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Ya se puede escuchar al señor Oscar tarareando las melodías de sus bandas sonoras preferidas del año. Dentro de poco, el día 28 de febrero, solo cantará una de ellas ¿Le ayudamos a decidir cuál?


Los odioso ocho - Ennio Morricone


Una vez soñé que Morricone volvía a colocarse el sombrero. Ese día me desperté silbando. Pero los sueños, como la muerte, tienen un precio. El de darse cuenta de que todo ha sido eso, un sueño. Un western tras otro esperaba ver cumplidas mis profecías musicales. Nada de nada. Mi última esperanza era un western de Tarantino. En fin, no es original, pero tiene mucho de Morricone. Consuelo de tontos. Sin embargo, algo ocurrió que me dejó perpleja: Los Odiosos Ocho.

La primera vez fue un poco decepcionante. Pero, ¿Qué es esto? ¿Un motivo de metal y batería repetido durante siete minutos? ¿Una venganza de Morricone por tantos años de robo y uso indiscriminado de canciones? Lo dejé pasar y esperé a que estrenaran la película. Confianza ciega en el compositor italiano.

Por fin llego el día. Se encendió la pantalla y apareció un enorme e impresionante paisaje nevado. Órgano y celesta convirtieron la blancura de la nieve en un lugar siniestro y casi fantasmal. El mismo lamento de la muerte. ¿Qué clase de western tenebroso nos espera? Tras esta pequeña obertura, ahí estaba el tema susodicho. Otra vez esa repetición que tanto me había desesperado. Pero ¡Oh sorpresa! Junto con ese Crucificado de madera abandonado en medio de la nada y con la atmósfera creada por la obertura, la música era, no solo perfecta, sino ¡increíble! Sí señor, ya lo decía el David O. Selznick de Lo que el viento se llevó y elefantiasis varias: “no estás estrenando un concierto, estás estrenando una película”. Qué razón tenía.

Pese a que la música no era omnipresente, mis orejas activaron el modo antena parabólica durante las tres horas. El silencio era también digno de escuchar. El viento, que en el western siempre ha traído la soledad del desierto, nos recuerda continuamente la tormenta de nieve, preludio de la que acecha en el interior de la Mercería de Minnie. Pura música aterradora.

Cada vez que volvía a aparecer la música, excepto por alguna que otra canción estilo Tarantino, mis tímpanos se meneaban de felicidad. Esa historia en la nieve narrada por el Mayor Marquis Warren. Introducida por un “Noche De Paz” al piano, al modo de esas melodías anempáticas típicas del spaghetti, y concluida con la tenebrosidad dada por la sonoridad tema principal. Ese momento del café misterioso, escapando de la tonalidad tanto como como el tono Tarantino de este western se merece. Tema digno de película de terror, acorde con la sangría pertinente. La canción de Daisy. Y ese final…se merecía un solmene y super americano solo de trompeta.

La experimentación de Morricone, que por algo viene de la música experimental, llega esta vez por otro lado. No busques a Sergio Leone, busca solo aquella libertad y confianza que el director italiano le dio para componer sus spaghetti y pásalo por el colador de un western tan especial, gigantesco y americano como el de Tarantino. El plato podría llamarse: Sinfonismo experimental de terror en el Oeste nevado a la Morricone. Sírvase bien frío y acompañado de las imágenes.

Nunca le perdonare a la academia lo de La Misión… esta vez hay ocho personajes odiosos apuntando con una pistola. Y les encanta la sangre.



Sicario - Jóhann Jóhannsson


Hay que tener un control increíble y unos nervios de acero para entrar a ver una película de Denis Villeneuve. Las uñas se clavan en los puños, las butacas, el compañero de al lado y cualquier sitio que encuentren. El sudor chorrea por litros. Las cervicales sufren con la tensión acumulada más que las de un costalero en pleno jueves santo. Los ojos se secan de mantenerlos abiertos. No. No es solo el director canadiense el culpable. Parte de la culpa de nuestra neurosis es de la música de Jóhann Johansson. Ya nos lo hizo en Prisioneros. Estábamos avisados.

Fan reconocida de Villeneuve. Mega fan indignada de Prisioneros. Persona que con más ganas se levantó aquella mañana soleada del Festival de San Sebastián para ver Sicario. Por consiguiente, seguidora de Jóhannsson. Un compositor que lo mismo te sorprende con la positividad de La Teoría del Todo, que te trae estos sonidos de pesadilla de Sicario. Y cuando digo pesadilla no lo digo por decir. Escuchar el tema “The Beast” y pensar en un Tiranosaurio Rex sediento de sangre rugiendo justo encima de tu cabeza no es una locura. Es la pura verdad. Si por tiranosaurio entendemos una redada asesina en plena frontera mexicana.

Percusión y ritmo que crecen progresivamente en intensidad y volumen, y te dejan pelados los cables hasta que el corazón amenaza con salirse o explotar. No hay otra salida. O para la música o nuestro encefalograma. Repetición es la palabra clave. Y cuando aparece la orquesta, mezclada siempre en la sala de edición, es para rematarnos. Se acabó. Nadie sale vivo de la frontera.

Una frontera cuya marca definitoria es el desierto. Un paisaje inhóspito y amenazante que la cámara de Villeneuve sabe captar como nadie y que Jóhannsson convierte en un personaje más. Lo convierte en algo terrorífico con sus percusiones y sonidos electrónicos (que no sintetizadores). Lo hace un lugar a evitar, lleno de muerte y podredumbre. Pero también transmite su soledad y tristeza. Porque el tema “Desert Music” es, ante todo, un lamento de la naturaleza por la situación fronteriza.

No sé qué sería de Sicario sin la música. Tampoco podría decir donde quedaría la música de Jóhannsson sin la película a la que acompaña. Otro gran ejemplo, como el de Los Odiosos Ocho, de una banda sonora compuesta con total libertad por parte del compositor, y concebida como debe serlo la buena música de cine: música e imágenes a modo de pack indivisible. ¿Podrá el sonido de la frontera mexicana intimidar a los académicos?



Continuará...


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Una serie tras otra. No lo podemos evitar. Buenas, muy buenas, regulares y hasta las que parecen más malas pero te enganchan como ninguna. En mi caso, es como un buen trago de sangre fresca. La dosis de A positivo diaria es esencial. Lo confieso: soy de la generación Crepúsculo…no lo puedo evitar. Series sobre vampiros hay unas cuantas. Pero ‘True Blood’ tiene algo que otras no tienen: una buena banda sonora. Y no hablo de las canciones. Qué también. Sino de los temas instrumentales compuestos por Nathan Barr.

BSO True Blood

Las series, y menos en los últimos tiempos, no están reñidas con la buena música. Es más, muchos, sino la gran mayoría, de los compositores de cine empezaron su carrera en televisión. Jerry Goldsmith y John Williams, sin ir más lejos, compusieron sus primeros trabajos ataviados con botas y sombrero de cowboy en los seriales western de los 60-70. No hay mejor escuela que la pequeña pantalla. Y no hay mejor época para formar parte de ella que el siglo XXI.

