gafas 3D y tengan que taparse los ojos para que no se los salten con objetos punzantes en caída libre, y para no sentir el vértigo de verse colocados en una viga a más de 400 metros. El miedo a las alturas está servido. Las manos sudorosas también. Así no hay quien agarre la pica para mantener el equilibrio…

Emocionante desde el arranque. Feliz y soñadora hasta el final. Al llegar los créditos finales de El Desafío, cualquier objetivo, por inalcanzable que sea, parece mucho más cercano. Si algo consigue Joseph Gordon-Levitt con su genial Phillipe Petit es empujarnos hacía nuestras metas más imposibles. Trasmitirnos esa “Alegría de vivir” que el propio equilibrista francés, en desacuerdo con varios aspectos de la película (el título, la sangre del pie, el final…), reconoce ver en el trabajo del actor. ¿Miedo? No: ARTE. 

Joseph Gordon-Levitt y Charlotte Le Bon en "The Walk" (El Desafío"
Joseph Gordon-Levitt y Charlotte Le Bon

Pero como bien dice el personaje de Ben Kingsley, lo más importante son los tres últimos pasos. Hasta que no se llega al final el peligro está presente. Y uno de esos pasos es la música. Tenemos al habitual de Zemeckis, Alan Silvestri. Escuchamos metal para las grandes torres. Cuerdas para el cable. Jazz para la ciudad y las maniobras ilegales de los “cómplices”. Genial e inteligente planteamiento. Pero también escuchamos un absurdo Para Elisa de Beethoven y ciertos momentos excesivos en los que el silencio de las nubes era lo único que deberíamos escuchar. Cierto es que Petit asegura: «Ese momento en el que me detengo, el actor se detiene sobre el cable. Si recuerdo el instante, me acuerdo de que en mi cabeza sonaba música clásica, es increíble como Zemeckis ha podido recrear eso sin que yo se lo dijese». Pero hay mejores formas de insertar esa música que un personaje escucha en su cabeza sin dejar de escuchar y sentir el total silencio de lo sublime. 

El vértigo se apodera del espectador en "The Walk"

Pese a todo. Pese a que no alcanzará la gloria del oscarizado documetal Man on Wire de James Marsh (con el que tiene en común el planteamiento). Pese al ridículo doblaje en español. Y pese a la curiosa forma que Zemeckis ha elegido para contarnos la historia, con el protagonista encaramado en la corona de la estatua de la Libertad. Viendo El Desafío es imposible no quedarse pasmado ante la altura de las extintas torres y salir con la sensación de haber cumplido un sueño: “hasta que no deje de caminar por el suelo, no dejaré de caminar por el cielo”. Palabra de Phillipe Petit.

Valoración: 7.5 / 10

Director: Robert Zemeckis
Reparto:  (atentos al parecido con los protagonistas reales) Joseph Gordon-Levitt, Ben Kingsley, Charlotte Le Bon, James Badge Dale, Cesar Domboy, Clement Sibony, Benedict Samuel, Vittorio Rossi, Ben Schwartz, Steve Valentine, Mark Camacho.
Género: Basado en hechos reales.
Duración: 124 min.



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