Crítica de "Transformers: La Era de la Extinción", ¿el último films de Transformers de Bay?

Crítica de "El Amanecer del Planeta de los Simios", un film imprescindible

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En ocasiones las personas que escribimos no sabemos muy bien como comenzar nuestros escritos, así que este post lo comenzaré de una forma distinta… ¡Allá vamos!

¿Sabéis lo que es el product placement? Bueno, lo explico y todos contentos, el product placement se trata de una técnica publicitaria que consisten en insertar un producto, marca o mensaje dentro de la narrativa de un producto audiovisual. Todos conocemos el caso de Náufrago y la compañía de mensajería FedEx, pues podemos decir que Sex Tape es el naúfrago de Apple y es que TODA la trama gira en torno a la manzanita que da imagen a la conocida marca. No tengo muy claro cuánto dinero se habrá dejado la compañía en esta película pero, desde luego, raro será aquel que no coja un buen cólico de manzana.

Dicho esto os comento un poco la premisa de esta nueva apuesta de Jake Kasdan: una pareja joven basa toda su relación en las relaciones íntimas (uff… me va a costar mucho no ser malsonante en este post). Están todo el día y todos los días manteniendo relaciones íntimas y ese sexo por sexo se convierte en el tiempo en un proyecto de familia que acaba con matrimonio y dos bonitos niños. Entonces nos encontramos a unos Jay y Annie que han perdido el apetito sexual aunque luchan por recuperarlo. En esa lucha no se les ocurre mejor idea que grabar una porno en un iPad (¡anda! ¡qué sorpresa!), accidentalmente Jay sube el vídeo a la nube y este se sincroniza con todos los iPads que había decidido regalar a amigos, familiares y al cartero – me encantaría tener el poder adquisitivo necesario para regalar iPads -. Al darse cuenta de lo ocurrido Jay y Annie harán todo lo posible por eliminar ese vídeo de sus vidas y cuando hablo de todo lo posible, hablo de todo, todo y todo lo que se os ocurra y también lo que no.

El sexo no es idílico, también sufrimos accidentes
Una comedia fácil con chistes manidos y que buscan la risa fácil del público. Sexo, la típica escena del perro peligroso y algún que otro chiste malo nos acompañarán durante todo el film sacando en el público alguna que otra risotada. ¡Ah! Y antes de que se me olvide, muchos planos de la preciosa Cameron Díaz y, el amado por muchos, Jason Segel en cueros.  

Una de las escenas más divertidas del film
Lo único que sí que me ha gustado, y mucho a decir verdad, es lo cercano y poco idílico que representan el sexo. Se burlan un poco del ámbito sexual con escenas muy cachondas – no en el mal sentido, ¡mal pensados! – donde los personajes se presentan torpes y feos, muy feos. Y es que por mucho que queramos engañarnos nuestras relaciones íntimas no suelen tan idílicas como se suelen representar en las pelis, así que… minipunto para Sex Tape en ese sentido. Aunque llegados a este punto también me veo obligada a decir que tampoco han inventado nada ya que cada vez es más frecuente que se represente el sexo de manera realista en las series y películas, como es el caso de las series Broad City o Girls.

A mí alrededor se escucharon auténticas carcajadas y entiendo que al público en general pueda gustarle este tipo de comedias tontas pero desde luego no es una película apta para el público exigente. Un film que desprende tintes de una malísima imitación de la aclamada Algo pasa con Mery, típica y tópica, la comedia yankee o americanada facilona de siempre.


Unas semanas antes del estreno de la película en España, un servidor, residente en México (país en el que el último trabajo de Bay ya se ha estrenado), ofrezco para De Fan a Fan mi humilde opinión sobre la cuarta y vapuleada entrega de Transformers.

Crítica de Transformers: La Era de la Extinción

Ya habíamos mencionado previamente que Michael Bay parecía tomar un camino distinto con Dolor y dinero (“Pain & Gain”, 2013) y aunque esto no lo alejó de las superproducciones, sí por lo menos le hizo mejorar la historia y los personajes de éstas. Con dialogos mejor desarrollados, los protagonistas interpretan sus líneas de manera decorosa, alejados del acartonamiento y ridiculez de los personajes de las primeras tres películas: “Transformers” (2007), “Transformers: La venganza de los caídos” (2009) y “Transformers: El lado oscuro de la luna” (2011).

Lo anterior ocurre en los primeros 70 minutos del metraje aproximadamente, donde la parafernalia a la que nos tiene acostumbrados Bay se equilibra con el desdoblamiento de sus personajes humanos. Ya después nos arroja toda la parte de artificio y, también hay que reconocer, de espectacularidad completa de sus “Transformers” en grandes batallas entre ellos.

Pero vayamos por partes. Esta vez la historia se sitúa unos años después de la invasión a Chicago y las naciones del mundo han terminado en definitiva su relación con “Optimus Prime” y todas sus huestes, dejándolas en el ostracismo.

Mark Wahlberg en "Tansformers: La Era de la Extinción"
Mark Wahlberg y el resto de protagonistas humanos del film


Cade Yeager (Mark Wahlberg), un avezado inventor especializado en la robótica y con un montón de deudas, adquiere un viejo camión “Marmon 97” para pagar la educación universitaria de su hija Tessa (Nicola Peltz), al pretender venderlo por partes. Mientras arregla su destartalada adquisición, arranca un misil que estaba incrustado en el motor del megavehículo y da ‘vida’ nuevamente, y de manera sorpresiva, al líder de la galaxia libre, es decir, a “Optimus Prime”. La eclosión de esta nueva relación humano-robot llevará la vida de Cade y Tessa por caminos insospechados.

En paralelo, el agente de la CIA, Harold Attinger (Kelsey Grammer), está a la caza de los últimos “Decepticons” y “Autobots”. Para tal efecto, contrata los servicios de “Lockdown”, un cazarrecompensas que está a las órdenes del mejor postor. “Lockdown”, quien en su modo alterno es un “Lamborghini Aventador LP 700-4 Coupe”, está a la caza de “Optimus Prime”, el último gran líder transformer que falta en su colección para finalizar el trabajo que específicamente le encomendaron los misteriosos Creadores (artífices de los “Transformers”), pues según ellos “no es buena la mezcla entre especies distintas, ya que desbalancea el equilibrio cósmico”. Así pues, “Lockdown” atiende en dos mesas, básicamente sirviendo el mismo platillo: “Transformers”, vivos o muertos. Este cazarrecompensas galáctico se presenta como el robot con mejor presencia ‘histriónica’ en pantalla, pues no sólo es portentoso, sino que sabe bien lo que quiere, alejado de esa necedad romántica de “Optimus Prime” de salvaguardar a la humanidad, que lo hace debatirse siempre entre dos alternativas: sus homólogos o los seres humanos.

Lockdown en "Tansformers: La Era de la Extinción"
Lockdown el cazarecompensas Transformers

“Optimus Prime” (quien cambia su modo autobot del desvencijado “Marmon 97” a un reluciente “Western Star 4900 Phantom Custom”, flameado en azul y rojo) se hace acompañar esta vez por 4 colegas: el sempiterno “Bumblebee”, con su modo autobot “Chevrolet Camaro SS 1967” a “Chevrolet Camaro 2014”; el carismático “Hound” (que me recuerda mucho al Fidel Castro de 1959) y su modo autobot “Oshkosh Defense Medium Tactical Vehicle”; “Crosshairs”, cuyo modo autobot es un “Chevrolet Corvette C7 Stingray 2014”; y el samurái “Drift” y su modo autobot básico: “Bugatti Veyron Grand Sport Vitesse 2013”. Todos ellos, a órdenes directas de “Optimus”, buscarán resguardar las vidas de sus nuevos amigos humanos: Cade, Tessa y Shane Dyson (Jack Reynor), el novio clandestino de Nicola Peltz en la película.

Stanley Tucci hace su aparición como Joshua Joyce, CEO de KSI, empresa especializada en tecnología de última generación, que ha logrado dominar el transformio, un metal de origen extraterrestre que contiene materia programable y que las ha permitido crear sus propios transformers. Su máxima obra es “Galvatron” (modo autobot: un camión “Freightliner Argosy”), quien ha sido programado con los restos de “Megatron”. “Galvatron” entabla con los autobots una batalla que se queda a medio camino, advirtiéndole a “Optimus”: “¡nos volveremos a ver Prime, porque he vuelto a nacer!” (¡ándale, se nos avecina la 5ª parte con “Megatron” resucitado!).