‘True Blood’ es una serie curiosa. Absurda de pies a cabeza. Surrealista total. Mezcla de mitos variopintos, leyendas y fantasía. Al clásico idilio vampiros-hombres lobos-brujas, añade hadas, ménades, seres cambiantes, híbridos, sangreadictos…no hay criatura que escape a la imaginación de la escritora Charlaine Harris. No hay detalle más estúpido que otro, porque todos lo son. Y quizás por eso son tan magníficos. Porque aun sabiéndose ridículos, desde su ridiculez, consiguen engancharnos y chuparnos la sangre hasta dejarnos secos y con ganas de más.

A este estado entre hipnótico y atontado contribuye en gran medida la música de Nathan Barr. Tres son los temas principales que utiliza como leitmotiv durante toda la serie, y que desarrolla de diferente manera según vayan evolucionado los personajes y situaciones. Los tres tienen en común una misma sonoridad, anclada en la eternidad vampírica. Barr retrocede al tiempo en el que estos seres de la noche fueron creados y contextualiza sus temas desde una perspectiva totalmente musical, de modo que sus melodías nos transportan a un pasado en el que la humanidad todavía era algo posible. A ello contribuyen el violonchelo y el piano. A ello contribuye también la guitarra, como tradicional de la América del siglo XIX. Pero el uso de instrumentos más contemporáneos como el piano preparado, y estilos actuales como el minimalismo, nos llevan a comprender la nostalgia y melancolía de unas criaturas que no se sienten privilegiadas por su eternidad.

Destaca sobre todos el tema romántico
, cuyo parecido con el tema principal de ‘La Bella y la Bestia’ de Alan Menken nos recuerda que el amor entre un humano (bella) y un vampiro (bestia), es posible. Otro tema de amor, compuesto expresamente para un momento culminante, se puede escuchar en el episodio 10 de la tercera temporada. Más melancólico y profundo. Más triste si se quiere, e incluso más verdadero. Y hasta aquí puedo leer.


El segundo de los temas destacados es el alusivo a la familia: “Take Me Home”.
Aunque solo vamos a escucharlo de forma instrumental, es realmente una canción. Su sabor tradicional lo asocia perfectamente con el cariño. Con la adorable abuela, que en ningún momento deja de estar presente en la memoria. Con Sookie y Jason, hermanos tan diferentes como inseparables. Con Sookie y Tara, una amiga como si fuera una hermana. Con todos los habitantes de un pueblo colonizado por los seres sobrenaturales, cuya unión es más fuerte que su propia sangre, tan codiciada.


El tercero de los temas es más general, englobando las características de los anteriores (e incluso citándolos) y dando una atmósfera a la vez oscura y romántica a la historia. 


Junto a ellos, las canciones. Country, pop y rock, y rock aún más duro. Porque al fin y al cabo, la cosa va de monstruos, muerte y sangre. De esta parte se encarga el tema de entrada “Bad Things” de Jace Everett. No cantarla es imposible. 


Si después de escuchar la música, no te has olvidado de lo absurdo de la serie, es que todavía no te has convertido en vampiro.

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Érase una vez un cuento contado de otra forma. Érase una vez la fantasía. Bosques encantados. Horribles y tenebrosos. Mágicos y brillantes. Princesas con complejos de Juana de Arco y aires vampíricos. Madrastras malvadas de vida eterna. Príncipes encantadores que se quedan sin su premio. Cazadores con corazón de príncipe que en lugar de cazar corazones, son conquistados por otros. Siete enanitos y una manzana. ¿A qué te suena? Esa la historia que quiero contarte...

BSO de "Blancanieves y la Leyenda del Cazador"

Había otra vez, porque érase ya fue, un músico que cada vez que agarraba un instrumento, el mundo se hacía ensueño. Criaturas de abismo asomaban sus pezuñas entre las baldosas del suelo. Hadas, ninfas y personajes de cuento aterrizaban frente a él. Como un Orfeo contemporáneo, James Newton Howard, que así se llamaba el músico, congregaba a los seres imaginarios y les contaba una historia escrita en notas musicales. Cuando en su cabeza visualizaba un violín o un chelo, fieras, y no fieras, caían rendidas ante su encanto. Cuando veía un piano, los ojos se cerraban y las orejas se convertían en parábolas sónicas. Si eran las secciones de metal y percusión, aparecía el sobresalto. Los nervios se avivaban y todos se sentían luchadores. Así, día tras día, año tras año, el músico, trabajador eficiente donde los haya, inventaba nuevas historias para ser escuchadas.

Un día, un habitante de aquellos lugares llamado Rupert Sanders le regaló un cuento y le pidió que se lo contara con música. Que hiciera salir del papel a sus personajes. Que los hiciera hablar sin palabras. El músico, encantado y encantador, no tardó un segundo en decidirse.

Pintó en su cabeza una princesa. Al lado de ésta, un violín. Sí. Decidió que las cuerdas debían acompañarla en su encierro y su lucha. Su luz interior saldría a la superficie gracias al arco. No de Juana, sino de los violinistas. Como aquella ‘Joven del Agua’, sería una heroína melódica. El piano y las maderas del bosque le ayudarían a encontrar su camino. Lejos de jugar a ‘Los Juegos del Hambre’, su parecido con Katniss se quedaría solo en su fuerte imagen.

Luego dibujó a la madrastra. Se acordó de ‘Maléfica’. Bella como las más bellas. Malvada como el diablo. Triste en su interior, también podía regalarle unas cuerdas. Debían ser más graves. Pero era la maldad la que gobernaba su interior. Era muchísimo más oscura. Mucho. Ansiaba matar a la princesa para vivir eternamente. El poder. La belleza. Atronadoras percusiones y trompas ensordecedoras. “Te robaré el trono”. ¿Estás segura?

Charlize Theron como la malvada madrastra de Blancanieves

Finalmente, esbozó dos héroes. Un príncipe soñado y un soñador que no es príncipe. ¿Cómo hablarían ellos de la princesa? En su mismo idioma, pensó, pero más majestuoso y mágico. Porque a los ojos de ellos, la princesa es más que eso, es la luz que salvará el reino, la luz que invadirá sus corazones. Pero también hay tormentas. Ellos deben salvarla y tienen que luchar.

¿Y el resto de la historia? ¿Es que la contó en silencio? No. Todo lo que imaginó para sus personajes se extendió a sus tierras. Los árboles del bosque absorbieron las maderas y adoptaron las cuerdas y el piano. No como aquel ‘Bosque’ donde habitaban los miedos y cuya música era tan virtuosa que anonadaba, sino un poco más allá de la línea de la fantasía y los cuentos. Las luchas y guerras se quedaron con los aires marciales, esos cuyo volumen casi no dejaba escuchar el chocar de las espadas y el tintineo de las armaduras. La maldad se apropió de las leves disonancias. La oscuridad se hizo al fin en las manos del músico. La melancolía de la belleza, queriendo ser como la princesa, se apropió de sus cuerdas con un sonido más triste. Y la luz, la que finalmente salió vencedora, coronó el final con la mayor grandeza que pudo hacerlo. La princesa, de nombre Blancanieves, ahora podía hacer uso de todos los instrumentos, Porque era reina.



