Crítica de "[REC]4: Apocalipsis", diversión asegurada a pesar del guión.

Crítica de "El Juez", lo nuevo de Robert Downey Jr. y Robert Duvall

Crítica de "Ninja Turtles", el esperado regreso de las Tortugas Ninja a los cines

El por qué del declive de los Simpson

Crítica de 'La Isla Mínima': probablemente el mejor título español de 2014

Atrévete a realizar el test del sombrero seleccionador y averigua de que casa eres

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Una cautivadora historia familiar que te llegará al corazón.

Crítica de "El chico del millón de dólares"

“EL CHICO DEL MILLÓN DE DOLARES” (Million Dollar Arm) del cineasta Craig Gillespie aterrizó en nuestras carteleras el pasado fin de semana gracias a Disney España. Este título familiar está protagonizado por el actor Jon Hamm conocido por su papel de Don Draper en la aclamada serie estadounidense “Mad Men” al que secundan notablemente Aasif Mandvi, Pitobash Tripathy, Madhur Mitall, Suraj Sharma, Lake Bell, Alan Arkin y Bill Paxton.

JB (Jon Hamm) es un agente deportivo que tiene su propia empresa junto con su amigo y colega Aash (Aasif Mandvi), cuando la sociedad en común se encuentra en horas bajas, el hábil JB fragua una idea pionera con el fin de convertir a jugadores de cricket asiáticos en jugadores profesionales de béisbol que puedan ser fichados para jugar en la Mayor Liga de béisbol americano.

La cinta derrocha encanto, como un elixir de buenas vibraciones nos relata una entrañable historia basada en hechos reales. Conjuga emoción con un mensaje alentador, “persigue tu sueño y hazlo realidad”. A veces se trata de creer en ti mismo antes de que lo hagan los demás, de trabajar para poder alcanzar tus metas. El camino no es sencillo de recorrer y hay que atravesar muchos obstáculos, pero para ello hay que seguir insistiendo, que la derrota nunca nos deje perder la esperanza de lograr lo que queremos. La película versa sobre la familia y la amistad con pinceladas de romanticismo, dando lugar a una bonita narración que plasma las relaciones interpersonales, mezclando idiosincrasias de diferentes culturas.
Imagen de la película "El chico del millón de dólares"
JB (Jon Hamm y sus jovenes promesas

Entre sus puntos débiles, el título puede resultar algo edulcorado e infantil para el público adulto, es demasiado entusiasta y por momentos demasiado predecible, con una duración de más de dos horas (puede resultar cansino), aunque según el punto en el que nos encontremos o lo que busquemos al ir al acércanos al cine, puede ser una forma agradable e inmediata de evadirnos de nuestra realidad para entrar en una ficción que cuenta algo real de forma cautivadora y apasionante.

En cuanto al trabajo artístico el largometraje cuenta con un reparto solvente encabezado por el carismático Jon Hamm, aquí un poco con el síndrome de Peter Pan, la guinda la ponen secundarios de lujo como Alan Arkin (Argo) y Bill Paxton (Al filo del mañana). El trabajo de las dos jóvenes promesas del béisbol procedentes de la India que encarnan los actores Suraj Sharma (La vida de Pi) y Madhur Mittal (Slumdog Millionaire) es reseñable. Ambos consiguen empatizar con el espectador aportando el lado ingenuo y soñador, las nuevas peripecias hacen inevitable su paso a la madurez.

De alguna forma, la obra tiene ciertas reminiscencias a la de Danny Boyle, “Slumdog Millionaire”, no sólo por compartir uno de los actores que estuvo presente en el otro largometraje, también comparten una experiencia que les cambia totalmente la vida.

Lake Bell en la película "El chico del millón de dólares"
Lake Bell, el contrapunto femenino del film
El guión corre a cargo de Thomas McCarthy, uno de los autores de la historia del film de animación “Up” y que aquí se ha inspirado en un hecho verídico para adaptarlo a la gran pantalla, la trama pierde un poquito de fuelle al ser prolongada de manera innecesaria, lo mismo se podía haber contado con menos tiempo y hubiera mejorado el producto final.

Cerrando el balance, se salda positivamente, EL CHICO DEL MILLÓN DE DÓLARES es una propuesta familiar que deja se deja ver y deja un buen sabor de boca tras su visionado.


