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19 de diciembre de 2014

Crítica de "Noche en el Museo: El secreto del Faraón"

Una gran aventura que disfrutaran los pequeños y los adultos.

Noche en el Museo 3: El secreto del Faraón

Esta cinta pone punto y ¿final? a una historia que ha divertido a muchos durante los últimos años. En ella conoceremos el secreto que hace que las figuras de cera del Museo de Historia Natural de Brooklyn cobren vida por las noches y conviertan la guardia de Larry Dale (Ben Stiller) en toda una aventura. Originalmente, la idea de esta trilogía puede pensarse que va dirigida a los niños especialmente, pero lo cierto es que cualquier mayor que no haya perdido al niño que lleva dentro también puede disfrutarla sin problema. Personalmente solo he visto la primera entrega y esta tercera, la segunda no, pero cuando pueda lo haré. Como decía, es una película muy divertida y entretenida, de esas que suponen pasar una tarde muy agradable en el cine, con unos personajes entrañables y a los que se les acaba cogiendo cariño. Admito que unas pocas lágrimas han resbalado por mis mejillas al ver de nuevo a Robin Williams en su personaje de Teddy Roosevelt. Enseguida han acudido a mi memoria mis numerosas tardes de risa con la que es, para mí, su mejor obra: Sra. Doubtfire.

También ha sido genial poder ver de nuevo al gran Dick Van Dicke, al que todos recordaremos por Mary Poppins, pero le recuerdo por otro lado en una serie muy interesante de los años noventa llamada “Diagnóstico: Asesinato” en la que interpretaba a un médico que ayudaba a su hijo policía a resolver crímenes; su hijo en la serie y en la vida real, Peter Van Dicke. Pues aquí le tenemos interpretando a C.J, el antiguo guarda nocturno del museo que se jubila cuando llega Larry. Otro secundario de lujo que hizo aquí su última aparición antes de fallecer, Mickey Rooney, al que recordaremos por “Desayuno con Diamantes”, y que aquí interpreta a un personaje al que desconozco pero que debió tener su importancia en la segunda entrega de la trilogía. Y no podemos olvidarnos de Owen Wilson, amigo personal de Ben Stiller, que siempre que tiene oportunidad aparece en algún proyecto de su colega, aquí repite en su papel del cowboy en miniatura Jed.


Noche en el Museo: El secreto del Faraón
La tropa del museo busca aventuras...

No recorreríamos bien esta aventura sin mencionar al simpático tiranosaurio Rexi que se comporta como un perro, o al tierno capuchino Dexter. Y es que todos participan en una misión importante de la que dependen sus propias vidas, pues la tabla de oro que pertenece a Akmenrah se está deteriorando. Una masa verde comienza a volverla corrosiva, afectando a las figuras del museo. Larry debe llevar su investigación al Museo Británico de Londres donde está la mayor colección egipcia del mundo, y allí, Akmenrah se reencontrará con su progenitor, el Faraón (interpretado por Ben Kingsley, que parece haberse aficionado a papeles secundarios). El Faraón entonces revela que un antiguo hechizo dota de vida a esa tabla y esta a las figuras, y que si la misma se destruye, la vida de las figuras del museo se apagará para siempre. Es aquí donde comienza la aventura en este film con algunos gags memorables (uno en el que interviene un personaje sorpresa que no revelaré) y además esta cinta no se limita a contarnos un relato de aventuras, pues quiere ir mucho más allá, para hablarnos sobre lo que significa tener una buena vida, como bien dice Jed:Somos figuras de un museo, la gente viene a vernos y aprenden un poco. Para nosotros, eso es vivir”. Igual que para el hijo adolescente de Larry, vivir significa dedicarse a la música, a pinchar en Ibiza. Se trata de que busquemos aquello que nos hace más felices y luchemos para conseguirlo.

Un buen mensaje dentro de una película estupenda para los niños, y para aquellos no tan niños. Ahora que vienen las Navidades, estaría muy bien darse una vuelta por este particular Museo.



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