Si te ha gustado este post, no te pierdas el tráiler de "El Cazador y la Reina del Hielo"


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Ni Morricone, Ni Elmer Bernstein, ni Dimitri Tiomkin. El western de 2015 suena a Jay Kurzel.



Pocos géneros son tan dados a la experimentación como el western. Del primer western al último, el Oeste, siendo el mismo, es totalmente diferente. Su música también.

El western moderno presenta diferentes facetas musicales: mezcla de géneros (Cowboys & Aliens, Young Ones), innovación (Dead Man), minimalismo (Brokeback Mountain), uso de música preexistente (Django Desencadenado), vuelta a lo clásico (Valor de Ley, Mil Maneras de Morder el Polvo)…no hay nada que se le resista. No hay nada que nos haga olvidar donde estamos por mucho que nos desviemos del camino. El desierto es demasiado grande. El horizonte demasiado lejano. Las posibilidades infinitas. Como prometía el Oeste.

Jay Kurzel ha llegado a la ciudad. Ha abierto las puertas del saloon con un golpe seco. Ha mirado a los presentes sin ningún tipo de reparos:”Me gustan los retos”. Todos nos hemos visto obligados a soltar las armas, levantar las manos e invitarle a un trago. El australiano se ha ganado la estrella de sheriff hasta nuevo aviso.

Un director como John Maclain, antiguo componente de The Beta Band, músico, por tanto; tenía que poner especial atención a la música. Lo tenía muy claro. El crepúsculo del Oeste nunca ha necesitado grandes orquestas sinfónicas. La crudeza, la soledad, la violencia. Tan grandiosas por sí mismas. Cuanto más silenciosas, más desasosegantes. La fusión de culturas. América, Europa, África, Asia…la promesa del Oeste era universal. “John me dio dos direcciones muy específicas”, comenta Kurzel. “Quería algo que pudiera silbar y que estuviera en compás de ¾. Al igual que Jay, El vals es europeo, además, está muy en desacuerdo con la violencia del paisaje”. Así comienza esta nueva aventura del Oeste. Así comienza la aventura de Slow West.

Kurzel acogió esas directrices y las convirtió en suyas, sin influencias del género, sin referentes específicos. Buscó contar la historia de este escocés romántico que dispara a las estrellas y persigue un sueño en un entorno salvaje. Buscó la intimidad. El sonido de “un cuarteto tocando en una habitación”. Era el momento, la época, el sabor europeo. Los cuartetos de cuerda del romanticismo llevados al Lejano y Salvaje Oeste. Convertidos en: contrabajo, violonchelo, guitarra y mandolina. Sin más, y con poco menos que unos acordes persiguiendo al protagonista. “La crudeza de las pequeñas secciones”. La crudeza del silencio y la soledad tan solo roto por unas pocas notas que parecen romper ese sueño romántico. Un sueño que empieza y acaba con la muerte, como todo en el romanticismo. Como todo en el Oeste.

Ese vals errante, crepuscular y casi trágico, no viaja solo. En las infinitas distancias la soledad tiende a acercarse. En los inmensos paisajes del Oeste las culturas se funden como el aire con el calor. The Minstrel's Song, escrita por el mismo Maclean, Jupiter and Mars, Theme from The Orkestra of the Dead (quizás el más morriconiano), Mbanza Congo (“¿Te gusta nuestra música?”, preguntan los negros a Jay. “Sí. Me gusta mucho la canción”, responde el chico.”Es una canción sobre el amor”, le dicen. Jay, soñador: “El amor es universal, como al muerte”. Y el romanticismo llegó al Oeste), Aeolian Arietta…

Jay Kurzel sale del saloon. Saciado y orgulloso. La pistola en el cinto. La estrella de Sheriff en el pecho. El sombrero bien puesto. Pañuelo al cuello. Las botas bien calzadas. Espuelas afiladas y preparadas para cabalgar. No hay “Babadock” que le intimide, porque él es “son of a gun”.

Filomgrafía esencial de Jay Kurcel:
-The Snowtown (Justin Kurzel, 2011)
-All This Mayhem (Eddie Martin, 2014)
-Babadook (Jennifer Kent, 2014)
-Son of a Gun (Julius Avery, 2014)

Donde encontrar la bso de Slow West: edición de Lakeshore Records, a patir de mayo de 2015.



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La Banda Sonora Original de la vida de James Dean

James Dean no solo fue un gran actor, sino un gran soñador. Quería ser tantas cosas como vidas hubiera en el mundo. De escultor a hombre de negocios. De torero a piloto de carreras. De escritor a director de cine. Tenía empeño y unas capacidades de sobra conocidas. Lo que no tuvo fue tiempo. La juventud quiso conservarlo para siempre.

Entre todos esos sueños hubo hueco para la música. También pasó por su cabeza la idea de ser compositor. Intentó aprender. Uno no puede hacerlo todo. Pero nos dejó algo. Sin James Dean no habría un Leonard Roseman en el cine. Sin Leonard Roseman no existirían como tales: Viaje Alucinante (Richard Fleischer, 1966), Barry Lyndon (Stanley Kubrick, 1975), Esta tierra es mi tierra (Hal Ashby, 1976)…y por su puesto: Al Este del Edén (Elia Kaza, 1955) y Rebelde Sin Causa (1955, Nicholas Ray). Fue James Dean, como alumno y amigo, quien lo recomendó a Kazan. No se equivocó.

Jimmy con Leonard Roseman
Roseman era un compositor diferente. Había estudiado con Schönberg, escrito música dodecafónica y experimentada con la atonalidad. Su estilo distaba kilómetros del sinfonismo clásico y la tonalidad hollywoodiense. Pero también eran diferentes Alex North o Elmer Bernstein y el jazz llegó al cine para quedarse. Estados Unidos, años cincuenta del siglo XX y revolución artística, son todo una misma palabra. Leonard Roseman estuvo en el momento indicado y en el sitio adecuado a la hora perfecta.

Si nos paramos a observar de cerca a los personajes de James Dean, no nos extrañará tanto esta relación musical. Fuera de lugar. Más allá de las normas impuestas. Un sí pero no. Un signo de interrogación con chupa de cuero. Un eterno rebelde que en el fondo si tenía una causa. ¿Qué es el dodecafonismo? ¿Qué es sino la música atonal?


Al Este del Edén con Copland o Leonard Berntein, primeras opciones de Kazan, hubiera sido un clásico drama rural. Pero Roseman, sin dejar de lado el ambiente, reflejó el conflicto interno del protagonista mediante notas que, como Cal Trask, no encajan en la normalidad, dando a la película una mayor profundidad psicológica y moral. Lo mismo hizo en Rebelde Sin Causa, donde no solo se apartó de la tonalidad, sino que utilizó el jazz para mostrar la oscuridad de esos jóvenes perdidos. Quizás también del mismo Jimmy.