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Todos estamos de acuerdo en que la primera película de REC, dirigida por Jaume Balagueró y Paco Plaza, fue un producto absolutamente innovador en su ejecución. La manera de narrarnos la historia, cámara en mano, con esa perspectiva de primera persona lograba meternos de lleno en la acción.

Crítica de "[REC] 4 Apocalipsis": Diversión asegurada a pesar del guión.

Innovadora no solo en eso, también en su temática en lo que a "Cine Español" se refiere. No he visto la ópera prima de Balagueró, Los Sin Nombre, siempre he escuchado que era un film interesante. Supongo que en algún momento me acercaré a él. Lo que está claro también es que con REC ha logrado una auténtica franquicia (analizada por nuestra compañera Celia Recio en un especial de la saga) que se ha prolongado durante cuatro films, algún cómic con historias cortas añadidas que rellenan un poco los acontecimientos de la comunidad de vecinos donde comienza todo, y también una versión americana llamada Quarantine, protagonizada por Jennifer Carpenter (Deborah en Dexter), un remake desde luego innecesario y que es bastante peor que nuestro producto. En fin, que por dinero no será, porque sin duda este fin de semana, algunas salas se llenarán de fans y de no tan fans para ver cómo acaba todo.

En [REC] 4: Apocalipsis, retomamos los acontecimientos de la segunda entrega. De nuevo nos encontramos con Ángela Vidal (Manuela Velasco) esa joven reportera que sufrió de primera mano los ataques de los poseídos por el misterioso virus de la niña Medeiros.

Manuela Velasco en REC 4 Apocalipsis
Manuela Velasco vive un gran momento en su carrera como actriz

Un grupo de agentes especiales la rescatan del infernal edificio, exhausta y en estado de shock. Posteriormente, ella se despierta en un barco en alta mar, en donde hay un laboratorio secreto instalado en la bodega. Allí el doctor Ricarte (Héctor Colomé) intenta sintetizar una especie de vacuna con la que poner fin a la amenaza biológica. 
 
Sin que nadie más lo sepa, los científicos guardan un mono infectado con el virus al que quieren utilizar como cobaya para probar el retroviral. Y, evidentemente, los hechos se desencadenan con la liberación del mono diabólico.  

El argumento de esta cuarta entrega de [REC] , al igual que el de sus predecesoras, es digno de un survival horror (ese tipo de juegos que todos conocemos gracias a la franquicia Resident Evil).

Una vez más afirmo que me he divertido con esta entrega, es entretenida, cumple muy bien con los parámetros que uno puede esperar de este tipo de films. Ahora bien, debo entrar en los matices del film, que tiene bastantes. No voy a decir demasiados para no spoilear a nadie. Pero hay uno muy molesto: lo incoherente del guión.

infectados de REC 4 Apocalipsis
Tanto la estética como la ambientación nos recuerdan a Resident Evil Revelations, una entrega de la saga de Capcom que acontece en un barco.

La fantasía y la astracanada me gustan como al que más, pero eso es una cosa, y otra es que ya tomemos al espectador por memo. Los personajes son bastante vulgares. Se supone que uno tiene que empatizar con ellos, como por ejemplo el médico que intenta solucionar la crisis, que parece ser el personaje más creíble. Luego está Nic (Ismael Fritschi) el técnico de radio del barco, un fan de Ángela. Puede ser el “amigo friki” simpático que rebaja un poco el tono de horror de la cinta pero tampoco termina de cuajar del todo. De todas formas, hay algo increíble. Y es que, como todos recordaremos, Ángela tiene el parásito dentro desde la segunda entrega.  Supuestamente sube con él al barco, e incluso vemos una escena en la que el bicho el bicho aparentemente se mueve en su interior, pero más adelante, como por arte de magia, resulta que el parásito ha encontrado otro y que ella no lo tiene, haciéndonos entender, que el gusano de marras abandonó el cuerpo Ángela durante su traslado desde la Rambla Barcelonesa, acabando dentro del cuerpo de German, uno de los médicos del barco... aunque, sinceramente, eso no me quedo muy claro.

En esta cinta se hace muy evidente ya que lo único que importa es el dinero y ya no hay molestias en intentar hacer algo que se sostenga por algún sitio. Creo que aún queda cuerda para rato con esta historia aunque nos vendan que ya es el final. 

