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29 de septiembre de 2014

Crítica de "Los niños salvajes", de Patricia Ferreira [Encuentros con el Cine de Santa Cruz de Tenerife]

La directora madrileña Patricia Ferreira estuvo en el Teatro Guimerá de Santa Cruz de Tenerife el pasado 16 de septiembre, dentro del espacio Encuentros con el cine que organiza Digital 104, y que estuvo moderado en esta ocasión, por Isabel Castells, profesora de Lengua y Literatura de la Universidad de La Laguna. Todo ello al propósito conocido de estrenar una película española, traer a su artífice y debatir con él tras la proyección. El largometraje elegido fue Los Niños Salvajes. 

Crítica de "Los niños salvajes", de Patricia Ferreira

Patricia Ferreira tiene una trayectoria considerable que combina las labores periodísticas con la crítica de cine y la escritura de guión y realización de cortometrajes, documentales y largometrajes. De ahí que se tome como un reconfortante desafío documentarse y contrastar la información acerca de sucesos, profesiones y situaciones que va a filmar. Ese empeño tiene como consecuencia una autenticidad y honestidad en sus propuestas, bastante reconocibles. Ha sido directora de informativos en TVE (estudió periodismo) y crítica de cine en la revista Fotogramas, antes de dar su salto al séptimo arte.

De dicha formación, se comprende que para Los Niños Salvajes, Patricia Ferreira haya elegido un estilo periodístico, dinámico y detectivesco, con algunos saltos temporales, que rezuma un deliberado desorden cronológico. Dentro de esos cánones, las piezas de la narración encuentran su conexidad hacia el final de la propuesta. Ferreira expone los hechos, y deja un final deliberadamente abierto. En palabras de la propia directora: “no pretendo dar explicaciones. Déjense llevar… y que cada uno saque sus propias conclusiones”.

Con Los Niños Salvajes, Patricia Ferreira parece alejarse del marcado tono de thriller de dos de sus propuestas, Sé quien eres (España-Argentina, 2000), una trama político-sentimental con algunas dosis de suspense y El Alquimista impaciente (España, 2002), sobre la investigación a raíz del hallazgo del cadáver de un joven ingeniero de una central nuclear. Sin embargo la estructura del guión de Los Niños Salvajes, cuya escritura comparte con Virginia Yagüe, apuesta por un leve giro hacia el thriller, principalmente hacia la parte final, a través de la concreción del origen de ciertos interrogatorios de los tres jóvenes protagonistas, que se visualizan de modo fragmentado a lo largo del filme, pese a tratarse de una película marcadamente social.

Patricia Ferreira  en los Encuentros con el Cine de Santa Cruz de Tenerife
En ese sentido, Los Niños Salvajes está más emparentada con Para que no me olvides (España, 2005), el tercer largometraje de Ferreira, también escrito por Yagüe, que narraba una historia familiar donde una madre no entendía que su hijo se fuera a vivir con una joven socialmente inferior. Su abuelo (un inmenso Fernando Fernán Gómez) actuaba de manera cómplice con su nieto. La intolerancia e incomprensión del joven que se atisbaba en aquella película, es el eje central de Los Niños Salvajes.

Los Niños Salvajes es una película muy sutil, cargada de diálogos muy cotidianos, que funcionan razonablemente bien. Sin duda fue un acierto que, al filmarla en Barcelona, con actores catalanes, esté hablada en castellano y catalán, pues el naturalismo y realismo de los diálogos y situaciones, cobra fuerza en el idioma natural de actores y personajes, como es lógico. Según la directora, fue una propuesta que vino de la producción, y que a ella le pareció acertada.

La acción comienza de noche. Un grupo de jóvenes ataviados con ropas oscuras avanzan furtivamente por una calle. La Steadycam o cámara en mano parece uno más entre ellos. Son jóvenes grafiteros. El título de la película aparece sobre la pared donde, en unos cuantos planos, provistos de sus aerosoles, realizan una enorme pintada en una pared.