 

 

Un Jimmy que fue un “gigante”, y como tal terminó su carrera y su vida. Ya no hubo más Roseman. La amistad se fue alejando. Pero su último personaje, el Jett Rink de Gigante (George Stevens, 1956), cayó en buenas manos, musicalmente hablando. Dimitri Tiomkin, el ucraniano que más sabía del Oeste, compuso para él el tema más complejo de la banda sonora. De la tradición, del más puro sonido cowboy, a la orquesta del éxito. Del solitario e introvertido jornalero, al magnate del petróleo. Una evolución tan perfecta musical y narrativamente, como imperfecta en el sentido humano. Jett Rink mide los pasos de su nueva tierra. Sube al molino y observa su reino. Donde solo hay grietas, polvo y piedras, él ve riqueza, futuro. Una secuencia como resumen de una vida que en la realidad fue al contrario. Donde James Dean vio el vacío y la oscuridad, el resto del mundo vio, y seguirá viendo, una estrella con luz propia.



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La actual estrella del pop se suma a la larga tradición de cantantes que acompañan a James Bond en sus aventuras cinematográficas.

Writing´s on the Wall, de Sam Smith
Siguiendo la tendencia de incluir buenos temas musicales en sus filmes, la última entrega de la saga Bond ha fichado al artista Sam Smith para que ponga voz a la canción principal deSpectre, la nueva aventura del agente 007.

Así pues, el cantante de éxitos como “Stay with me” otorga la elegancia y solvencia necesaria para una saga como esta y nos ofrece “Writing´s on the Wall”, un tema que sin tener el gancho de canciones como el You Know my Name de Chris Cornell, conjuga la voz de esta estrella con el sabor característico de las bandas sonoras de James Bond.

Os la dejo por aquí y pese a que no es de los mejores temas de la saga (tenéis mas en el artículos de nuestros amigos de “El Solitario de Providence”), estoy seguro que entrará de lleno en las listas de éxitos y en los reproductores de los fans de Bond, Sam Smith y de la buena música en general. ¡Disfrutadla!



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Muchas veces descubrimos películas que parecen salidas de un desvarío cinematográfico. La mayoría por horribles. Algunas por extrañas. Unas por desconocidas. Y otras por misteriosas coincidencias. Cuando damos con una de ellas empezamos a verla con cierto temor. Hasta que los créditos se desvelan ante nosotros como un cofre del tesoro. Nunca hubieras pensado que aquel nombre aparecería en una película como esa…que ni siquiera sabías que existía.

Caso nº 1: Sonny (Nicolas Cage, 2002)


Si. No has leído mal. Nicolas Cage ha dirigido una película. Protagonizada por James Franco y con música del mismísimo Clint Mansell. ¿Miedo? ¿Respeto? Por un momento crees escuchar un réquiem. No precisamente por un sueño, sino por una pesadilla. Si continúas corres peligro de morir. Nicolas Cage, piensas. Dios mío. ¿Dónde me he metido? Entonces suenas los primeros acordes. No está tan mal. Acaba. Las cámaras debían darle la espalda al señor Cage. Mejor detrás del objetivo.


Una vez digerida y meditada, el conjunto cobra sentido. James Franco como un chico atormentado por su vida. Comenzando su colección. Clint Mansell poniendo música a una extraña situación con personajes fuera de órbita. Darren Aronofky lo inició en el oficio. Nicolas Cage…eso es un espediente X.

Pero vayamos a la música. Concisa, breve y funcional. Directa al fondo del protagonista: un chico que trata de huir del mundo de la prostitución en el que lo metió su madre. Unas notas para sus miedos, otras para el recuerdo, otras para el horror, y todas para la tristeza interior, la que nunca le abandona.

Nada de grandes orquestaciones. En la vida de Sonny no hay espacio para eso. La impotencia, la melancolía. Sentimientos de unos pocos instrumentos. Un piano y una simple melodía de estilo minimalista. Unas cuerdas que pulsen la compasión. No hace falta más. Y para esos momentos que rozan lo espeluznante, para la indiferencia e inexpresividad ante una anormalidad convertida en cotidiana, la música electrónica hace su trabajo. Junto a ello, arreglos de temas preexistentes que nos acercan al lugar, una Nueva Orleans; al momento, 1981; y al ambiente de la prostitución.

Clint Mansell dos años después de Requiem por un Sueño y ocho antes de Cisne Negro. Clint Mansell mucho antes de destrozar las salas con el volumen y el retumbar de la intensidad de Noé. Podría haber sido otro, pero fue él. Y es a él al que vemos detrás de las notas. No su mejor cara, pero una cara reconocible, respetable y dignamente lavada.

Se me ocurren otras opciones. Para la música. Phillip Glass. Algo más de orquestación y un piano más profundo. Para la dirección. En manos de Winding Renf hubiera sido todo neón, sonido eléctrico a todo volumen, temas anempáticos, y violencia, que no falte. En manos de Aronofky, más poesía, más metafísica, más surrealismo, más extremos sus personajes y con más espacio para el desarrollo de la música. Pero las manos fueron las de Nicolas Cage y la música la de Cint Mansell. Y el resultado fue éste. ¿La has visto ya? ¿Te atreves?

¿Dónde encontrar la música?: Edición de Citadel, año 2003. Incluye como bonus track un tema que no apareció en la versión final de la película.



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Tom Cruise Dancing Uptown Funk




Siempre he sido más de rock que de funky, pero en las últimas semanas, el tema “Uptown Funk” de Mark Ronson se ha colado entre mis canciones más escuchadas.


El motivo de ello es la mezcla de ritmos y la simpatía del tema que, junto a un divertido video musical está arrasando por la red, y ahora, gracias al genial trabajo de los chicos del “What´s the Mashup?”, la canción se entremezcla con una increíble selección de escenas de baile recopiladas entre más de 100 éxitos de la historia del cine.

El resultado, es una increíble mezcla de audio y video que hará que muevas los pies de forma inconsciente mientras alucinas con el genial trabajo de sincronización realizado.

Os lo dejo por aquí para que disfrutéis del montaje y de la búsqueda de los títulos que componen este estupendo y original mash-up.




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Siempre que hablamos de espías imaginamos a James Bond (cada cual el suyo). Siempre que imaginamos a James Bond, escuchamos la música de John Barry (o el tema de Monty Norman antes de ser arreglado por él). Siempre que creemos escuchar la música de John Barry, en cambio, no estamos viendo a James Bond. Paradójicamente, la música que acompaña las misiones de los agentes secretos no suele ser tan secreta.

Los agentes secretos se han quedado anclados en el tiempo: recuerdos jazz, con mucho metal y percusión, guitarras, dramatismo, y acción y tensión a partes iguales. Solo algunos han sabido dar un giro, aunque no de 180º, a la cuestión musical. Precisamente otro John: John Powell, en sus varios trabajos para la saga Bourne. Pero es difícil escapar a Bond. Nos tiene atrapados en un laberinto al más puro estilo pop art, en el cual habitan muchas Ariadnas (concretamente una por cada película), que no están dispuestas a dejarnos salir.