Autobots en "Tansformers: La Era de la Extinción"
Los Autobots y sus aliados humanos en esta entrega

A la acción de la película también se le imprime una mejora: los “Dinobots”. Nos ofrecen un show tecno-visual como no se había visto en la saga, más que nada por saciar la pupila de ver revestidos a los más emblemáticos dinosaurios de capas metálicas. Empezando por “Grimlock”, quien en su modo dinobot es un “Tiranosaurio Rex”; “Strafe”, como un “Pteranodon” de dos cabezas; “Slug”, quien se transforma en un “Triceratops”; “Slash” y su modo cambiante al letal “Velociraptor”; y “Scorn”, como un “Spinosaurus” con mortal quijada. Todos ellos bajo la tutela de “Optimus Prime”.

Aunque es claro que el show importante se lo llevan los megarrobots, la parte humana hace su trabajo y en este sentido es la diferencia más importante del trabajo de Michael Bay respecto a las tres anteriores entregas de esta saga: permite al inicio del film, el desdoble de sus personajes de carne y hueso en una dirección más sentida y auténtica, donde cabe por un instante la reflexión acerca de sus propias vidas. En este tenor, las actuaciones tanto de Wahlberg como de Peltz están a la altura de los encuadres iniciales del californiano.
Optimus y Grimlock en "Tansformers: La Era de la Extinción"
Optimus y Grimlock

Ya después, Michael Bay nos envuelve con el ritmo persistente y atronador de sus “Transformers”, con su gran show, lleno de suprema tecnología metálica transformable. El argelino apostó esta vez por elevar el nivel de su saga en cuanto a historia, acción y personajes. Y eso ya es de agradecer. ¿Que si lo logró? Sí, no como para volvernos locos, pero lo logró.

Tres años después de que Ruper Wyat y Fox nos sorprendieran con una estupenda precuela de la saga “El Planeta de los Simios”, nos llega la continuación de esta historia que ha arrasado en la taquilla USA y de la que, a continuación, os comentamos nuestras impresiones.

Crítica de "El Amanecer del Planeta de los Simios"

Era de esperar que tras el éxito de El Origen del Planeta de los Simios y con una saga emblemática a sus espaldas, la nueva película de Matt Reeves (Monstruoso) se apoderara de la taquilla veraniega, y si bien, hay que decir que se trata de un film menor en comparación con la anterior entrega, este hecho no resta valor a una película bien desarrollada que pone de manifiesto la afición que aún existe por los clásicos de la ciencia ficción que se estrenaron a finales de los 60.

“El Amanecer del Planeta de los Simios” nos sitúa diez años después de los acontecimientos vistos en la anterior película, y nos muestra un planeta Tierra en el que la raza humana se ha visto diezmada por “la gripe simia”, una enfermedad derivada de la experimentación que dio origen al “alto salto evolutivo” de Cesar (¿Caesar?) y Cía.

Mientras que la especie humana lucha por no extinguirse, Cesar se esfuerza por mantener a los simios unidos en una comunidad que, al igual que los antiguos neandertales, experimenta con acciones como la caza y la ganadería para mejorar su estatus, y aunque son conscientes de que las ruinas del antiguo mundo dominado por los humanos está a su alcance, prefieren mantenerse alejado de los posibles supervivientes de esta especie.

Jason Clarke es Malcoln la conexión humana de "El Amanecer del planeta de los Simios"
Los humanos buscan una oportunidad de prosperar reestableciendo el suministro eléctrico a partir de una presa y su central hidroeléctrica
Como era de esperar, surgen encontronazos entre humanos y simios, y en un ejemplo de lo cercanos que ambas especies se encuentran entre sí, vemos como el conflicto surge de forma familiar por culpa del miedo, las ansias de poder y el mal uso de recursos que, en este caso, y con reminiscencias de homenaje a “la Asociación del Rifle” que durante tantos años fuera encabezada por el protagonista de la película original (Charlton Heston), aparece en forma de arsenal.

A diferencia de la anterior entrega, “El Amanecer del Planeta de los Simios” tiene una clara inclinación por el espectáculo y la acción, y si bien, estos son campos en los que su director, Matt Reeves se encuentra cómodo, también encontramos momentos para la reflexión, la celebración, el drama, la nostalgia y, por supuesto, el homenaje a la saga clásica, ya que empezamos a vislumbrar algunos de los elementos que eran "marca de la casa" en esta conocidísima franquicia, como son los humanos enjaulados y los simios a caballo esgrimiendo armas.

Imagen de "El Amancer del Planeta de los Simios"
Banderita al cato e imagen del conflicto simio/humano

En el campo interpretativo, hay que admitir que el mayor peso recae en sobre Andy Serkis (El Señor de los Anillos), Jason Clarke (La noche más oscura) y Toby Kebbell (El Príncipe de Persia), quienes en sus papeles del bondadoso Cesar, el práctico y humilde humano Malcolm y el atormentado Koba tienen total protagonismo frente a unos poco aprovechados Keri Russell (The Americans), Kodi Smit-McPhee (La Carretera) y Gary Oldman (Drácula), quienes ostentan papeles bastante simplones en un film que como era de esperar, se centra mayormente en los simios, los cuales, gracias a las técnicas de captura de movimiento, el avance de la tecnología CGI y unas grandes interpretaciones “simiescas”, consiguen que las criaturas sean 100% reales a pesar de algún patinazo en los FX que para nada resta puntos al film.

Por lo demás, la cinta tiene un buen ritmo, ni aburre ni peca de exceso de elementos en pantalla, algo difícil de lograr en estos días donde se piensa que “más es mejor”.

Toby Kebbell es Koba en "El Amanecer del Planeta de los Simios"
Koba (Toby Kebell) da vida al mono maltratado en laboratorio que propiciara el conflicto humano / simio

De tener que ponerle alguna pega (al margen de un final menos redondo que la cinta de 2011 y claramente orientado a rodar una nueva secuela), diría que la banda sonora no consiguió emocionarme tanto como ocurriera con la primera entrega, y que si bien es más que correcta, nadie incidirá especialmente en ella. Además, el 3D se me antoja totalmente innecesario y no aporta prácticamente nada a un film de corte bastante tradicional que será continuado en una nueva e innecesaria entrega.

Antes de acabar, y de invitaros a que os gastéis las pelas en ella (porque merece la pena) decir que el film incluye algunos detalles que te harán exclamar un WTF! (cámaras cuya batería dura más de diez años, publicidad cantosa de Apple) y que si bien, no es algo que desvirtué al conjunto, nos hace ver, de forma más descarada que la publicidad de Telecinco (véanse los desayunos de “Médico de Familia” y “Los Serrano” donde todos los productos muestran sus etiquetas a las cámaras), hasta donde pueden llegar ciertos pactos “económicos” en vistas a obtener publicidad explicita tras la aportación de capital en un film de estas características.

Andy Serkys es Cesar en "El Amancer del Planeta de los Simios"
Andy Serkys interpreta magistralmente a Cesar, el simio protagonista y mas humano del film

En fin… id a vedla y, por supuesto, olvidaos de ver a Melody haciendo el baile del gorila, eso solo ocurriría en caso de que Santiago Segura, los “Chanantes” o el que suscribe dirigiera esta película…
Crítica de "Bajo la misma estrella"
“BAJO LA MISMA ESTRELLA” (The Fault in Our Stars) es la adaptación a la gran pantalla del homónimo best-seller del novelista John Green. El film está conducido por el joven cineasta de origen estadounidense Josh Boone, artífice de “Un invierno en la playa” (2013) ,guionizado a dos bandas por Scott Neustadter y Michael H. Weber, y protagonizado por Shailene Woodley, Ansel Elgort, Nat Wolff, Laura Dern, Sam Trammell y Willem Dafoe.

El contexto de esta historia se traza a través de las vidas de Hazel Grace Lancaster (Shailene Woodley) y Augustus Waters (Ansel Elgort), dos adolescentes que sufren cáncer a su temprana edad, obligados a afrontar su duro destino, ambos tomarán una intersección que los unirá para siempre y adentrará en un viaje hacia el hallazgo de un enigma, hacia una continuación después del final.