Independientemente de todo lo dicho, que como siempre no deja de ser una visión personal, animo a todos a que vean está cinta que se estrena el viernes 31 de octubre para que cada uno saque sus propias conclusiones, ya que por lo menos, y sean cuales sean nuestros gustos o inquietudes, [REC] 4: Apocalipsis consigue claramente un objetivo: divertir y entretener.



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David Dobkin, el realizador de comedias como El Cambiazo o de Boda en Boda, trae a la cartelera española “El Juez”, un emotivo film protagonizado por Robert Downey Jr. y Robert Duval.

Crítica de "El Juez"




Las sinopsis que había leído de El Juez antes de poder verla personalmente, me indicaban que estaríamos ante el típico film de abogados en el que un caso de asesinato se convertiría en el tema principal de la historia, y aunque el asunto no se aleja demasiado de la realidad vista, hay que admitir que dichas explicaciones se quedan cortas.


Con un maravilloso trabajo de fotografía que nos invita a visitar el para mi desconocido, estado de Indiana, esta cinta dirigida de forma excelente por David Dobkin nos presenta a un Robert Downey Jr. que vuelve a repetir su registro de tipo chulesco y prepotente, interpretando en esta ocasión a Hank, un abogado capaz de darle la vuelta a cualquier caso en el que haya de por medio la suficiente cantidad de dinero.

Alejado de su familia y en mitad de una situación en la que su matrimonio se debate entre el divorcio o una nueva oportunidad, Hank recibe la noticia del fallecimiento de su madre, teniendo que volver a la casa en la que se crio y en la que poco a poco, iremos descubriendo las razones que le hicieron alejarse de su pueblo de origen.

Robert Downey Jr. y Robert Duval en "El Juez"
"La pareja de Roberts", la mayor atracción de "El Juez"



En la casa de Hank nos encontraremos con sus hermanos, un joven con problemas mentales interpretado Jeremy Strong (Lincoln) y un adulto tullido por un accidente al que interpreta Vincent D´Onofrio (actor conocido por interpretar al reclusa patoso en “La Chaqueta Metálica” y que veremos haciendo de Kingpin en la serie Daredevil de Netflix), que junto al cabeza de familia, un envejecido Robert Duvall, harán que la estancia de Hank no sea especialmente confortable.

Tras el funeral de su madre (y un affaire con una joven y atractiva camarera que dará juego en el film por ser la hija de la guapísima Vera Farmiga), el personaje de Downey Jr. decide volver a abandonar a su familia, planes que cambiarán cuando la policía acusa a su padre (el juez de la ciudad), de haber atropellado intencionadamente a un tipo que veinte años atrás había asesinado a una joven por una mala decisión del juez al que interpreta Robert Duvall (Apocalipsis Now).

A partir de ahí, y con bastantes momentos emotivos (e incluso cómicos), iremos asistiendo a la reinserción de Hank en la vida de su familia y de su antiguo pueblo con el fin de defender a su padre de las acusaciones efectuadas contra él.

Robert Downey Jr, Vincent D´Onofrio  y Jeremy Strong en "El Juez"
Los hijos de "El Juez"
Por el camino, iremos descubriendo “los trapos sucios” que provocaron la difícil relación de Hank con su familia y en especial con su padre, un hombre de principio con una predisposición especial a hacer siempre lo que él quiere y cuya inocencia no quedará clara hasta el final del film.

Lejos de aburrir con las más de dos horas de metraje que incluye el film, Nick Schenk, el guionista de “El Juez” y uno de los responsables del exitoso film de Eastwood “Gran Torino”, consigue, con la ayuda del director, mantener nuestro interés en una historia repleta de matices y personajes que poco van ampliando el entorno de los protagonistas, y que mezclando escenas un tanto cómicas y otras duras pero emotivas (las escenas de un Robert Duvall enfermo e incapaz de sostenerse a sí mismo nos dan que pensar sobre nuestra fragilidad), consigue que el metraje te llegue al corazón, ignorando su longitud.

Sin ser un film con grandes artificios o una historia especialmente complicada, “El Juez” conseguirá cautivar al público gracias a las interpretaciones de Robert Duvall y Robert Downey Jr, actor que hace suya la película y que pese a que muestra su lado “Tony Stark” en gran parte del tiempo, consigue hacernos que nos olvidemos de su personaje superheroico en muchos momentos del film.