Javier Rodero ha aceptado el desafío de componer la música para nuestro agente secreto particular. Entrenado en los cortos y la publicidad, llegó al cine de la mano de, precisamente, Javier Ruiz Caldera, para el cual ha trabajado desde entonces: Promoción Fantasma (2012), Tres Bodas de Más (2013) y, ahora, Anacleto: Agente Secreto (2015). Sus misiones no son secretas.  Él mismo afirma que para este último trabajo ha utilizado: “instrumentación clásica con ranuras 'seventies', texturas sintéticas y bajos potentes”. Así de claro. Pero nosotros, como espías musicales, hemos querido indagar un poco más.



Remontémonos en el tiempo y en el espacio. ¿En quién se inspiró Vázquez para sus cómics? No solo en James Bond y todo el elenco de espías  sesenteros y setenteros, sino más concretamente en el Maxwell Smart de la serie de televisión Superagente 86 (1965). Pues bien. Escuchemos la música que Irving Szathmary compuso para la misma.  Al fin y al cabo…James Bond.

Volvamos al presente. Referencias de Javier Ruiz Caldera para Anacleto: Sin Perdón , La Última Cruzada, Mission: Impossible, Lalo Schifrin), Jungla de Cristal, Mentiras arriesgadas… lo que musicalmente hablando se traduce en: Lennie Niehaus, John Williams, Lalo Schifrin, Michael Kamen y Brad Fiedel. Dejando la tendencia jazz del primero, quitando al segundo, y manteniendo el resto. James Bond de nuevo.

¿Y qué hay de sus contemporáneos? Lo más cercano: Operación U.N.C.L.E (Guy Ritchie, 2015), con música de Daniel Pemberton  , sucesora de, valga al redundancia, su antecesora televisiva  ¿A que nos suena?

Con todos estos datos, solo nos queda escuchar uno por uno los temas de Javier Rodero para Anacleto. ¿Y qué nos encontramos? Pues un poco de todo ello, cocinado desde la perspectiva del autor: entre lo tradicional del género y el sintetizador.

Anacleto Theme sigue en la línea de guitarras, percusión…pero que asignada a este agente chapucero adquiere un toque paródico particular. Un toque que se ampliará al resto de temas, que llevan este primero como seña de identidad, y que cerrará el círculo con el tema Trato Hecho.
Gobi. Un hito en la iconografía anaclética que no podía faltar. Podría haber tirado de western. Incluso de la épica de un Maurice Jarre. Pero elige seguir el hilo con un algo de esa misión imposible que es el desierto en sí, y otro poco de grandeza medio épica, medio cómica.

Temas de auténtica tensión: El Chino, Reparto o Bomba. Temas que acompañan las geniales escenas de acción, como Reguero de Sangre. Otros, como Bingo,  que remiten levemente a Henry Mancini. E incluso temas de tono mucho más personal: Vigilancia, Diario o Ikea. Pero todos con un aire tan particular como nuestro antihéroe patrio, el cual también fusiona tradición y actualidad, comedia, parodia, acción y nostalgia. Todo mezclado, no agitado.

Todavía no podemos hacernos con ella, pero puedes escucharla en la página del propio compositor, en el siguiente enlace, Web de Javier Rodero, en iTunes o en Spotify.

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Las películas con títulos musicales siempre sugieren algo al oído. Las hay repletas de temas preexistentes. Hay fascinantes melodías acompañadas por no menos fascinantes imágenes. Y hay hermosas historias que evocan delicadas y sutiles notas. De las primeras abundan los ejemplos, buenos y horripilantes. El Piano (Jane Campion, 1993) es paradigma de las segundas. Suite Francesa (Saul Dibb, 2104) es el alma de las terceras.

Suite Francesa debe leerse, verse y escucharse como si solo fuéramos sentidos: ojos para gastar cada plano, boca para devorar cada párrafo, oídos para amplificar los sonidos, nariz para oler la memoria, piel para tener los vellos de punta. Después, el silencio, la reflexión, el placer, y la tristeza melancólica de quien ya no podrá disfrutarla nunca más por primera vez.

Una historia de guerra donde está prohibida la paz. Donde el horror es aún más amargo por no ser material o físico, sino emocional y espiritual. El amor centro y periferia, por negación y afirmación. El dolor es el norte, el principal punto cardinal. Irène Némirowsky escribió como vivió. Sal Dibb extrajo el romanticismo. Rael Jones y Alexandre Desplat pusieron la guinda a un amargo pastel cuya amargura es, precisamente, la esencia de belleza.

Banner francés de la película "Suite Francesa"

Como ya ocurriera en Mi Semana Con Marilyn (Simon Curtis, 2011), Alexandre Desplat se limita a componer el tema principal, cuyo desarrollo dentro de la película quedó a cargo de Rael Jones. Desplat pone en el tema de Bruno la tristeza y nostalgia del soldado, la dulzura de la pasión, la contención del piano, la elegancia francesa y la seriedad alemana. Cuando Bruno toca el piano, el horror se desvanece. Como un Wladyslaw Szpilman enamorado. Todo desaparece alrededor para quedar solo un alemán cualquiera y una chica francesa. Sin bandos contrarios. Sin reminiscencias shakesperianas. La presencia y la ausencia de Bruno, su recuerdo, sus actos y sentimientos, son musicales. La actuación de Matthias Schoenaerts –que aprendió a tocar la pieza, aunque no sea él quien la interprete en pantalla-, también lo es.

Rael Jones, multifacético músico británico, más habitual en los créditos como editor musical, productor musical, orquestador, diseñador de sonido… (Los Miserables, 2012; Quantum of Solace, 2008; Under the skin, 2013), que como compositor; toma los adjetivos del tema de Desplat y los desarrolla de forma a la vez brutal y frágil.

Dibuja el miedo en termas como Threat of Occupation, The Germans Arrive. El monstruo de la guerra acercándose. Instalándose entre la inocencia y la expectación. La percusión, donde también introduce la propia marcha de los soldados, se mete como verdadera metralla en los tímpanos. Acelera el pulso y encrespa los nervios. Progresiva hasta notas ensordecedoras por el mismo silencio. El terror, la amenaza.



La tensión y el suspense en otros como They Come for Benoit, Enemies Forever o Running through Woods. Las intrigas de la guerra. Temas de estilo más minimalista, pero igual de amenazantes. Alemanes al acecho mientras nosotros permanecemos escondidos, hablando en susurros. Solo el tiempo y los latidos del corazón. Que salta a la vez de temor y de deleite.

Y, por supuesto, el amor. El romance entre el teniente Bruno von Falk y Lucille. Bruno´s Theme es el corazón que bombea temas como Green Shoots, Sunlit Kiss o Precious to Me. Las suaves notas del piano, acompañadas del dulce llanto de las cuerdas, atraen la única luz entre los humos de la guerra. Pero es una luz nebulosa a la que impiden brillar y, por ello, una luz triste e impotente. Conoce lo imposible y la soledad. Aun así, se niega a apagarse.

