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20 de septiembre de 2015

Día 2 en el Festival de San Sebatián. Capítulo I: SICARIO.

El segundo día del festival de San Sebastián (19 de setiembre) empieza como termino el primero, con Truman. El director: Cesc Gay, los actores: Ricardo Darín, Javier Cámara y Dolores Fonzi; y una charla sobre emociones, equilibrio, amistad y respeto, adjetivos en los que todos coincidieron al hablar de la película:


Darín y las emociones: “Estábamos permanentemente en carne viva. Con los sentimientos a flor de piel. Tienes que lidiar con las emociones. Encontrar el punto para no caer en el pantano emocional”.

Cesc Gay sobre equilibrio: “Los dramas no me gustan. Siempre hay que balancear las cosas. Hacer la película un poco amable. Si frivolizas demasiado algunos momentos no está bien. Y si profundizas, tampoco. Estaba todo el rato cruzado una línea”.

Javier Cámara, la amistad y el compañerismo: “Admiro mucho a Ricardo. Genera un ambiente de trabajo muy divertido. Ha sido un viaje precioso”.

Dolores Fonzi y el respeto: “Es una película que habla de libertad. De decidir sobre la propia vida. Como vivir y como morir. Lo más difícil de mi personaje fue asumir el rol de quien no comprende la decisión de alguien cercano”.

Y el ganador a la mejor respuesta de todas, Darín: “No son personajes tan lejanos. Mi personaje es actor. Yo también. Es argentino. Yo también. Se va a morir. Yo también. Encontré muchos puntos en común”.

Y así podríamos haber seguido de no ser porque lo último de Denis Villeneuve estaba a punto de empezar al otro lado del puente del Kursaal. ¿Quién puede perderse una película del director de Incendies y Prisioneros? Yo NO.


Con antecedentes tales es imposible resistirse. Ir a ver al director canadiense es  dejarse la piel en la butaca. El agotamiento nervioso por tensión mantenida está garantizado. De Sicario no esperaba menos. Casi ni podía esperar.

Siempre rodeado de buenos actores. Esta vez: Benicio del Toro, Josh Broolin y Emily Blunt. Un trío cuyos personajes, como todos los de Villeneuve, son personas reales que caminan constantemente por la línea que separa lo moral de lo inmoral, donde el punto de equilibro, el elemento que empuja hacia uno u otro lado, es la familia. O al menos es así para uno de ellos. El resto, de una forma u otra, sufre las consecuencias de esa conducta. Personajes que encarnan, según el director: “la confrontación de dos puntos de vista”.

Uno, el de Emily Blunt, repitiendo película de acción, aunque bien diferente, tras Al Filo del Mañana (Doug Liman, 2014), una policía “entre tímida y fuerte”, que observa en silencio y casi impotente lo que ocurre a su alrededor. Otro, el de Brolin y del Toro, Éste último de nuevo metido en el lío de las drogas, un tema sobre el que divaga y divaga sin freno: “La mayoría de las películas que he hecho tienen que ver con este tema. Pero los latinos que son protagonistas de estas historias no son todos iguales, y yo trato de darles una individualidad. Ya sea el malo o el bueno. Trato de hacerlos distintos. Éste era un personaje original a mi colección de películas de narcotráfico”. No lo encasillemos, pues.


Siempre buscando una atmósfera opresiva, ácida, mediante una fotografía fría y nítida, y unos paisajes amenazantes. En Incendies fue el Líbano. En Prisioneros el bosque, la lluvia, la niebla. En Enemy la ciudad. Sicario se marcha a México, a Juarez. El desierto, la miseria, la violencia dura y seca.  
Siempre una música tensa y angustiosa. Repite con Johann Johannsson, que vuelve al estilo de Prisioneros tras la premiada La Teoría del Todo (James Marsh, 2014). Sin aquella continuidad enervante de inquietud perenne, se limita esta vez a contener la respiración, como la propia protagonista, para explotar en los momentos clave, dando dimensión a las descomunales operaciones policiales con un atronadora percusión, unas cuerdas graves entre lo chirriante y lo disonante, y una electricidad intensa.

Es Villeneuve. De nuevo, como ocurría con Amenábar, no el mejor. Pero su estilo es inconfundible. Quizás los personajes estén individualizados hasta la caricatura en algunos aspectos y el narcotráfico no sea la mejor opción (aunque según Benicio del Toro: “Estas películas de drogas vienen de la tradición del cine de utilizar la realidad para contar historias. Las películas de narcotráfico utilizan lo que está sucediendo a su alrededor. Se nutren de ello. Pero a diferencia de lo que contaba el cine negro de los cuarenta, lo que cuentan estas películas aún está ahí. Empezamos con Easy Rider, Scarface…”). Pero sobre todo, lo que se echa de menos, es uno de esos finales que te dejan…simplemente te dejan, y allá tú, tu imaginación y tus pensamientos.

Valoración: 7 / 10


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