“BAJO LA MISMA ESTRELLA” es ante todo una historia de amor, pero no sólo del amor tan fuerte que pueden procesarse dos adolescentes como pareja, sino el verdadero amor a la vida, a los pequeños instantes que abrazaremos y consolidaremos en nuestra memoria (Escena del banco en la bella ciudad de Ámsterdam), y el amor a la familia y los verdaderos amigos, base fundamental donde apoyarnos y refugiarnos ante cualquier tempestad. Los personajes están muy bien dibujados, tan llenos de vida que nos contagian, nos emocionan, nos penetran de forma subyacente, poco a poco se van apoderando de nosotros, y estamos “bajo esa misma estrella”, nos hablan desde su propio interior. Razón de ello, es las sólidas actuaciones que nos ofrecen las dos jóvenes promesas de la interpretación que se encargan de protagonizar este taquillero largometraje. A Shailene Woodley la empecé a seguir desde que la descubrí en “Vida secreta de una adolescente” serie que emitía el Canal Cosmopolitan Tv y con la que empezó a brillar en el mundo de la interpretación, su primera incursión cinematográfica en un largometraje llegaría de la mano del realizador Alexander Payne, en el oscarizado film “Los descendientes”, donde encarnaba a la hija adolescente del actor George Clooney, aquella actuación la sirvió para despegar y empezar a despuntar en el Séptimo Arte obteniendo numerosos premios y resultando nominada en los Globos de Oro en la categoría de mejor actriz secundaria. Recientemente la hemos podido ver como Tris enDivergente(2014) otra famosa adaptación cinematográfica de la afamada trilogía de la escritora Veronica Roth, en la que está inmersa la actriz de nuevo con la grabación de la siguiente película de la saga, al igual que su partenaire en este viaje, el actor Ansel Elgort (Carrie, 2013) que también comparte cast con Shailene en un rol muy diferente al que podemos verle aquí, siendo el hermano de la joven guerrera. Shaile Woodley eleva al máximo exponente su actuación y su compañero está a la altura, con su dulce sonrisa, aproximándonos a un Romeo muy actual (Ese toque Shakesperiano está implícito en la historia), inteligente, sensible y risueño. Ambos actores dotan de un enorme realismo y naturalidad a sus personajes y resuelven sus papeles de forma muy convincente, procurando una conexión instantánea con el espectador, sintiendo con fuerza la historia de Hazel y Gus. Los secundarios con caché que completan el reparto son Willen Dafoe, un actor bastante prolífico y que sabe meterse perfectamente en la piel de un trasnochado oscuro escritor, la veterana Laura Dern y el conocido cambiante de la serie de la HBO, True Blood, Sam Trammel, como los padres compresivos que viven el infierno de la enfermedad de su hija. Sin duda, el casting de actores para la película ha sido de lo más acertado.

Protagonistas de "Bajo la misma estrella"


Por otra parte, tratándose de un género tan manido, como es el romántico, el título ofrece una sesión que nos aparta durante más de dos horas de metraje de nuestra propia realidad, presenciando una emocionante historia que toca la enfermedad que más nos azota en pleno siglo XXI ,todo el mundo puede sentirse identificado por la cercanía de la trama. A pesar de que ya en otras cintas, el tema del cáncer adolescente ya ha sido tocado, como en “Un paseo para recordar” (2002) basada en una de las novelas de Nicholas Sparks o la más cercana “Restless”(2011) protagonizada por la excelente Mia Wasikowska, “BAJO LA MISMA ESTRELLA” tiene encanto propio, carisma en sus personajes y por supuesto un enorme sustrato literario, forjando la poesía con la filosofía y regalando frases memorables que se convierten en increíbles citas. También hay muchos sentidos metafóricos, incluyendo esa impetuosa obsesión por conocer que hay más allá de la historia del libro “Un dolor imperial”.

En cuanto a la puesta en escena, la fotografía obra de Ben Richardson goza de la belleza de los paisajes de la capital holandesa y cuenta con una sublime soundtrack que nos hace navegar en la historia con temas de M83, Ray LaMontagne, Ed Sheeran o de Indians, entre otros.

Por otra parte, “BAJO LA MISMA ESTRELLA”, bajo mi punto de vista, no va en busca de la lágrima fácil, aunque nos va a toca nuestra fibra sensible ya que aporta optimismo, e igual nos hace a ratos reír como nos hace llorar. Es una propuesta honesta en la que sabemos que nos vamos a encontrar (sobre todo los lectores de la novela) y que resulta una eficiente y fiel adaptación de la novela que creo no desencantará a sus más fervientes seguidores.

“BAJO LA MISMA ESTRELLA” ya está en cines gracias a 20th Century Fox España y nosotros la pudimos disfrutar gracias nuestros apreciados amigos de SENSACINE.COM en los Cines Kinépolis de Madrid.

Escena de "Bajo la misma estrella"

El director Alberto Morais asistió el pasado jueves 19 de junio a la 4ª edición de los "Encuentros con el cine" que se organizan en el Teatro Guimerá de Santa Cruz de Tenerife, donde comento su film "Los chicos del puerto" tras la proyección de esta.

'Los chicos del puerto' en 'Los encuentros con el cine' de Santa Cruz de Tenerife

El cuarto de los Encuentros con el cine, maravillosa denominación del cineclub en que se convierte el Teatro Guimerá de Santa Cruz de Tenerife una vez al mes, gracias a la labor de Digital 104 (empresa audiovisual compuesta por los cineastas canarios, Jairo López, Domingo González, Eugenia Arteaga y Jonay García), nos trajo el pasado jueves 19 de junio al realizador natural de Valladolid, Alberto Marais.

Tras la presentación del evento y el visionado de su más reciente largometraje, Los Chicos del Puerto, tuvo lugar en el emblemático teatro capitalino, un nuevo debate, distendido y enriquecedor, a propósito del cine en general (no faltaron anécdotas sobre Howard Hawks y el escritor Raymond Chandler, sobre los hermanos Cohen, o sobre la manera de Buñuel de dirigir a Catherine Deneuve), y del cine que le interesa a Marais, en particular. Aquellos cineastas que Alberto Marais tiene en mente a la hora de filmar, parecen bastante coherentes con sus propias imagines y objetivos. Menciona entre sus influencias más directas, al iraní Abbas Kiarostami y su cine de estructura circular, destacando una particular predilección por ¿Dónde está la casa de mi amigo? (Jané-ye dust koyast, Irán, 1987), o A través de los Olivos (Zire darakhtan zeyton (Irán, 2004); el cine naturalista y realista de Pier Paolo Pasolini, cineasta por quien siente absoluta veneración; el movimiento surgido en los años 60 en Inglaterra conocido como free cinema, cine con tendencia al documental (que pretendió tomar el relevo del neorrealismo italiano), vinculado al Angry Young men, (grupo de escritores de orígenes humildes, contrarios a las políticas de recortes, empeñados en el retrato de seres anónimos, en el umbral de la pobreza y en su rutina cotidiana, que leyeron el “manifiesto de los jóvenes airados”, en el Instituto Británico de Cine en 1956); o el largometraje Nadie Sabe (Dare mo shiranai, Japón, 2004), de Hirokazu Karoeda, la terrible historia de cuatro niños abandonados a su suerte por su madre, sin apenas recursos, en una sociedad actual absolutamente insensible y deshumanizada.

Alberto Marais debuta en la dirección con el documental Un Lugar en el cine (España, 2007), donde tiene la oportunidad, nada desaprovechada, de entrevistar a tres cineastas clave de nuestro tiempo. El realizador español Víctor Erice, el griego Theo Angelopoulos, o el guionista italiano Tonino Guerra (colaborador habitual de su admirado Pasolini), comparecen ante la cámara del joven director. Con estos tres cineastas del mediterráneo, vinculados, en palabras del propio Marais, estrechamente a la realidad y dialogantes con la propia historia de sus respectivos paises, se pretende realizar un trayecto fílmico que va desde el Neorrealismo Italiano hasta la modernidad y la concepción actual de la séptima de las artes. Por supuesto, el filme es una mirada al tipo de cine que le interesa al vallesoletano, como avalan sus posteriores trabajos. Las honestas palabras que emanan de las reflexiones incisivas y agudas de los cineastas entrevistados, destilan auténtica sabiduría.



Su segundo largometraje, primera incursion en la ficción, Las Olas (España, 2011), narra el viaje, pospuesto durante años, de Miguel después de la muerte de su mujer, desde Valencia hasta la ciudad de Argelés-sur-mer, al sudeste de Francia, a unos 35 kilómetros de la frontera con España. La ciudad francesa del Mediterráneo albergó un campo de refugiados, de republicanos españoles, que recibieron asilo en su huída del franquismo, al ocaso de la Guerra civil española. Miguel (interprteado por el actor Carlos Álvarez-Novoa) fue uno de los 500.000 refugiados que recalaron en dicho campo. El viaje del anciano es más un intento de reconciliación personal, que un trayecto geográfico. Antes un retrato humano y un conato de establecer un diálogo con la historia, que una película sobre la Memoria Histórica en sí. En el apartado técnico, Las Olas no oculta influencias del cineasta sueco Ingmar Bergman y en concreto de su memorable Fresas Salvajes (Smulltronstället, Suecia, 1957), donde otro anciano viajaba con una joven por el país, en el otoño de su vida. Las Olas se alzó con el premio San Jorge de Oro en la 33 Edición del Festival de Cine de Moscú.

