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26 de abril de 2014

El Señor, un mediometraje que te hará vibrar

Mediometraje "El señor" de Juan Cavestany
“El Señor” es un mediometraje de Juan Cavestany protagonizado por Luis Bermejo, Paloma Mozo y Tino Martínez. Se trata de una historia cotidiana y sencilla, sobre las “extraordinarias aventuras” de un señor viviendo su día a día.

La cotidianidad es un elemento fundamental de este film, el señor lleva a cabo una serie de rutinas diarias que le darán un nivel expresivo tremendo. Pasan los minutos, pasan los días y en poquísimos fotogramas el espectador sabe que está viviendo otro día, otro día igual, ya que se repiten las mismas imágenes una y otra vez, pasando de unos fotogramas a otros muy rápido creando en nosotros precisamente eso, un concepto de rutina. Pero su rutina y su cotidianeidad no es la misma que podríamos esperar ya que a pesar de lo que pueda parecer leyendo la poca información que hay en la web sobre este mediometraje, dos elementos fundamentales harán que este llegue al espectador hasta hacerlo vibrar desde el segundo cero: el silencio y la soledad. Este señor no es más que un señor normal y corriente, sin embargo, está solo, siempre solo, durante los 40 minutos en los que se suceden los fotogramas prácticamente no hablará con casi nadie, y la palabra amigos o familia no están en su vocabulario.

el señor trabajo
El Señor en su trabajo, también solo.
El metraje nos presenta una muy buena reflexión sobre ese sentimiento que nos atormenta durante toda nuestra vida: la soledad. Ya de pequeños lloramos cuando se va nuestra mamá o nuestro papá, dejándonos solos en la habitación, al llegar la edad más adulta comienzan las desesperanzas y la búsqueda de otra persona que nos complete y con ellas, el temor, ese temor que viene acompañado de esos “No quiero morirme solo”. 

Lo que Juan Cavestany nos presenta en este mediometraje es una reflexión muy personal sobre este tema y esto se ve reflejado una y otra vez durante todo el film. Ya al inicio nos dará claras señas sobre la soledad del señor, cuando se prepara su propia fiesta sorpresa de cumpleaños en la entrada de su casa con muñequitos que lo esperan con los brazos arriba dispuestos a pasar una gran velada bailando al ritmo de la música. Este tipo de ejemplos se sucederán una y otra vez, este hombre está solo y la soledad le da miedo y lo atormenta hasta tal punto que en cierto momento intentará pedir socorro. 

el señor cocina
El Señor desayuna solo en su cocina
Sin embargo, Cavestany no se ha conformado con presentarnos la triste y amargada vida de un señor solitario, ha ido más allá, ya que en un momento dado del film comenzará a darnos claras señas de que no es que esté solo es que además lo dejan de lado cuando intenta acercarse a los demás, o simplemente, ni lo ven. La tensión es tal y el silencio tan sepulcral que en ocasiones nos dará miedo, despertará cierto temor en nuestro ser, haciendo que miremos a nuestro alrededor y nos aferremos a nuestra manta, nuestra mascota o incluso un peluche para sentir que nosotros no estamos solos. Y es que el miedo no siempre reside en los fantasmas o monstruos. Pasos en el piso de arriba, llamadas a la puerta sin respuesta y personas tremendamente raras danzaran en cada fotograma creando una sensación de desesperanza y haciendo que lo pasemos realmente mal por este señor, al que parece que solo prestamos atención nosotros. Pero por desgracia, solo podemos limitarnos a observar lo que hace y cruzar los dedos para no vernos en una situación parecida.

Solo me resta decir que si tuviera que elegir una sola escena del mediometraje esta seria la escena final y es que después de tanto sufrimiento por fin vemos un rayo de esperanza representado en dos manos que se rozan y es que el ser humano es un ser social y al final todos conseguimos encontrar a alguien que nos acompañe en la mayor aventura de nuestra vida, nuestra propia vida.

1 comentario:

Dr. Gonzo dijo...

Me encanta ese cine tan personal que hace Cavestany (en mi blog tengo un par de cosillas suyas comentadas), y especialmente me gusta la forma en la que, con cada nuevo proyecto, demuestra que para hacer cine no es necesario un despliegue técnico del copón ni un presupuesto millonario; basta con echarle imaginación y tener ganas y cariño.

Eso sí, El Señor no me terminó de gustar, aunque tengo que darle una segunda oportunidad. Con la que sí me lo pasé en grande fue con Gente en Sitios y Dispongo de Barcos.

Premio del Público

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