La película no pretende ser un retrato del universo grafitero. Hay algunos largometrajes y documentales bastante ilustrativos al respecto, pero da que pensar respecto al interés de uno de los jóvenes protagonistas del film de Ferreira por expresarse a través del aerosol. Baste decir, que el graffiti como arte (habrán muchos que no estén de acuerdo en esa definición), como forma de expresión, comprende no sólo el análisis de los elementos léxicos y visuales (la parte más obvia del mensaje). Es una experiencia que tiene un enorme componente de constituir un crisol de circunstancias temporales y espaciales. La localización geográfica, el momento vital de la persona, la influencia social, los acontecimientos políticos y culturales del entorno, etc, definen aquello que la pieza artística transmitirá al espectador, a través del uso de letras, palabras o dibujos. Ese conglomerado de circunstancias le darán a esa forma de expresión un significado único, que será radicalmente diferente del que tomarán, expresados bajo otro conjunto diferente de condiciones.

Patricia Ferreira  en los Encuentros con el Cine de Santa Cruz de Tenerife
Patricia Ferreira

A partir de ese comienzo nocturno, la película propone un recorrido compartimentado pero, a la vez, como parte de un todo armónico, de la vida de tres jóvenes, Alex, Gabriel y Oki, de distintos estratos sociales, a los que veremos en un instituto, en su vida doméstica, con sus padres (los tres se consideran incomprendidos por sus progenitores), como se conocen entre ellos y se van creando lazos de amistad a primera vista inquebrantables. Paralelamente, aparecen a lo largo del metraje algunas secuencias donde cada uno de los jóvenes declara ante la policía y una comisión judicial (de la jurisdicción de menores) por un hecho que, intuimos, ocurre en un momento determinado y no conocemos sus circunstancias concretas hasta el final.

Álex, interpretado por Álex Monner (uno de los protagonistas de la serie Pulseras Rojas), es un joven difícil, que transita el instituto, con fama de conflictivo y de ausencia de interés por las clases. Realiza grafitis nocturnos como forma de expresión, de canalizar su ira, y sus inquietudes. Quiere ir a Amsterdam y estudiar allí el arte del Grafiti. Apenas se entiende con su padre. Con su madre un poco más. Álex le dice a sus padres que, de momento, reparte publicidad y le pagan bien, y que por eso no tiene interés por el instituto. Por supuesto su padre se indigna y le recuerda que él y su madre se rompen el lomo trabajando en el bar para que él estudie. La percepción de Álex de su padre es que no le entiende porque está estresado. La incomunicación es casi absoluta.

Gabriel (Albert Baró) es un joven que practica el arte marcial de kick boxing. Su padre fomenta el entrenamiento del joven en su gimnasio, y lo alienta para entrenar duramente y presentarse a campeonatos. Es bastante duro con él. Su madre (la actriz Montse Germán), al contrario es muy cariñosa con él, pero tampoco termina de entender lo que el joven pide a la vida. Al no dejarse aconsejar por el entrenador, el padre lo retira de la competición. Gabriel descubre a su padre engañando a su madre con una joven que transita el gimnasio.

Patricia Ferreira  en los Encuentros con el Cine de Santa Cruz de TenerifeLaura (Marina Comas, la joven protagonista de Pan Negro), a la que le gusta que la llamen Oki, tiene unos padres desahogados económicamente. La madre trata de que ella se alimente de manera saludable, que tome vitaminas, zumos, fibra, etc. Ella, como acto de rebeldía, cuando su madre se va al hospital donde trabaja de enfermera, se coloca sus cascos y saca una pizza del congelador. Su padre es bastante rígido, por un lado le exige que estudie y la castiga cuando suspende, pero por otro premia, de un modo desproporcionado, el simple conato de esfuerzo. Los padres de Oki suplen el cariño que deberían darle, a través de regalos materiales.

Los tres jóvenes van a hallarse en un momento determinado al borde del abismo emocional, respecto a sus padres, y a su entorno. Cualquiera de ellos puede haber sido autor de un hecho terrible, que desata una investigación policial y judicial, y el interés de los medios de comunicación.