En Los chicos del Puerto, Morais nos ofrece otro viaje, otro paisaje emocional, el de tres niños que recorren una Valencia apenas reconocible. Lo que en un principio iba a ser un documental sobre el marginal barrio valenciano de Nazaret (cercado por un enorme muro por un lado y por la autopista y toda su infraestructura, por otro, circunstancias éstas que contribuyen al notorio aislamiento que padece), terminó como una ficción en torno al deber del abuelo (interpretado por el actor canario Jose Luis de Madariaga) de uno de los tres niños protagonistas. Se trata de llevar a la tumba de un amigo suyo, Julio Ferrer, que acaba de morir, una chaqueta militar republicana. Es un viaje que el anciano no puede hacer. Su nieto Miguel, asume gustoso el compromiso sellado desde la guerra civil. En compañía de Lola y Guillermo, recorre el desolado barrio de la periferia valenciana. Los tres niños caminan por los espacios muertos de las autopistas, utilizan furtivamente el tranvía, trasnochan en la calle, visitan varios cementerios, estimulados por un deber casi ancestral y por la huída, aunque sea temporal, de un lugar sin futuro. A su regreso, sus progenitores apenas les han echado de menos. La madre de Miguel le pregunta dónde ha estado. El niño responde con un parco “por ahí” y la progenitora continua con sus quehaceres domesticos, como si nada hubiese pasado, como si el niño hubiese otorgado las mayores y más convincentes explicaciones respecto a su ausencia.

Alberto Morais en 'Los encuentros con el cine' de Santa Cruz de Tenerife
Alberto Morais
Salvo unos planos parciales de la Ciudad Monumental de las Ciencias y de Las Artes, la Valencia que retrata el director vallesoletano es, como decíamos, practicamente irreconocible. Las localizaciones del barrio de Nazaret, como apuntó Marais, servirían para enclavar una película sobre la Guerra de Irak. El joven director conoce bien el barrio en cuestión, pues su padre trabajó como médico durante muchos años en él. Lugares casi vacíos, nada emblemáticos, paisajes casi desérticos, personas practicamente alienadas, construyen el desolador viaje de los tres niños. Los chicos del Puerto es una película sobria, contenida, austera, de planos largos, estructurada alrededor del silencio. La película, según su director "...se construye a medio camino entre la pantalla y la mente del espectador. Si no hay trabajo del espectador, quizá la película no se construya”. Una gran responsabilidad, pero también un enorme aliciente, para el cinéfilo que se aproxime al visionado del filme.

El cineasta se plantea como objetivo, la naturalidad en grado sumo, la que se consigue sin efectismos visuales, utilizando los espacios como mecansimos narrativos, huyendo del énfasis en la sorpresa y de cualquier golpe de efecto, que estropean buena parte de las propuestas cinematográficas más recientes. La película configura, sin duda, un retrato social, con personajes en el umbral de la pobreza, a los que la cámara trata con absoluta dignidad y los mira de igual a igual. Marais utiliza una “mirada horizontal”, con el propósito de escapar de lo que él denomina “cine social con colchón”, el cine que focaliza los problemas sociales con un lenguaje burgués, plagado de constantes trampas de guión y con una puesta en escena cuyo sentido último es la transmisión al espectador de un torrente de emociones manipuladas y de un sentimiento final de culpabilidad. Ello, según el realizador, constituye un panfleto politico, y no hace trabajar al espectador.

En el plano actoral, el empleo de actores no profesionales para los roles de los tres niños, Omar Krim, Blanca Bautista y Mikel Sarasa, que interpretan, respectivamente a Miguel, Lola y a Guillermo, consigue el nada desdeñable propósito de la narración de la historia a través de sus rostros. Los niños fueron meticulosamente escogidos (en un casting de unos 600) y dirigidos precisamente para que no actuasen, para que fueran completamente naturales. La idea, nuevamente en palabras de su director, era que el texto (el guión) fuese por un lado y el gesto (la interpretación) por el suyo, sin que éste subraye ni enfatice aquél.

Alberto Morais en 'Los encuentros con el cine' de Santa Cruz de Tenerife

Los tres personajes, son unos niños tristes, que nunca se ríen, que juegan sin entusiasmo, sin la menor estridencia, en silencio, con plena seriedad. Son “niños viejos”, carentes de un tejido familiar y social adecuados, que viven el duro día a día de un barrio marginal de la periferia de Valencia. Miguel, Lola y Guillermo son niños invisibilizados por el despiadado mundo de los adultos. Unos adultos, que como apuntan las imagines de Marais, han deshumanizado su relación con los niños. No hay más que ver la reacción de las personas a las que los tres jóvenes preguntan datos, direcciones, etc. No solo no se interesan por ellos, es que los tratan de un modo muy distante, rayando lo despectivo. El mundo adulto actual invisibiliza a la infancia, al eslabón más débil de la cadena social.

En el coloquio que siguió a la proyección, la realizadora Eugenia Arteaga, apuntó un dato esencial “Los niños sienten mucho lo que hay a su alrededor y si no hay nada, no expresan nada”. Una muy aguda reflexión, que sin duda contribuye a clarificar la eficacia de la construcción de esta película sobria y contenida. Una película de la “estética de la quietud”, según palabras del moderador del coloquio, el historiador de cine y profesor de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna, Enrique Ramírez Guedes.

Los Chicos del Puerto es un trabajo honesto, que traza una mirada, a la vez compleja y sutil, hacia el universo infantil más desarraigado. Contiene un trabajo técnico muy cuidado y solvente, con un empleo del sonido natural absolutamente desolador. Tales características configuran el estimulante tercer largometraje de Alberto Marais, cineasta que estuvo absolutamente franco y accesible ante un publico escaso, pero muy permeable a lo que se compartía en el mágico encuentro con el cine nº 4 de la capital tinerfeña.

4º Encuentros con el cine de Santa Cruz de Tenerife


Sólo los amantes sobreviven
“SÓLO LOS AMANTES SOBREVIVEN” (Only Lovers Left Alive) es el último trabajo orquestado por el aclamado cineasta de cine indie Jim Jarmusch (Flores rotas, Coffee & Cigarettes) el cual firma el libreto de la película también. El plantel de actores lo encabezan dos estelares intérpretes, la actriz Tilda Swinton y el actor británico que da vida en la ficción al hermano asgardiano de Thor, Tom Hiddleston, a los que secundan de forma notable John Hurt, Anton Yelchin y Mia Wasikowska.

“SÓLO LOS AMANTES SOBREVIVEN” nos emplaza simultáneamente a la oscura ciudad de Detroit y a la exótica ciudad de Tánger. En la primera, reside Adam (Tom Hiddleston), un vampiro taciturno que ama tanto la música como a su compañera sentimental con la que lleva siglos de relación, la vampiresa Eve (Tilda Swinton) una gran amante de la literatura que ahora se encuentra en Tánger. Ambos necesitarán reencontrarse de nuevo y serán interrumpidos por la visita inesperada de un familiar, cuyas consecuencias pueden dar un giro esencial a sus sempiternas vidas.

Tilda Swinton & Tom Hiddleston in "Only the lovers left alive "
Tilda Swinton y Tom Hiddleston
El realizador Jim Jarmusch nos entrega esta pieza del séptimo arte de forma delicada y cuidada. Una nueva visión acerca del universo vampírico, partiendo de una historia extra romántica que une a dos amantes a través de los tiempos, el significado del “amor eterno” cobra sentido en esta bella obra cinematográfica que habla de sentimientos. Pero también de la pasión por la música, el arte y la literatura. En el largometraje nos encontramos innumerables guiños/homenajes a músicos, obras literarias, escritores…sólo hay que ver la pared del estudio de Adam que casi se cae de los cuadros con fotografías de grandes autores, donde podemos vislumbrar desde a Edgar Allan Poe hasta Oscar Wilde o los mismísimos Bob Dylan o Neil Young, entre muchos otros. También se nos muestra su enorme fervor por las guitarras ( mención especial a Eddie Cochran), posee una buena colección de guitarras antiguas con las que toca y compone su música rock. Y tampoco falta una extensa recopilación de discos de vinilos, que suenan habitualmente en su tocadiscos como buen melómano. Ellos también han marcado el ritmo de su dilatada existencia. Por otra lado, la exquisita y elegante vampiresa Eve ama la literatura y tiene las primeras ediciones de libros en sus idiomas originales (memorable la escena en la que hojea los libros sintiendo el tacto de sus hojas).

La historia discurre lentamente pero de forma intensa, construyendo un ejercicio nutrido de pasión y romanticismo con estética neogótica. El hilo conductor que mueve la trama nos va sorprendiendo contando con interpretaciones cargadas de matices y de diálogos densos e intelectuales que incluyen importantes figuras históricas, conversaciones que evocan a distinguidos poetas, filósofos y prestigiosos músicos.

Tom Hiddleston en "Sólo los amantes sobreviven"
Tom Hiddleston 
El título goza de una puesta en escena impresionante, todos los planos y encuadres están estudiados y visualmente es una verdadera maravilla, destacaría especialmente la presentación de sus dos protagonistas cuando empieza la película.