Billy Bob Thorton en "El Juez"
Billy Bob Thorton, otro grande en el film que en esta ocasión interpreta al fiscal contrario a "El Juez"
Personalmente, he de decir que se trata de un film familiar y sencillo, y aunque no creo que se convierta en el taquillazo del año, la recomendaría para todo aquel que quiera ir al cine a ver una película agradable, amena y capaz de mezclar el drama y la comedia sin caer en el ridículo gracias a un solvente grupo de actores y una dirección firme y efectiva.

Apuntadla en vuestras agendas y si ahora no encontráis el momento de ir a verla, no la dejéis pasar en la semana que celebremos “La Fiesta del Cine”, será un dinero bien empleado.



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The Equalizer (El Protector): Denzel Washington a las ordenes de Antoine Fuqua [Crítica]

El realizador nacido en Pittsburgh, Pensilvania, EEUU, Antoine Fuqua, pertenece a ese grupo de cineastas regulares que pueblan la industria del cine de su país. Sin llegar a ser considerados como “autores” (en el sentido de contener un discurso fílmico concreto, inequívocas señas de identidad o exhibir una personalidad apabullante, rasgos identificables rápidamente para complacencia del cinéfilo más avispado), resultan ser artesanos hábiles que nos ofrecen productos resueltos con oficio e inteligencia. En ese sentido, los filmes de Antoine Fuqua, encierran no pocas cualidades y contienen algunos atractivos puntos en común. Fuqua es para el thriller o el actioner actual (que languidece, salvo alguna honrosa excepción, de enfermedad cuasi terminal), lo que han supuesto realizadores como Richard Fleischer o Walter Hill, para el género en los años 70 u 80. Hill parece no haber perdido su toque, como nos demostró el pasado año con la magnífica Una Bala en la Cabeza (Bullet to the Head, EEUU, 2013), pero esa es otra historia.

The Equalizer marca un proceso inverso al que parece vivirse en la actual industria del cine estadounidense. Asistimos estos días a las consecuencias de una masiva emigración de los grandes talentos del cine más reciente hacia las producciones para la pequeña pantalla (así, por ejemplo, podemos ver, perplejos, como Joe Dante dirige un capítulo de Hawai 5.0), o, al menos, a una compatibilización de ambas trayectorias. Este último el caso es el de David Fincher, que filma episodios de la excelente serie House of Cards (Netflix, 2012-), y estrena en cine un thriller inmenso como es Perdida (Gone Girl, EEUU, 2014). La más reciente película de Antoine Fuqua, por el contrario, adapta para la pantalla grande, un éxito televisivo de los 80, que se expandió durante cuatro temporadas. Paradójicamente, The Equalizer, la serie, fue manufacturada en unos años, donde se adaptaron para el cine, a su vez, emblemáticas series de televisión. Para enredar aún más el fenómeno, series tan atractivas como Gotham (Warner, 2014-) o Fargo (FX- 2014), apuestan por la reinterpretación de éxitos más o menos recientes de la gran pantalla. En otros casos, finalmente, las series de televisión, pese a ser concebidas para ese medio, poseen estructuras narrativas más próximas a las del largometraje para el cine. Es el caso de la formidable primera temporada de True Detective (HBO-2014), y de Boardwalk Empire (2010-2014), excelentes trabajos cinematográficos diseñados para la pequeña pantalla y para arrasar temporada tras temporada.

Denzel Washington en "The Equalizer"
Denzel Washington va sobrado de habilidades en este film
The Equalizer, el filme, marca, de igual modo, el reencuentro entre el realizador Fuqua con la superestrella Denzel Washington. Ambos coincidieron en un magnífico filme de principios del milenio, Día de entrenamiento (Trainning Day, EEUU, 2001). El filme, que colocó a Fuqua en primera línea, y le otorgó a Washington su segundo Oscar, dejaba claro, sin el menor espacio para la duda, que el realizador afroamericano estaba formidablemente dotado para la planificación, para la graduación y el equilibrio entre el in crescendo dramático y el punto de ruptura climático. Un filme ejemplar, que transcurre durante un día cualquiera en la vida de dos policías de Los Ángeles, situados a ambos lados de la ley. Washington estaba inmenso y llena la pantalla, pero Ethan Hawke, su compañero novato, le daba la réplica en una composición memorable, que lo llevó a las puertas del premio de la Academia. Con Día de entrenamiento, Antoine Fuqua dejaba atrás los mal sabores de sus dos primeros films: Asesinos de Reemplazo (Replacement Killers, EEUU, 1998), su desastrosa opera prima, un nefasto thriller, remake casi punto por punto de The Killer (Hong kong, 1989), el filme de culto de John Woo, y de Bait (EEUU, Canadá, Australia, 2000), una prescindible comedia de acción al estilo de Eddie Murphy, al servicio del histrionismo de Jamie Foxx.