BSO Suite Francesa
Y entre todo ello, Francia y Alemania, tal como fueron musicalmente en 1940: Muzik Muzik Muzik (Otto Stenzel Tanzorchester con Wilfried Sommer), Parlez-moi d'Amour (Lucien Boyer), Das Ist Berlín (Oskar Orquesta Joost con Heyn Quartet), De Temps En Temps (Josephine Baker) y Bel Ami (Rosita Serrano). Porque la música siempre sobrevive a la guerra.

Nominada a los World Soundtrack Awards (puedes dejar tu voto en el siguiente enlace: http://www.worldsoundtrackawards.com/en/awards), la música de Suite Francesa, como la película y, sobre todo, el libro, son de obligado cumplimiento, tanto como las normas que impone en ejército alemán a su llegada al pueblo francés.

Puedes encontrarla en: la edición de Sony Classical salió a la venta el pasado marzo.

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¿Qué no ha inventado el western? cuantísimas cosas nos ha dado este género inmortal que a veces pensamos -sobre todo la crítica- que todo el cine es un western. Pocos se han resistido a la arena del desierto. No solo en la época clásica. Incluso hoy uno se sorprende escarbando en las filmografías de sus directores y actores favoritos. No pocos esconden un lado salvaje desconocido. Con los compositores ocurre lo mismo. Pocos géneros han dejado una huella tan profunda en la música de cine como el western. 

película de culto "Cuarenta Pistolas"

Podríamos hablar de Max Steiner, de Dimitri Tiomkin, de Elmer Bernstein, de Ennio Morricone…pero hoy vamos a hablar de un compositor que, no por poco conocido deja de tener sus genialidades. Su nombre es Harry Sukman. La película: Cuarenta Pistolas (Samuel Fuller, 1957).

El nombre de Harry Sukman quizás no nos diga nada (a pesar de haber ganado un Oscar por Sueño de Amor (Charles Vidor y George Cukor, 1960). Pero si hablamos de Bonanza, El Gran Chaparral, Daniel Boone o Laramie, la cosa cambia. Dedicado sobe todo a la televisión, pasó levente por el cine, siempre con el western por bandera. Cuarenta Pistolas fue su segunda inclusión en el género. Una banda sonora que ha pasado por el tiempo sin pena ni gloria, pero que tiene las pistolas suficientes (40 nada más y nada menos) como para dejarnos KO.

La pareja Fuller-Sukman es al western americano de los cincuenta lo que el dúo Leone-Morricone al spaghetti western. Trabajaron juntos en dos ocasiones (Bajos Fondos, 1961), y en ambas el resultado fue más que satisfactorio. Al manierismo formal de Fuller se suma la innovación musical de Sukman.

La música de Cuarenta Pistolas se encuadra dentro de la tendencia impuesta por Tiomkin con Solo Ante el Peligro (Fred Zinnemann 1952). Pero Sukman no se conforma con ser un mero copista. El ambiente era el más propicio para experimentar: un director personalísimo, un género que siempre iba por delante, y el hecho de trabajar en series de televisión, donde el margen de libertad era mucho mayor, son razones suficientes para pensar que, en el caso de Sukman y Fuller, uno más uno suman mucho más que dos.

Como no podía ser de otra forma, el tema principal es una canción: High Ridin' Woman, cuya melodía va a repetirse durante toda la película como leitmotiv de la protagonista, Jessica, una genialísima Barbara Stanwyck, adaptándose a las diferentes situaciones. La aparición de Jidge Carroll cantando es uno de los puntos fuertes de la película. Si los recursos utilizados en Birdman (Alejandro González Iñárritu, 2014) te parecieron sorprendentes, prueba a echarle un vistazo a estos de 1957.



Esta no es la única canción que escuchamos en la película, ni la única interpretada por Jidge Carroll. Si no nos bastaba con Sukman y Fuller, también encontramos el nombre del Victor Young, si, el de Johnny Guitar (Nicholas Ray, 1954). La canción God Has His Arms Around Me, dentro de su estilo romántico y elegante, es una de las más bonitas baladas western del cine clásico.



Y mientras cantamos una y otra vez en nuestra cabeza estas enormes baladas, Sukman nos regala todo un concierto acústico de alto nivel, adelantado a su tiempo como el que más. Sé de alguien que utilizó la guitarra eléctrica en el western antes que MorriconeSukman la uso por primera vez en Fury at Showdown (Gerd Oswald, 1957). Cuarenta Pistolas fue la que dio en el clavo. No hay duda. Si le preguntásemos a Leone por sus referencias, esta película sería una de las principales.

Como éstas, se podrían comentar muchas cosas más: las interrupciones (un recurso muy utilizado en los películas de John Ford), las entradas y transiciones, los pasos acompañados de la guitarra punteada, el leitmotiv de Wes y Louvenia (¿Pensabas que el gumbarrel era cosa de James Bond?)…pero quizás es mejor comprobarlo por uno mismo.

Una película de culto. Olvidada dentro del gran baúl del western americano, pero de gran influencia para el western Europeo (no solo Leone, también Goddard le hizo un homenaje en Breathless, 1959). ¿A qué estás esperando?

Donde encontrarla: tristemente, solo se editó la balada de Victor Young, la cual aparece en el recopilatorio western Scenes Of The American West, junto a otros grandes temas como los de Centauros del Desierto, El Tren de las 3.10 o Los Siete Magníficos.

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Lejos del Mundanal Ruido. Un título que describe a la perfección, no solo la película en sí, sino todo lo que le rodea. No ha sido un éxito de taquilla, pero ha cosechado (nunca mejor dicho cuando se trata de granjeros del siglo XIX) críticas que van de lo bueno a lo excelente. No escucharás sus temas tarareados por la calle, pero aquellos que sepan apreciarlos, no podrán dejar de escucharlos en su cabeza una y otra vez. Su música no es mundana. Su música es todo, menos ruido.

Thomas Vinterberg. Dogma 95. Voto de castidad. Norma número dos: El sonido no debe ser producido separado de las imágenes y viceversa. (No se puede utilizar música, salvo si está presente en la escena en la que se rueda)… ¿Estamos hablando del mismo director? Pues sí: “Ésto no es lo que hago normalmente. Fue un trabajo por contrato. Me enviaron el guión y dije: “muy bien, lo haré”. Fue un gran alivio no tener que hacer mis propias cosas una y otra vez”. Y nosotros le estamos totalmente agradecidos.

Craig Armastrong sería el encargado de componer esa música que una película Dogma nunca hubiera permitido. El compositor escocés, conocido sobre todo por sus trabajos con Baz Luhrmann (Romeo + Julieta, Moulinge Rouge y El Gran Gatsby, 2013), se adentra en la Inglaterra de finales del siglo XIX descrita por Thomas Hardy en su novela Lejos del Mundanal Ruido (Far From The Madding Crowd).