Sin duda alguna, los protagonistas centrales se merecen las más grandes de las ovaciones por su enorme entrega en sus roles, la química y conectividad se respira y palpa entre Tom Hiddleston y Tilda Swinton, las dos estrellas que brillan en la función y nos regalan una sesión cinéfila de élite. Sin olvidarnos de los secundarios de lujo que completan el reparto, que mantienen el nivel de calidad de sus principales contando con un simpático Anton Yelchin, una rebelde Mia Wasikowska y un antológico poeta en el que se mete en la piel, el veterano actor John Hurt.

La música está presente en todo momento durante todo el film, la banda sonora incluye temas muy variados, desde un tema de Hal interpretado en la película por la libanesa Yasmine Hamdan hasta Funnel of Love de Wanda Jackson o Little Village de Bill Laswell. La soundtrack original corre a cargo del grupo “SQÜRL” al que pertenece el director de la cinta, la partitura ha sido compuesta por el músico minimalista Josef Van Wissem ambientándonos en la mezclas culturales y diferentes geografías, estableciendo una atmósfera repleta de nostalgia.

John Hurt  in "Only the lovers left alive "
John Hurt
Aunque la versión romántica en el mundo de las criaturas de la noche ya lo vimos en la película de Drácula (1992) de Francis Ford Coppola basada en la novela homónima de Bram Stoker, la infravalorada Saga Crepúsculo o inclusive series actuales como True Blood o Crónicas Vampíricas esta nueva revisión nos trae unos chupasangres muy cools y contemporáneos que se acercan a una realidad intensificadora, viven distantes de la sociedad humana, Adam inclusive de manera despreciativa llama a los humanos “zombies” y se relacionan de forma selectiva, intentando no hacer ruido y hacer de sus días lo más fáciles y completos posibles. Utilizan smartphones, beben sangre de máxima calidad en copas finas y duermen en grandes camas. Aunque el peso del tiempo hace mella también y todo puede llegar a cansar, lo que queda constatado es que el amor es inquebrantable. 

Una buena película al que hincar el diente y que nosotros pudimos disfrutar gracias a nuestros apreciados amigos de SENSACINE.COM

Walter Pfister, también conocido como Wally Pfister, viene a presentarnos su ópera prima intitulada “Transcendence”, film que está apadrinado por el fenómeno cinematográfico de la dirección Christopher Nolan y la eterna compañera de éste (de correrías fílmicas y personales), Emma Thomas. Y no es para menos, ya que Wally es el fotógrafo de cabecera de Nolan

Contagiado por la enorme celebridad que ha ganado su mentor en los últimos años, Pfister decidió lanzarse al ruedo en la silla de director con este guión a cargo de Jack Paglen y la responsabilidad de la fotografía quedó en manos de Jess Hall, para concentrarse por completo en la dirección de su debut cinematográfico.

Pfister nos adentra en la historia del Dr. Will Caster (Johnny Depp), conspicuo científico-investigador de la A.I. (Artificial Intelligence) o I.A. (Inteligencia Artificial) quien ha creado una máquina-software capaz de tener todo el conocimiento humano acumulado a lo largo de las centurias (más o menos como las ambiciones de Google), pero con el plus de poseer el amplio rango de las emociones humanas, premisa que, como es cotidiano en este tipo de temas, nos acerca a uno de los temores primordiales del ser humano contemporáneo: que la máquina-software tome conciencia de sí misma, nos considere inferiores y por ello quiera acabar con nuestra existencia (“Terminator” de James Cameron, por ejemplo). Claro que ha habido variantes en las propuestas fílmicas a lo largo de los años: en unas, la máquina-software nos quiere someter (v. gr.: “The Matrix”); en otras, quiere mantener el status quo obtenido (v. gr.:“Wall-E”); y en unas más, hasta se enamora de nosotros (v. gr.:“Her”).

Johnny Depp  en "Trasncendence"
Johnny Depp
Lo interesante de la premisa de Paglen es que la creación de la máquina-software de “Caster” llevaría a un misterioso estado de excepción tecnológica; o en la acepción personal del Dr. Will, a la trascendencia. Este concepto lo sufre él en carne propia, ya que una bala contaminada con un radioisótopo, cortesía de un miembro del “RIFT” (“Revolutionary Independence From Technology”, algo así como “Independencia Revolucionaria de la Tecnología”, quienes están en contra de su proyecto), le va quitando la vida de forma gradual, por lo que días antes de morir, su esposa, la Dra. Evelyn Caster (Rebecca Hall), enlaza el conocimiento y las emociones de su esposo a la supermáquina creada por éste.

Una vez muerto, el Dr. Caster logra su propia trascendencia, pues ahora él es la máquina, él es el software y conectado a Internet se convierte en lo que podría ser la mayor amenaza para la humanidad o en la redención que por tantos años hemos esperado como especie.

Lo que pudo haberse convertido en un extraordinario debut cinematográfico, simplemente quedó en una anécdota del largo rubro de la historia del cine. Pfister no logra la conexión con el espectador: no hay en su metarrealidad encuadres que emocionen; no hay siquiera efectos visuales que llenen la pupila (lástima por los 100 milloncetes de dólares que gastaron en la realización de esta película); no hay nada que rescatar en los parlamentos de los actores. No se nota el esfuerzo por querer conmover, por querer cimbrar las estructuras pensantes de la audiencia, que la lleve a cuestionarse sus propios dichos, sus costumbres, sus metas, sus miedos o sus alegrías, o en otras palabras, su propia trascendencia. Simplemente fue llevar a la pantalla un guión, sin tomarse la molestia de saber si tenía la capacidad de ser cinematográfico, de si la existencia de esta obra tendría la cualidad de unirse al espíritu humano del cual surgió.

Morgan Freeman, Rebecca Hall y Cillian Murphy en "Trasncendence"
Morgan Freeman, Rebecca Hall y Cillian Murphy
Incluso la música está por encima del film. Este único acierto corrió a cargo de Mychael Danna, quien ya había incursionado en estos temas del Sci-Fi con “Johnny Mnemonic” (1995). Además el originario de Manitoba, Canada ya presume un Oscar en sus vitrinas por “La vida de Pi” (2012).

Por lo que toca a los actores, éstos también estuvieron en carácter de intrascendentes. Johnny Depp, despojado de paliacate o sombrero loco, caracterizado esta vez como en su papel de “A la hora señalada” (1995), desarrolla su personaje como una tabla de policarbonato: planito, planito. Es un buen actor y ha tenido buenos registros actorales a lo largo de su carrera, pero esta vez nos quedó a deber.

Morgan Freeman. El buen Morgan. A pesar de su edad, es un actor muy solicitado en Hollywood y no por nada, pero después de haber visto esto, prefiero recordarlo por “Seven”, “Million Dollar Baby”, en la trilogía de Nolan del Hombre Murciélago o en aquel inolvidable papel como “Red” en la sublime “Cadena perpetua”. Aquí nomás vino a embolsarse unos billetes.

De quien sí me esperaba más, era de Kate Mara (hermana de Rooney, protagonista de “Her”), por el hecho de que desde hace tiempo ella ha querido ser trascendente en Hollywood, pero con este tipo de actuaciones no lo va a lograr. Se supone que era la acérrima enemiga del Dr. Caster, como una de las líderes del grupo extremista RIFT, sin embargo, casi ni tiene tiempo en pantalla. A estas alturas de su carrera debería tener la habilidad de conseguir más parlamentos para poder desarrollar un personaje (cualquiera que éste sea) que le brinde resultados satisfactorios. No obstante, como estaba en plan de intrascendente, esto no le importó.

Es entendible que cuando trabajas para alguien tan célebre por hacer tan bien las cosas como Christopher Nolan, te contagies del ánimo reinante y te entren ataques de creatividad que no posees; Pfister ha sido víctima de ello y debe comprender que como director de cine es un excelente fotográfo: trascendente en esto último, pero completamente intrascendente en lo primero.

X-Men: Días del Futuro Pasado [2ª Crítica]
Bryan Singer se acordó de dar el do de pecho nuevamente: retomó aquellas buenas hechuras que mostró en esa genial pieza cinematográfica llamada “Sospechosos habituales” (1995) y angula su carrera hacia una nueva dirección que es de esperar ya no abandone. Porque, a veces, se toman las decisiones equivocadas, los caminos erróneos, sin embargo, nunca es tarde para reagrupar las ideas, suministrar la mente de las fortalezas del alma y emprender la ruta hacia el sendero correcto.

Después de sorprender al mundo con la ya mencionada “Sospechosos habituales”, tuvo su primer contacto con los “X-Men” en el 2000 y al no contar éstos con antecedentes cinematográficos, Singer pudo destacar en la dirección de esta película, sin reproches por parte de la crítica y del público, pues contó con la ventaja de que ya se ansiaba ver de carne y hueso, y en la pantalla grande a los mutantes del Profesor Charles Xavier.