El refinado gusto de Fuqua por el thriller puede verse en Los Amos de Brooklyn (Brooklyn Finest, EEUU, 2009), una obra de madurez. La mejor película de su realizador, es un soberbio mosaico urbano, de estructura narrativa claramente influida por la serie The Wire (HBO, 2002-2008), pero también en la línea de recientes policíacos como American Gangster (EEUU, 2007), de Ridley Scott, o Cuestión de honor (Pride and Glory, USA, 2007), de Gavin O’Connor, cuyos territorios hace unos años eran transitados casi en exclusiva por el gran realizador Sidney Lumet, con su prodigiosa El Príncipe de la Ciudad (Prince of the City, EEUU, 1981) a la cabeza. La película de Fuqua es una suerte de short cuts, o historias cruzadas, a lo largo de 132 minutos, donde asistimos al proceso de solaparse las vidas y destinos de tres policías de Nueva York, que pululan alrededor de una gran redada que se prepara contra una red de narcotraficantes. Por un lado está Eddie (comedido, aunque definitivamente inapropiado Richard Gere, sin duda una de esas concesiones al star system que permiten la viabilidad de un proyecto), veterano agente al que le quedan unos días para el retiro; El segundo pilar es Sal (Ethan Hawke, en el reverso de su anterior papel para Fuqua), un agente corrupto dispuesto a hacer sin miramientos todo lo necesario para proporcionar una vida cómoda a su esposa, embarazada de gemelos, y a sus tres hijos. El tercer eje de la narración es Clarence (brillante Don Cheadle), un agente que lleva infiltrado en la banda que persigue desde hace tanto tiempo, que tiene un importante conflicto de lealtades, porque su mentor en el mundo del hampa le salvó la vida en una ocasión. Rodada en un loable ejercicio de contención formal, con un gran peso en los diálogos, la tensa cadencia que se respira en las primeras dos horas, explota en los quince minutos finales de manera ejemplar. El personaje de Eddie recuerda en más de un aspecto al interpretado por George C. Scott del excelente filme Los Nuevos Centuriones (The New Centurions, EEUU, 1973), de Richard Fleischer. La obtención de su redención personal a través de un acto violento, aproxima a Eddie, en un momento determinado, al Travis Birkle de Taxi Driver (EEUU, 1976), de Martin Scorsese

Marton Csokas en "The Equalizer"
Marton Csokas es el malo de "The Equalizer"
El Tirador (The Shooter, EEUU, 2007) y Objetivo: La Casa Blanca (Olympus Has Fallen, EEUU, 2013), son dos actioners (entendida la acepción como películas que contienen tramas ligeras y rápidas, salpicadas por escenas de violencia), que parecen transportados al presente milenio, directamente desde los años 80. La primera, protagonizada por Mark Whalberg, podría haber encajado perfectamente en la filmografía de Chuck Norris, junto a Código del silencio (Code of Silence, EEUU, 1985) de Andrew Davis, o Delta Force (EEUU, 1986), de Menahem Golam. La segunda, protagonizada por Gerald Butler, parece surgir de la mezcla del modelo iniciado con La Jungla de Cristal (Die Hard, EEUU, 1989), de John McTiernan y una de las trepidantes temporadas de 24 (Fox, 2001-), donde un grupo armado de terroristas de un país africano, irrumpían en la Casa Blanca en Washington D.C.. Dos películas ligeras, pero muy bien rematadas por Fuqua.
Con Lágrimas del sol (Tears from the Sun, EEUU, 2003) y Rey Arturo (King Arthur, EEUU, 2004), Antoine Fuqua se apartó temporalmente del thriller urbano y se adentra en el cine épico y de aventuras, sin abandonar el sacrificio o el código del honor. Se trata de dos propuestas fílmicas bien diferentes, ambientadas en épocas y lugares casi antagónicos, pero con estructura temática y objetivos paradójicamente comunes. En ambas películas hay un héroe estoico, a su pesar, destinado a equilibrar la balanza, a socorrer a los oprimidos del entorno social donde se encuentra o al que se dirige. Tanto Waters como Arturo, respectivamente Bruce Willis y Clive Owen en las dos películas citadas, deciden, contra su objetivo previamente trazado, ayudar a los desfavorecidos, a merced de hordas salvajes, en medio de un agitado viaje, tan geográfico como emocional. En ambas películas hay, como decíamos, un código de honor, unos principios a preservar al coste que sea y un fascinante itinerario hacia la redención personal, aunque nunca en unos términos tan caóticos, catárquicos o existenciales como los recorridos propuestos por cineastas de la talla de Paul Schrader o John Milius, auténticos maestros en el arte del inserto de la redención como formula narrativa.