La directora muestra con mucha habilidad esa desolación que pueden sentir los jóvenes en una sociedad como la nuestra, que, de alguna manera, los ha dejado de lado, que en numerosas ocasiones los despacha tildándoles de delincuentes, vagos, desprovistos de valores, pero que deben reintegrarse en la comunidad de la que forman parte. La actitud de los padres en ocasiones no está a la altura de la tarea. En un momento de la película, la madre de Álex le comenta a la educadora-orientadora Julia (Aina Clotet) que su hijo no tiene suerte en la vida y está acostumbrado. Ella tiene claro que un día llegará a casa y su hijo no estará y que entonces será también un problema “vuestro”.

Fotográma de la película "Los Niños Salvajes"


La película, que se inspira ligeramente en un hecho real que conmocionó a la opinión pública española, las historia del joven José Rabadán, de 16 años, que, provisto de una katana que le había regalado su padre, mató a sus dos progenitores y a su hermana pequeña, con síndrome de Dawn, en Murcia el 1 de abril de 2000, funciona muy bien a nivel de diálogos e interacción de los personajes. Destacan secuencias como aquellas que retratan a los tres chicos conversando de un modo natural, donde, por ejemplo Oki dice que Gaby es como Superman, “le pones la capa y vuela”, para luego rematar diciendo “pero a veces no funciona”. Álex le pregunta a Gabi “¿siempre es así de chula?”; o la escena que comparten los tres chicos en el centro comercial de madrugada, donde furtivamente pasean, charlan, pintan, comen helado, hablan por el altavoz anunciando a unos padres imaginarios que han perdido a sus hijos, y finalmente huyen del guardia de seguridad que está a punto de coger a Álex porque ha apurado el tiempo al máximo para dejar su grafiti, señal de que “ha estado allí”. La suma de estos instantes, ponen de relieve el esfuerzo de la directora y guionista en el preciso retrato de estos tres jóvenes.

Sin embargo, ello no le hace descuidar al resto de los personajes. La secuencia del claustro de profesores, donde deciden retirarle el aval del centro a Álex, al haber agredido a un profesor por defender a Oki, resulta muy natural. De hecho, es la secuencia más redonda de toda la película. Vemos en dicho claustro todo el espectro posible de profesores, desde la mencionada educadora-orientadora Julia, que acaba de llegar, un tanto obsesionada con que Álex salga adelante, hasta Vincenç (al que los niños llaman Bacterio), el profesor agredido, que se opone a que se “premie” a un alumno conflictivo como Álex, por el hecho de que parece estar mejorando, porque ello desincentiva a los alumnos que son nobles y trabajadores de por sí. Cuenta la realizadora que grabó a un grupo de profesores en un claustro, que recreaban una situación real, y a partir de ahí se escribió la escena que vemos en la película y que suena tan natural. Para su rodaje, Patricia Ferreira afirma haber hablado privadamente con cada actor que desempeña su papel de profesor o educador, y les cargaba a cada uno de los actores, con sus razones o motivos, para que en la escena conjunta todos fueran vehementes en sus respuestas.

Filmada en cinco semanas, en localizaciones en Santa Coloma de Gramanet, municipio de la provincia de Barcelona, su rodaje tuvo cierta complejidad, al estar ambientadas numerosas secuencias en la noche. Secuencias como la pelea nocturna de un grupo considerable de jóvenes, requirieron muchas repeticiones de tomas, en distintas posiciones de cámara. En su estreno en el  Festival de Cine Español de Málaga,Los Niños Salvajes consiguió los galardones a mejor película, mejor guión, mejor actor de reparto (Àlex Monner) y mejor actriz de reparto (Aina Clotet). Además, estuvo nominada en los Goya en las categorías de actor y actriz revelación y canción, logrando igualmente el Premio Gaudí al mejor actor para Àlex Monner.

Los Niños salvajes constituye un muy valioso retrato juvenil, con ecos de Truffaut y su maravillosa Los Cuatrocientos golpes (Les Quatre cents coups, Francia, 1959).



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