Posteriormente, mantuvo las estructuras en “X-Men 2” (2003) e incluso logró un mejor producto. Todo marchaba sobre ruedas, pero cuando le tocó emprender el vuelo junto a Kal-El, el director neoyorkino sufrió del efecto de la gravedad y se estrelló sin más remedio. No contento con ello, se aventó a dirigir a Tom Cruise, entregando un film bastante irregular con “Valkiria” (2008) y para colmo en 2013, cuando parecía que retomaba el camino, el pésimo final de “Jack el caza gigantes” terminó por desmoronar todas las ilusiones sin llegar a cristalizarlas.
Bryan Singer rodaje "X-Men: Días del Pasado Futuro"
Singer luce como un friki total... aunque cuando hizo la primera X-Men, no tenia ni idea de quienes eran...

En fin, que esta escalada hacia el averno no paraba, pero algo (o alguien) lo hizo entrar en razón: Él creó el mundo de los X-Men para el cine, lo dotó de personalidad y peso propios. ¿Quién mejor que él para recomponer el camino de sus queridos mutantes y de su propia carrera como director de cine?

Retomando la historia del cómic “The Uncanny X-Men” de 1981 (cuya trama y trazos son crédito de Chris Claremont y John Byrne) de Marvel Comics (de los números 141 y 142 básicamente), Singer teje en pantalla la urdimbre del exterminio de los mutantes a manos de los “Centinelas” (“robots gigantescos y sofisticados programados para exterminar mutantes”, según definición Marvel). Con la adaptación cinematográfica surgieron algunos cambios respecto a los dos comics; modificaciones que Simon Kinberg (guionista de esta película) realizó de manera efectiva: la primera y más notable es la del viajero en el tiempo. En el cómic epónimo #141: “Days of Future Past” (“Días del futuro pasado”), quien se traslada en el tiempo es “Kitty Pride” a través de “Rachel” -una telépata y telequinética-, para advertir a sus homólogos en el pasado de la seria amenaza que se cierne sobre su futuro. En el film, el enlace es “Kitty” (Ellen Page) y el transportado es “Wolverine” (Hugh Jackman). Nada perdido Kinberg y Singer. ¿Quién ha sido el personaje más rentable de la franquicia? Pues Logan, ni más ni menos. El carisma y la autenticidad que le ha aportado Jackman a este papel es irrebatible. La quintaesencia del personaje de las garras está exaltada en Hugh, quien magistralmente supo meterse en la piel de “Logan” desde el principio, nació para interpretarlo; lo dobla, lo desdobla, lo sacude y lo acomoda según su conveniencia y siguen siendo uno solo. Adamantium es lo que corre por la sangre de Hugh Jackman. Así entonces, el héroe central tenía que ser él.
Centinela de  "X-Men: Días del Pasado Futuro"
El centinela mas parecido a los originales que encontraremos en el film

Otra clave de este acertado film es la modificación de los “Centinelas”; el modelo que aparece en el cómic es puesto en escena en la época de los 70’s y ante el lógico desarrollo del tiempo y la tecnología, aparecen los renovados “Centinelas” en el futuro con la virtud de mimetizar las condiciones ventajosas de sus enemigos en cuestión, o sea, los mutantes. Replican los poderes de todos ellos. Un llamativo y portentoso modelo que ya verán en pantalla en toda su magnitud.

También otra acertada modificación es la batalla que se libra en el pasado: en el cómic #142 intitulado “Mind Out of Time!” o “¡Mente a destiempo!”, la refriega se da en 1980, mientras que en la película es en 1973, cuando la década de los 70’s ya tenía una identidad propia, alejada de los 60’s y con la inserción de melodías que logran refrescar el desarrollo de la saga y le imprimen un sello inconfundible a este metraje. Los hipnotizará la demostración de poder que hace “Quicksilver” al unísono de la voz de Jim Croce mientras éste interpreta “Time in a bottle”; suena un tanto ridículo, pero ya verán qué brillante es este plano-secuencia tan bien logrado por Bryan Singer.

Se da el choque entre mutantes, pero a diferencia del cómic, en la película la pelea se centra principalmente entre “Mystique” (Jennifer Lawrence) y “Magneto” (Michael Fassbender). En “¡Mente a destiempo!” es una lucha grupal y brutal entre “La Hermandad de Mutantes Malvados” (compuesta por “Avalanche”, “Destiny”, “Pyro” y “Blob”, sin soslayar a su líder, “Mystique”) y los “X-Men” (integrados en este combate por “Colossus”, “Wolverine”, “Storm”, “Nightcrawler”, “Angel” y “Kitty Pride”). Muchas veces las batallas multitudinarias son estupendas (cuando las coreografías son muy buenas) y hay sobrados ejemplos de ellas en la historia del cine. Pero en esta ocasión se agradece, ante el bien desarrollado drama que ejecutó Bryan Singer (superando en este renglón incluso a “X-Men 2”) que en 1973 el peso de la película recayera en la siempre inquietante Jennifer Lawrence, para venir a confirmarnos lo que siempre hemos pensado de ella: que es una excelente actriz.

Jennifer Lawrence en "X-Men: Días del Pasado Futuro"
Jennifer Lawrence, espectacular como siempre

Hay otros aciertos de este film, más pequeños, pero también muy certeros: el “Dr. Bolivar Trask” (supremo Peter Dinklage); “Blink” (qué atractiva Bingbing Fan); “Charles Xavier” (en sus dos versiones: James McAvoy y Patrick Stewart); “Magneto” (con el tándem Fassbender-McKellen); “Beast” (el bien evolucionado Nicholas Hoult); y la versión de Richard Nixon que continuamente aparece en “Los Simpsons”: Mark Camacho.

¿Y la escena post-créditos? Existe una. Aunque aparece hasta el mero final de los créditos, no se la pierdan pues es el preámbulo para la siguiente entrega de la saga: “X-Men: Apocalypse” (será dirigida por el mismo Bryan Singer para el 2016).

¿Qué impacto tendrá en este verano de 2014 esta película? Para responder me gustaría parafrasear a los mismos “X-Men”: “Todo queda en ellos… como siempre, cuando hay un verano que salvar”. Y vaya que lo salvaron.

Peter Dinklage en "X-Men: Días del Pasado Futuro"
Dinklage es otro de los aciertos del film

Encuentros con el cine Teatro Guimerá Tenerife
El Teatro Guimerá de Santa Cruz de Tenerife acogió el pasado martes 27 de mayo a las 20:00 horas el tercero de los Encuentros con el cine, organizado por Digital 104, empresa de audiovisuales compuesta por los cineastas canarios Jairo López, Domingo González, Eugenia Arteaga y Jonay García. Los jóvenes realizadores han vuelto a organizar una jornada cinéfila muy especial, congregando a un grupo nada desdeñable de cinéfilos. Esta vez, el encuentro ha sido con el director de cine oriundo de la isla de La Palma, Miguel Ángel Toledo, con ocasión de la proyección del corto 'Miserere Nobis' (España, 2003) y del largometraje 'La Senda' (España, 2012). El tercer realizador que acude a la cita de Encuentros con el cine, es el segundo director canario que comparece a los mismos. El primero fue David Pantaleón, natural de la isla de Gran Canaria, con su largo Fronteras de Zalamea (España, 2012), y sus cortos 'A lo Oscuro más seguro' (España, 2012) y 'Por la Puerta Grande' (España, 2013). Se contó para el evento, con la moderación de Manuel Díaz Noda, crítico de cine, quien efectuó un preciso análisis de ambos trabajos de Miguel Ángel Toledo, al comienzo del debate, tras las proyecciones mencionadas.