The Equalizer es un nuevo eslabón en el género del thriller urbano. Fuqua navega entre el cine de justicieros con la saga Death Wish, para mayor gloria de Charles Bronson, a la cabeza, y el género de superhéroes, de esos que pueblan hoy las carteleras y nos arrastran a la taquilla masivamente. Robert McCall no tiene súper poderes, pero casi. McCall es un hombre de mediana edad, metódico, tranquilo, ávido lector, afable conversador, que se gana la vida trabajando en un centro comercial dedicado al bricolaje y pasa su vida en un tranquilo barrio de Boston. Conoce a una joven, Terri (Chloë Grace Moretz) que hace la calle, y se encuentra fatalmente enredada en una red de prostitución que no es más que uno de los muchos tentáculos de la mafia rusa en la costa este del país. Lo que comienza como una especie de sucedáneo del motor vital de Travis Birkle, el protagonista de la citada Taxi Driver (como parte de esa limpieza de la corrupción que asolaba la ciudad de Nueva York, el taxista decidía liberar a una niña prostituida, interpretada por Jodie Foster), rápidamente se complica. Los proxenetas rusos (ejecutados de una forma implacablemente metódica, tras rechazar 9500 dólares ofrecidos por McCall por la libertad de la chica) son la cúpula visible de la mafia rusa que opera en el centro neurálgico que es Boston. La ejecución paraliza actividades delictivas de millones de dólares. La trama mezcla a la peligrosa mafia eslava, con policías corruptos, o agentes de indeterminadas compañías gubernamentales de espionaje. La narrativa alterna secuencias pausadas, pero necesarias, hábilmente trufadas de oportunas citas literarias. El filme se abre con unas palabras del escritor Mark Twain: “Los dos días más importantes de tu vida son en el que naciste y en el que descubres porqué”. McCall ha nacido para equilibrar la balanza entre el bien y el mal, para dar la oportunidad a algunos de hacer lo correcto, para eliminar del ecosistema a aquellos que no tienen redención posible. En el cara a cara previo al ajuste final, McCall le dice a Teddy, el villano ruso, enviado para resolver la muerte de los gangsters y encontrar al ejecutor: “He hecho cosas en mi vida de las que no me siento orgulloso y prometí a alguien, a quien quería muchísimo, no volver a ser ese hombre jamás. Pero por usted voy a hacer una excepción”.

Chloë Grace Moretz en "The Equalizer"
Chloë Grace Moretz  no hace esta vez de chica patea traseros.
A diferencia de ciertos convencionalismos en el guión estadounidense, las aptitudes del héroe nos son mostradas, no como un apunte académico, sino después del despliegue de sus habilidades, como si el momento de dicha revelación fuese un arco argumental de la historia. Enseguida comprendemos, como le pasaba al protagonista de Una Historia de Violencia (A story of Violence, EEUU, 2005), de David Cronemberg, que habría sido más sensato no molestar al protagonista y comportarse respecto a él de modo inofensivo. McCall, como Tom Stall (el personaje de la citada película de Cronemberg) o el asesino Lorne Malvo (Billy Bob Thorton) de la también mencionada serie Fargo (FX, 2014-), son personajes con los que es mejor no tropezar, y si lo hacemos, hay que dejarles seguir su camino, sin la menor estridencia, sacrificando, si es necesario, el orgullo pisoteado. Resulta, en este sentido memorable, en la mencionada serie de televisión antedicha, el encontronazo de Malvo con el agente Gus Grimly (Colin Hanks), en el magnífico episodio piloto de la serie. Malvo, al ser interceptado por exceso de velocidad en un rutinario control nocturno de carretera, le argumenta al agente Grimly las razones acerca de por qué debería irse a su casa con su hija y permitirle irse: “…Hay caminos que es mejor no recorrer... porque antes en los mapas ponía "ahí dentro hay dragones" y ahora ya no. Pero eso no significa que no haya dragones… deje que le diga lo que pasará... agente Grimly. Voy a subir la ventanilla y luego me largaré y usted volverá a casa con su hija y de aquí a unos años podrá mirarle a la cara y saber que sigue con vida porque cierto día eligió no tomar cierto camino y prefirió quedarse en la luz y no adentrarse en la oscuridad. ¿Lo ha entendido?”.

