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15 de noviembre de 2015

SEFF 2015. Secuencia 5: Afterthought. Y sube, y sube, y sube...

INT. CINE SUR NERVIÓN – DÍA


VOZ DE MI CONCIENCIA
Creo que esta no era la película que yo pensaba. ¿Me he equivocado de sala?

OJO DERECHO
Yo me he fijado bien en el número. Pero en ocasiones el programa nos depara sorpresas. Un fotograma confuso, una lectura rápida de la sinopsis, las prisas, la indecisión…nunca sabe uno con qué película se va a topar en un festival.

Las mañanas son oscuras dentro del cine. Hay películas que consiguen que haya tanta luz como en el exterior. Otras, de lo tristes, lo hacen todo aún más negro. Afterthought, del director israelí Elad Keidan, se queda en la penumbra. En el medio de esas escaleras que suben y bajan sus personajes.

Unos vienen y otros van. Unos suben y otros bajan. Al final, ya lo cantaba Julio Iglesias, la vida sigue igual. Todo consiste en eso, en un hombre que sube y otro que baja las eternas escaleras de la ciudad de Haifa. Una ciudad que más que una ciudad es un peldaño perenne. Un lugar no apto para mayores de 60 años, sillas de ruedas, escayolados temporales, enfermos del sistema respiratorio, cardiacos, hipertensos y vagos por naturaleza. Eso sí, la curiosidad del viajero potencial está servida y el director lo sabe perfectamente desde la secuencia inicial hasta el último minuto. No hay rincón de la ciudad ni faceta de su vida y su cultura que no aparezca retratada, sonora y visualmente: estaciones populares de radio, conversaciones telefónicas y en diferentes lugares y espacios, tiendas, bares, transportes, mercados en plena calle, gente, hombres, mujeres y niños. Todo, absolutamente todo, está a disposición del espectador. Más que una entrada de cine, lo que paga el espectador es una ruta turística.

¿La historia? En un segundo plano y embarrada por momentos, lo menos, surrealistas ¿un trío de hombretones cantores a capela? ¿Un niño que se confunde de abuela? ¿Una crítica social repentina e inconexa en una librería? ¿De nuevo gente cantando sin venir a cuento? ¿Una chica con complejos de lanzadora de macutos? El matrimonio del que sube y los sueños literarios del que baja se difuminan con cada escalón. Hacia la mitad ya pesan tanto que las escaleras, y el metraje, se hacen infinitos.

Tres premios de la Academia de Cine Israelí: sonido, edición y guión. Con los dos primeros estoy de acuerdo. El tercero, mejor dejarlo a mitad de las escaleras.


OJOS
Otra cosa no, pero ver, hemos visto la ciudad enterita

OJO IZQUIERDO
Yo me quedo con Itay Tiran, la versión israelí de Joseph Cotten.

VOZ DE MI CONCIENCIA
Mañana tendremos agujetas.

¿A alguien le queda la sombra de una duda?

(CONTINÚA)

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