Miguel Ángel Toledo es uno de esos cineastas canarios que, a finales de los años 80, principios de los 90 del pasado siglo XX, formó parte de esa comunidad de lo audiovisual que contribuyó a otorgar visibilidad y cierta notoriedad al cine realizado en Canarias, alcanzando proyección tanto a nivel nacional como Internacional. En este panorama encontramos a realizadores como los hermanos Santiago y Teodoro Ríos, quienes lograron una gesta local con su película Guarapo (España, 1988), nominada al Goya a mejor dirección novel, comienzo de una trilogía denominada “sobre la emigración”, que continuó con Mambí (España, 1998) y El Vuelo del Guirre (2007). Se trata de películas de un gran compromiso social, donde se narran desde distintos ángulos, las penurias sufridas en las islas por los canarios, y la necesidad de la emigración, que se produjo masivamente en los años cuarenta del siglo XX, principalmente hacia Venezuela y Cuba.
Miguel Ángel Toledo en el Teatro Guimerá de Santa Cruz de Tenerife
Miguel Ángel Toledo respondiendo preguntas al público presente

En 1996, el joven chicharrero (sobrenombre de los habitantes de Santa Cruz de Tenerife, capital de la isla de Tenerife), Juan Carlos Fresnadillo, irrumpe en el panorama con el cortometraje Esposados (primer cortometraje español en optar al Oscar de la Academia de Hollywood), que cuenta con Miguel Ángel Toledo a cargo de la producción, y constituye un trabajo sensacional de 23 minutos, protagonizado por Pedro María Sánchez, Anabel Alonso y Germán Cobos, donde el cineasta realiza un thriller, entre cómico y macabro, con un particular talento en el uso del montaje, en el rédito de la fotografía en blanco y negro, desplegando una rotunda personalidad a la hora de colocar la cámara. A este corto siguió la película Intacto (España, 2001), que contó con un casting que reúne a Leonardo Sbaraglia, o al veterano Max Von Sydow. Fresnadillo alcanza la notoria proyección internacional al tomar las riendas de '28 semanas después' (28 weeks later, Gran Bretaña, 2007), secuela directa de '28 días después' (28 days later, Gran Bretaña, 2002), de Danny Boyle e Intruder (España, EEUU, G.B., 2011). Tiene en cartera un proyecto para Dreamworks titulado Wendsday y ha estado vinculado a dos trabajos, cancelados hasta la fecha, el remake de Los Inmortales (Highlander, EE.UU.-G.B., 1988), de Russell Mulcahy y de El cuervo (The Crow, EE.UU., 1994), de Alex Proyas.

En este contexto de realizadores canarios surgidos en las décadas mencionadas, destacamos el nombre de Javier Fernández Caldas, que despuntó con dos cortometrajes, El Último Latido (España, 1992), rodado en blanco y negro, inspirado en el hecho real de un ladrón que entra a una casa a robar y sufre un infarto al ser sorprendido por la moradora de la vivienda y Frágil (España, 1995), la tragicómica historia de un joven y una mujer madura, para debutar en el Largometraje con La Isla del Infierno (España, 1999), donde un esclavo canario, trata de regresar a su isla como polizón en un barco, tras 20 años de cautiverio. 
Publico en el Teatro Guimerá de Santa Cruz de Tenerife
El público permaneció atento a cada momento del evento

El último de los nombres de este singular recorrido, es el de Elio Quiroga, novelista, guionista y realizador, natural de la Isla de Las Palmas, que debutó en el cine con el largometraje Fotos (España, 1996), aplaudido por Quentin Tarantino en el Festival de Cine Fantástico de Sitges. A este film siguieron La Hora Fría (España, 2007) y No-Do (España, 2009), escritos por él mismo. Fue co-guionista de Ausentes (España, 2005), de Daniel Carpalsoro, y en el terreno del cortometraje de animación, dirige en 2010, My Name is María, un desgarrador corto, que recorre la historia de una familia a los ojos de la menor de sus miembros, la niña María. Ha sido considerado para la dirección de proyectos como Guerra Mundial Z (World War Z, USA, 2013), que acabó realizando Marc Forster o el remake de Clave Omega (The Osterman Weekend, USA, 1983), de Sam Peckinpah.

Miserere Nobis es un cortometraje producido por Volcano Films, cuya protagonista es una joven ingresada en una habitación de un hospital, que parece tener una enfermedad terminal y moverse en esa especie de limbo entre la vida y la muerte. Podemos verla charlar de manera cotidiana con el enfermero que la cuida, no hacer nada cuando la anciana que languidece en la cama contigua se ahoga y fallece, y al mismo tiempo la vemos en un bosque tumbada o en el estanque de un parque boca arriba.

La Senda, largometraje realizado casi diez años después del cortometraje mencionado, comienza con un hombre en pijama arrastrando en un paisaje nevado una silla, a la que se sube. La cámara se limita a filmar los pies del hombre, y rápidamente percibimos que se ha ahorcado. La acción se traslada a una partida de ajedrez en el seno de una competición, donde Raúl (Gustavo Salmerón), vence y es aclamado como el maestro. Tratando de recuperar a su mujer Ana (Irene Visedo) y a su hijo Nico (Ricardo Trenor), parte con ellos hacia una cabaña en la montaña en pleno invierno. De camino hacia la cabaña, conduciendo el vehículo que los lleva a los tres al apartado lugar, ve al hombre en pijama del comienzo, que corre por la nieve… es él mismo. Con esta premisa, claramente Toledo, nos sumerge en el terreno de lo sobrenatural, donde nada (o casi nada) va a ser lo que parece. La trama se complica con la aparición de Samuel (Ariel Castro), un joven argentino que vive por la zona, y que despierta unos celos enfermizos en Raúl. La constante dualidad entre la realidad y lo que el protagonista cree que es la realidad, o le gustaría que fuese la misma, presiden la narración en una trama que potencia cierta confusión, necesaria a los propósitos dramáticos. Miguel Ángel Toledo consigue articular adecuados mecanismos de suspense con el uso inquietante de uno de los títeres de Nico, o con un perro que persigue al protagonista por las inmediaciones de la cabaña, a modo de culpa personal del protagonista (en palabras del propio realizador), hasta desembocar en un desenlace impactante, para el que de alguna manera se nos ha ido preparando y articulando algunas pistas, y que está filmado hacia atrás (la nieve es vista desde dentro de la cabaña cayendo hacia arriba).

Miguel Ángel Toledo dando indicaciones para "La Senda"
Toledo dando indicaciones para el film
Toledo triunfa en la descripción de Raúl como una mente metódica, inteligente, un fetichista del ajedrez (no hay más que ver como “desviste” la caja envuelta en una tela aterciopelada, que conserva unas piezas perfectamente talladas). Raúl es un hombre obsesivo, paranoico, extremadamente metódico, del que rápidamente intuimos que algo no va bien, y como causa inquietud, tanto a Nico, como a Ana. La senda tarda un poco en arrancar, tras el impactante comienzo, y hace un abuso de la pista de sonido para crear inquietud, lo cual no habría sido narrativamente necesario, debido al adecuado manejo de los mecanismos de suspense, y del espacio escénico. Toledo reconoció el efectismo en el empleo de sonidos perturbadores, que justificó por la necesidad de vender la película encorsetada en el género del terror. El director obtiene un adecuado partido del entorno nevado, alrededor de la cabaña. Ello no deja de resultar paradójico, pues el director quería filmar la película en la isla de El Hierro, lo que habría complicado la producción. El guión de La Senda está firmado por Miguel Ángel Toledo, con Juan Carlos Fresnadillo, y entre los agradecimientos finales, figura el nombre de Javier Fernández Caldas. La película ha tenido escaso éxito comercial en nuestro país, pero ha sido un éxito rotundo en Corea del sur, y en Méjico, donde se ha distribuido como El Camino del Diablo, y ha gustado también en Francia y Alemania.

Tras la proyección, un magnífico debate tuvo lugar, donde los presentes pudimos escuchar a un hombre de cine, a alguien completamente honesto y auténtico, muy crítico con su película, de la que dice estar descontento, y de la que hace un análisis implacable al calificarla el mismo como “pretenciosa, sin arco dramático, y el niño parece una cómoda”. Según Toledo la película adolece de “fallos gravísimos que yo no toleraría a nadie”. Considera igualmente que ha aprendido con este filme lo que tenía que aprender y que tiene claro lo que quiere en su terreno. Sin duda habrá que seguirle la pista en su siguiente largo, financiado entre EEUU y Méjico.

Miguel Ángel Toledo tiene claro que “El arte se manifiesta cuando alguien entiende”. “Los grandes filósofos hablan con palabras sencillas”, “Lo importante no es lo que yo cuento, sino lo que ustedes perciben”, “El cine no es el vehículo ideal para el pensamiento, para la reflexión intelectual”. Para Toledo, es crucial el respeto al público en la apreciación de la película, de los detalles. Considera que el canal de transmisión es perfecto cuando el público entiende la película, y que, por tanto, su objetivo es conseguir ser entendido, no hacer películas codificadas para la auto-complacencia del realizador o de algún avispado crítico de cine.
Fotograma de  "La Senda"
Fotograma de  "La Senda"

Ahondando en La Senda, Toledo considera que “El gran misterio de la realidad es la percepción”, y que “La realidad es un fenómeno totalmente subjetivo que depende del estado de ánimo. El cine permite muy bien transmitir esa idea”. El cineasta desmiente que él realice cine de género y cita a su colega Juan Carlos Fresnadillo, quien sostiene que “El género es un corsé que realza la figura”. Cuando se le pregunta por las influencias, niega categóricamente que su película tenga algo que ver con El Resplandor (The Shinning, USA, 1980), de Stanley Kubrick, como han afirmado algunos críticos, y considera que su trabajo está más cerca de La Escalera de Jacob (Jacob’s ladder, USA, 1990), de Adrian Lyne, o El Corazón del Ángel (Angel Heart, 1987), de Alan Parker, y con la leyenda tibetana de los 47 días después de su muerte, donde el difunto no la acepta y trata de cambiar la realidad.