Los protagonistas de la película "Lejos del Mundanal Ruido"
En cada tema se puede respirar la atmósfera: “Gran parte de la score fue la crudeza del paisaje, lo sombrío, la dureza”. Una naturaleza llena de colores fríos, de cielos nublados, niebla y humedad. Es la época del romanticismo. Los paisajes no son alegres. Son enigmáticos, oscuros, dominados por los fenómenos naturales. Trasmiten las emociones más extremas. La música contribuye a ello con un tono lleno de melancolía y misterio, más cerca de la oscuridad que de la luz. El tema principal es el mejor ejemplo. Cercano al que Craig compuso para Elizabeth: La Edad de Oro (Shekhar Kapur, 2007), sin la acción de aquel, encuentra su mayor similitud en el tema principal de El Bosque (M. Night Shyamalan, 2004), de James Newton Howard. ¿Coincidencia? Paisaje sombrío y tenebroso, naturaleza intimidante…

También la época se ve reflejada. El violín, principal protagonista (¡costó 2.5 millones de dólares!). El siglo XIX fue la época de los virtuosos (la de Paganini), de los tratados sobre el instrumento, de las escuelas nacionales. Además de convocar a las emociones más intensas, el violín nos transporta en el tiempo. La inquietud es máxima cuando las notas corren como sentimientos desbocados. Por otra parte, la música preexistente. No solo los himnos, siempre presentes en la vida religiosa de Inglaterra, sino las canciones cantadas en las reuniones de amigos y celebraciones. De entre todas sobresale, por su belleza y significado: Let No Man Steal Your Thyme. Cantada e interpretada al piano por Bathsheba Everdene (Carey Mulligan), acompañada de como William Boldwood (Michael Sheen). Ella es una mujer fuerte e independiente, que nunca se ha dejado atar ni dominar por ningún hombre: “Let no man steal your thyme / For when your thyme it is past and gone / He'll care no more for you”. ¿Más claro? Él, un hombre de buenas intenciones que la pretende. El piano, el instrumento de las mujeres. Él le promete comprarle uno si acepta el matrimonio. Ella ya lo tiene. Toda mujer respetable tenía uno. Carey Mulligan ya demostró sus dotes en Shame (Steve McQueen, 2011), cantando New York New York. Con su voz discreta, suave, simple, sin florituras.



Por último, las emociones. Reflejadas no solo en el ambiente y el paisaje, sino en los diferentes personajes. El tema principal tiene algo de Bathsheba. De sentimientos contenidos pero impetuosos, de fuerza y de autonomía. Cada hombre lleva un sonido propio que, sin identificarlo como leitmotiv, se adapta a cada tema que los acompaña. Gabriel Oak (Matthias Schoenaerts). El granjero que cae en desgracia y que es rechazado en primer lugar. Reservado, sin rencor ni malos sentimientos. Su música es la más alegre, dentro de la alegría que supone perderlo todo aun teniéndolo delante. Spring Sheep Dip y Oak Returns son ejemplos de ello. William Boldwood (Michael Sheen), hombre digno de la más profunda compasión. Todo un señor. Bueno, sereno y perdidamente enamorado. Para él, un tema melancólico y elegante a la vez: Woldwood varuiation. Por último, el sargento Troy (Tom Sturridge). Engreido, presumido y…sus temas son los más oscuros: Never Been Kissed, Bathsheba and Troy Wedding o Troy Swims Out; nos avisan de sus intenciones.

Sin más, creo que es hora de alejarse del mundanal ruido y deleitarnos con la música de Craig Armstrong.
Caratula de la BSO de "Lejos del Mundanal Ruido"
Caratula de la BSO de "Lejos del
Mundanal Ruido"
Puedes encontrarla como: Far from the Madding Crowd [Original Motion Picture Soundtrack], Sony Classical, 2015.

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Los Siete Magníficos del Espacio

Aquel día se hundió el Titanic. El Valle Encantado quedó sepultado tras el mismo cataclismo que el resto del mundo. El 22 de junio de 2015 James Horner se fue a un nuevo mundo. No pudo ser un hombre bicentenario, pero tuvo una mente maravillosa para la música. James Horner es la leyenda de una pasión.

Todos hemos tarareado alguna vez un tema de James Horner. Algunos (no pocos) soñaron con ser “el rey del mundo”, y muchas (más todavía) con ser la reina en cuestión. Otros, los más valientes, prefirieron luchar a las órdenes de un tal William Wallace por la independencia de Escocia. Otros, los aventureros más modernos, soñaron con transportar su mente a Pandora. Pero sería un sacrilegio musical quedarnos tan solo con estas experiencias. Hoy, vamos a conocer al primer James Horner, sin el cual nada de esto habría sido posible.

Y cuando digo que nada hubiera sido posible, lo digo de forma literal. Allá por 1980, un director llamado Jimmy T. Murakami confió al joven Horner la música del remake espacial de Los Siete Samurais (Akira Kurosawa, 1954): Los Siete Magníficos del Espacio (Battle Beyond the Stars). Allí mismo, trabajando en el departamento de arte, estaba un tal James Cameron…

Una película de calidad bastante cuestionable, un compositor novel… ¿Qué podríamos esperar de la música? Podría haber sido una catástrofe, sin embargo, se trata de una composición ciertamente interesante.

Siendo un remake tan claro de la película japonesa, cuya música, cortesía de Fumio Hayasaka, está construida a base de leitmotivs; con la referencia de La Guerra de las Galaxias de John Williams a la vuelta de la esquina, y la clara influencia del score de Jerry Goldsmith para Stark Treck, cabría esperar una música repleta de leitmotivs de la forma más pura. Pero James Horner acierta a fusionar esos referentes con otros más cercanos, como son los sonidos de América.



Adentrándose, pues, en el mundo de Los Siete Magníficos (John Sturges, 1960), más que recurrir a Elmer Bernstein, Horner acudió directamente a la fuente de aquel: la americana. Varios de los temas de la película recuerdan a Copland. Es el caso del tema principal y del que acompaña incidentalmente al personaje de Cowboy, quien, además, aparece siempre escuchando country en la radio o tocando la armónica. Adiós jidai geki, hola western. También hay reminiscencias de música americana en el caso de Gelt, un personaje apartado de la sociedad, en cuyos dominios no podría escucharse otra cosa que jazz, la música que en su día llevó la etiqueta de depravada.

El resto lo compone un tema romántico tradicional, a base de cuerdas; uno dedicado a los bandidos, donde como era de esperar entra en juego la percusión (algo que se da de forma muy clara en la partitura de Hayasaka), y varios destinados a las diferentes situaciones clave, muy en la línea general, dando así un sentido de continuidad a toda la composición.

James Horner nos lleva al espacio sin salir de casa, enseñándonos el universo a partir de sonidos reconocibles. Presta al espacio infinito la música de las, también infinitas, praderas americanas. Porque ¿qué es en esencia esta película sino un western espacial?

Claro antecedente de futuras composiciones como la de Krull (Peter Yates, 1983), hubiera podido ser una curiosa y lejana anécdota para la música del nuevo remake de Los Siete Magníficos previsto para 2018. Una pena que ya no podamos disfrutarlo. Sea quien sea que tome el relevo, ya no será lo mismo sin JAMES HORNER.