Miguel Ángel Toledo reflexionó igualmente sobre lo complicado que es la filmación en España, “Hacer una película en este país es como ganarse la lotería”, sentencia. Un país donde “no existe meritocracia”. Tampoco tuvo tapujos para dejar claro que la edad dorada del cine canario de los años 90 del siglo XX ya no volverá, “El fenómeno cultural del cine canario ha muerto”, manifiesta. Para Toledo el cine hoy en día es un fenómeno global, y no nacional, y mucho menos regional. Ser consciente de eso, es la única manera de sacar adelante un proyecto fílmico. “Creo en un futuro brillante para la industria global”.

Los realizadores Wes Anderson, Spike Jonze y Noah Baumbach componen un triunvirato de cineastas estadounidenses nacidos en 1969, dotados con una formación cinéfila y literaria considerables, de plena actualidad por haber realizado recientemente tres obras de absoluta madurez, mecidas en un elaborado estado de gracia. Hablamos, respectivamente, de El Gran Hotel Budapest (The Grand Budapest Hotel, USA, 2014), Her (USA, 2013) y Frances Ha (USA, 2012). El primero y el tercero han colaborado en la escritura de los guiones de Life Acuatic (The Life Acuatic with Steve Zissou, USA, 2004) y Fantástico Sr. Fox (Fantastic Mr. Fox, USA, 2009), ambas dirigidas por Anderson.

El mismo año que Baumbach presenta en sociedad Frances Ha, el joven realizador alemán Jan Ole Gerster estrenó Oh, Boy (Alemania, 2012), su debut en el cine. La película recorría el lastimero trayecto vital de Niko Fischer (Tom Schilling), un joven a finales de la veintena, principios de la treintena, que utilizaba la asignación economica de su padre para entregarse a una vida hedonistamente cortoplacista, en lugar de estudiar la Carrera universitaria que le costean. Suprimida la asignación de su acaudalado padre, asistimos a su encuentro con el desolador e incierto panorama de uno de tantos jóvenes europeos, que ni estudia ni trabaja, aunque el caso de Niko obedezca a “méritos propios”, no a la devastadora crisis económica. Un Berlín en blanco y negro nada reconocible, e influencias de Jim Jarmusch, Jean Luc Godard y algún guiño al Taxi Driver (USA, 1976), de Martin Scorsese, configuraban una película fresca, muy bien planificada, un eficaz retrato sobre el desencanto vital.

En similar universo que el personaje de Niko de la película de Ole Gerster (la cotidianidad entre amarga y ocasionalmente divertida en una gran urbe) se mueve Frances Halliday en el filme de Baumbach. Cambiamos de continente y por supuesto de país y de ciudad. De Berlín a Nueva York, filmada igualmente en un elegante blanco y negro digital. Después de rodar Greenberg (USA, 2010), el director de Margot y la boda (Margot and the wedding, USA, 2007), vuelve a contar con la carismática Greta Gerwig, esta vez co-guionista además de intérprete principal. Frances Ha narra la historia de una jóven de 27 años, anclada en esa especie de bucle temporal, el del tránsito a la madurez, ese periodo en el que los apasionados momentos vividos en la Universidad, y la ingenuidad e inmadurez propia de la juventud deben ir quedando atras. Son unos años muy valiosos, en los que los sueños y aspiraciones vitales aún parece que pueden cumplirse, pero que van cediendo a razones de supervivencia, de intento de consolidación profesional. Esa consolidación no termina de llegar para Frances. La joven aspira a ser bailarina profesional, pero no pasa de ser simple suplente ocasional en la prestigiosa escuela de danza a la que pertenece y así lleva cinco años. Siempre está en alarmante precariedad económica. Cuando la conocemos comparte apartamento con su mejor amiga y compañera de la Universidad, Sophie (Mickey Sumner). Ambas amigas, absolutamente cómplices, juegan, recorren las calles, antes de dormir juntas en la misma cama, se recuerdan sus sueños y anhelos, se hacen confidencias etc. En un momento determinado se definen irónicamente como “…una pareja de lesbianas que ya no lo hacen”.

Greta Gerwig y Mickey Sumner en "Frances Ha"
Greta Gerwig (derecha) y Mickey Sumner
Frances se lleva un desengaño cuando Sophie le comenta que va a mudarse a un apartamento en el exclusivo barrio de Tribeca, con una compañera de piso a la que no soporta. No es solo la ruptura de una convivencia, es que dicha situación deja a Frances en la imposibilidad de costear en solitario la renta del apartamento. Luego, Sophie, con su novio Patch, se traslada a vivir a Japón, por exigencies profesionales de éste. La especie de obsesión de Frances por su amiga Sophie (la película, como ya han apuntado tanto la actriz como el realizador, parece tener la clásica estructura de comedia romantica, la de chico-pierde-chica, y chico-recupera-chica), hace que la joven no saque partido a su belleza, a la más que posible atracción de los jóvenes de su entorno, hacia ella. De ahí que uno de sus compañeros ocasionales de piso, Benji (Michael Zegen), claramente atraído por Frances, la llame “espanta chicos” y cuando se reencuentran tiempo después, le pregunte si continúa siendo una “espanta-chicos”. Ilustrativa es su cena-velada con Lev (Adam Driver), que incluye una accidentada carrera hacia el cajero automatico, por su empeño de querer invitarlo a cenar, para celebrar el haber recibido una devolución de Hacienda. No le ha pasado su tarjeta de débito por el datáfono del Restaurante, y decide buscar un cajero en la zona, hazaña que deviene en divertidamente complicada. La secuencia ilustra perfectamente el natural descontrol de la vida de la joven.

El itinerario personal de Frances viene dado por los diferentes apartamentos a los que ésta se traslada en el periodo vital que comprenden los 86 minutos de película. Dicho periplo incluye las navidades en Sacramento con su familia, y un fin de semana en París, en el piso de un amigo, en lo que supone un viaje totalmente desaprovechado y equivocado desde el punto de vista vital. Una melancólica conversación telefónica con Sophie (a la que no le dice donde está) y los infructuosos intentos de dar con una amiga que se había trasladado a vivir a la ciudad de la luz, así lo certifican.

Los fracasos que Frances van encadenando minuto tras minuto en la película, son mostrados por la mirada de Baumbach de un modo nada dramático, aunque sí en un ajustado tono agridulce, y sorprende la capacidad de tolerancia de la joven para recomponerse y seguir adelante, para poner buena cara. Ello le vale en un momento determinado de la película que le digan “pareces tan mayor… y tan inmadura”, en lo que parece una suerte de permanente estado de incosciencia ante los azotes de la vida y su persistencia de actitud.
Greta Gerwig y Adam Driver en "Frances Ha"
Greta Gerwig y Adam Drive

La película tiene un tono muy natural, calculadamente expontáneo, heredado de los maestros de la Nouvelle Vague francesa. En cualquier caso, parece ser que la economía de filmar en digital, ha permitido a Baumbach repetir las tomas de manera considerable, y ha sido en la sala de montaje, donde se ha conseguido ese tono de historia inacabada, sin un principio ni un final concreto, sin un arco argumental reconocible. Dicha característica, otorga a la obra una aureola, en verdad, fascinante, que triunfa con rotundidad en esa persecución del retrato de una vida sin rumbo. A esa finalidad contribuye de manera inequívoca e indisoluble, además de la acertada puesta en escena, la honesta, emotiva y apasionada interpretación de la californiana de ascendencia alemana, Greta Gerwig, definida por el crítico del New York Times A.O. Scott como “…la actriz definitiva de su generación…”.

Las referencias más inevitables, por lo reconocible, de esta sensacional película son, el Woody Allen de los años setenta del S.XX, con algún guiño para Annie Hall (USA, 1977), y reverencia absoluta para Manhattan (USA, 1979), la mencionada Nouvelle Vague, o nueva ola francesa, que incluye referencias a Godard, con Una banda aparte (Bande à part, Francia, 1964) a la cabeza, o el empleo de música de Georges Delerue para películas como Los Cuatrocientos golpes (Les quatre cents coups, Francia, 1959), Domicilio Conyugal (Domicile Conjugal, Francia 1970), o Una chica tan decente como yo (Une belle fille comme moi, Francia, 1972), todas ellas de Françoise Truffaut. El guiño al cine de éste último realizador, incluye alguna allusion en el guión al actor Jean Pierre Leaud, intérprete en cinco ocasiones del personaje de Antoine Duhamel. Finalmente, podemos apreciar cierta afinidad en la película de Baumbach, con los primeros trabajos de Jim Jarmusch, y en particular, con algunos personajes de la emblemática pieza del cine indie estadounidense, Extraños en el paraíso (Stranger than Paradise, USA, 1984).