Puedes encontrar la música de Los Siete Magníficos del Espacio en: en 2011 BSX Records sacó una edición limitada que incluye, además de los temas principales, una librería de efectos de sonido y dos bonus track.

cd bso Battle Beyond the Stars



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Cómo suena una hormiga? ¿Cómo suenan miles de hormigas? ¿Y una marabunta? La verdad está ahí abajo. Acechando. Christophe Beck ha aumentado los decibelios para que podamos averiguarlo.

BSO Ant-Man


Uno del los poderes más potentes de los superhéroes, no importa de qué universo, es la música. El origen de estos poderes puede remontarse a la conocida expresión: “¿Es un pájaro? ¿Es un avión?, ¡no! ¡Es John Williams haciéndonos volar con una batuta!” (O algo parecido...). Desde entonces, estos hombres, mujeres y criaturas enfundados en trajes ajustados han contemplado siempre el derecho a una buena banda sonora para acompañar sus hazañas. Ant Man, pese a su tamaño, no ha querido ser menos.

Recién llegado de Frozen con varios premios en la mochila, y con una larga lista de comedias (Resacón en las Vegas, Cracy, Stupid, Love) y acción (Buffy Cazavampiros, Al filo del Mañana) en su cuaderno de partituras, Christophe Beck se adentra en lo más profundo del hormiguero.

Siguiendo las directrices del productor de Marvel Kevin Feige, partidario del sinfonismo “superheroico” tradicional, con la inevitable influencia de John Williams (“Creo que si preguntas a un compositor de mi generación cuál es su principal influencia, qué le hizo convertirse en compositor cinematográfico, nueve de diez responderán Star Wars (…) Yo soy uno de ellos”) y con toda una colección de referentes en los que fijarse: Hans Zimmer (El Caballero Oscuro), Alan Silvestri (Los Vengadores)…Beck emplea sus dotes de cómico, un aspecto que Marvel viene defendiendo últimamente, la potencia del metal y la percusión, y la tensión y gravedad de un piano casi percusivo, para dar vida a este especial superhéroe y a sus compañeros miniatura con una partitura llena de matices.

Prueba de ello es el tema principal, en el que las hormigas parecen estar paseando entre la orquesta, mientras que la sección de metal pone la nota de fuerza tensión propia de toda aventura comiquera. Pero, quizás, el tema más potente sea Scott Surfs on Ants, de ritmo vertiginoso, donde la percusión y el piano llevan la voz cantante, mientras que la melodía principal se cuela a modo de leitmotiv.

Una vez escuchada completa, te propongo dar un curioso paseo: los créditos iniciales de Cuando Ruge La Marabunta (19534), con música de Daniele Amfitheatrof, y el tema principal de la nueva serie de Flash, compuesto por Blake Neely. Luego me cuentas.




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Jurassic Park a Capela
Siempre lo he dicho. La red está llena de gente con talento que ha conseguido hacerse huecos en nuestros corazones gracias a la existencia de YouTube y otros medios similares, y tal y como demuestra el post de hoy, lo han conseguido gracias a su originalidad y buen hacer.

Un ejemplo de esto es el de los chicos de The Warp Zone, un divertido canal de YouTube en el que se aglutinan aficiones destacadas como el cine, los comics, las series y los videojuegos y que cada semana otorgan a sus fans contenidos geniales como los que os traigo a colación.

Personalmente, conocía de su existencia desde hace tiempo, pero no ha sido hasta hoy que he descubierto todo el potencial musical de estos chicos. ¿El responsable de ello? La increíble versiona a capela (música realizada solo con voces) que han realizado con motivo del estreno de Jurassic World y que pondría celosa a las mismísimas Barden Bellas (las protagonistas de “Dando la nota”).

Este tema en concreto os lo dejo por aquí, y junto a él, además de recomendaros que no perdáis de vista a estos chicos, os dejo cinco interpretaciones a capela de temas que podríamos considerar bastante frikis.



Mortal Kombat


El tema musical que se comercializo con motivo de la primera película de “Mortal Kombat” se convirtió en uno de los primeros éxitos de ventas en lo que a temas de videojuegos se trataba, y como estos chicos son muy gamers, no han podido reprimirse y evitar traernos su particular adaptación de esta pieza musical y maquinera.



Power Rangers


La serie de los noventa hizo que la fama de estos personajes alcanzara su momento máximo al conseguir que el show se convirtiera en una película y como el tema original era tan potente y pegadizo, se realizó una increíble versión para la banda sonora. Sobre ese tema creo que he hablado otras veces, pero sin duda, lo que han hecho estos chavales adaptándolo con sus voces no se queda atrás.



Teenage Mutant Ninja Turtles


Otro clásico de los ochenta / noventa era la serie de las Tortugas Ninjas y teniendo en cuenta que son unos personajes que siguen muy en boga, era de cajón hacer una versión del tema principal de la serie animada original. ¿El resultado? Una pasada para los fans.



Transformers


Ya había oído diferentes versiones del tema de esta serie que disfrutaba mientras tomaba la merienda, y ahora, nos llega esta versión a capela que es capaz de competir con el cover metalero que se popularizo hace algunos años con la llegada de youtube y otros medios sociales con los que distribuir música al público.



X-Men


En los noventa se hicieron las que posiblemente sean las mejores series de animación basadas en superhéroes, y aunque el tema de Spider-Man estaba bastante bien, no podía competir con el opening de la serie de los X-Men que logro que me interesara por estos personajes del universo Marvel.

El tema en si ya era una joya, pero con esta versión vocal y los gestos de los intérpretes de The Warp Zone gana muchos enteros.

¿Cuál os ha gustado más? ¿Creéis que deberíamos haber incluido alguno más en el post? Comentad y compartir ¡QUE ES GRATIS!




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Kung Fury

La década de los ochenta nos ofreció algunos de los films más recordados de todos los tiempos, y lo hizo en una época marcada por unos estilismos y tópicos que creo que jamás se podrán repetir con tal intensidad.

Fruto de dicha influencia, los chicos de Laser Unicorn decidieron lanzar a la red un crowdfunding para realizar su propio homenaje a dicha época y como resultado nos llega una de las bizarradas más divertidas que se han visto en la red en mucho tiempo.

Bajo el nombre de “Kung Fury”, nos encontramos con un cortometraje de treinta minutos en el que tenemos dinosaurios, ninjas, delincuentes armados hasta los dientes, salas de arcade, guerreras, viajes en el tiempo, nazis y muchas otras cosas que no os podéis perder.



Por si fuera poco, el proyecto contó con el apoyo del mismísimo David Hasselhoff, una de las estrellas más recordadas de los ochenta debido a sus éxitos musicales y la serie “El Coche Fantástico”, quien se prestó a grabar un tema musical para “Kung Fury” que con la misma estética del corto y con el título “True Survivor” nos transporta directamente a los ochenta con una canción que podría estar en nuestra selección de mejores temas ochenteros y que muchos ya disfrutan al menos una vez al día por recomendación médica.

Disfrutadlo todo y no os olvidéis de mover vuestras cabezas al ritmo de este fenómeno que será recordado sin duda como una de las aportaciones culturales más interesantes de este año 2015.



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