McCall, Stall y Malvo son, en definitiva, personajes complejos, oscuros, el reverso más terrible de la sociedad contemporánea; aparentemente tranquilos, pero capaces de desatar un auténtico infierno de caos y violencia salvaje a su alrededor.

Con The Equalizer, un producto diseñado en un principio para Russell Crowe, pero felizmente redefinido para Denzel Washington, Antoine Fuqua muestra su comodidad con el actioner de siempre. La historia de un personaje de cierta complejidad moral, es narrada por Fuqua de un modo sencillo, sin ambigüedades, con el objetivo de entretener. En la modestia del planteamiento radica la eficacia del resultado. Cierto es que ocasionalmente se regodea de un modo un tanto excesivo en el uso de la cámara lenta, y en cierto manierismo visual, sobre todo en los instantes inmediatamente previos al estallido de violencia, pero no lo es menos que tales actos define al personaje. Esos actos inmediatamente anteriores y preparatorios de la acción, esa capacidad del personaje central de observación de los detalles a su alrededor, antes de golpear o matar, marcan el despliegue de la acción, paradójicamente menos elaborada.

Secuencias como la primera conversación de McCall con Terri en la cafetería nocturna, donde la novela el Viejo y el Mar, de Ernest Hemingway se intercala armónicamente en la conversación, o el enfrentamiento final con Teddy (excelente villano Marton Csokas) y los suyos en el centro comercial donde McCall trabaja, que termina con una lluvia interior redentora (los aspersores de seguridad de la nave industrial), o el epílogo en Rusia, donde la salida del protagonista de la casa del Capo ruso deja bien claro el reguero de cadáveres que el protagonista ha sembrado fuera del plano, marcan la contundencia y eficacia de este producto comercial, desprovisto de otra pretensión que no sea la de entretener y arrancar cierta satisfacción al espectador de este tipo de producciones. No es poco.



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Esta película ilustra perfectamente los motivos por los que el cine español no logra levantar cabeza. Afortunadamente, este año parece que la tendencia se va invirtiendo, pues tenemos entre las más vistas en taquilla, algunos films patrios.

La Jungla Interior

La Jungla Interior representa el sector de las masturbaciones intelectuales, de esos creadores o autores ególatras que se creen superiores al resto de los mortales y que hacen películas gratuitamente, porque enseguida, se llevan a una jugosa subvención. Y es que esta cinta, a Juan Barrero, su director, guionista y protagonista, no le ha debido de costar mucho, básicamente porque la hemos pagado entre todos los españoles vía subvenciones, lo cual no deja de ser injusto, porque a Michael Bay, Chris Nolan, Peter Jackson, Ridley Scott, Clint Eastwood y un largo etc. que también incluye a realizadores españoles,  nadie les subvenciona sus películas, y, curiosamente, hacen historias realmente magníficas.

¿A más subvenciones mayores bodrios? Puede ser. De hecho, esto que es tan típico nuestro, también es muy típico en Francia. Se lo copiamos a ellos y muchos lo defienden bajo el paraguas falso de esa "singularidad europea". Bueno, pues desde luego serán singulares, pero nadie ve sus películas. Muy rentable no creo que sea esa especial singularidad ¿no?
Además de que La Jungla Interior es un despropósito desde el propio título del film. La historia que nos cuentan carece de total interés, no hay esfuerzo de ningún tipo por hacer que el espectador se integre en la película y participe de la historia, no hay esfuerzo para que empaticemos con los personajes. No hay esfuerzo para lograr una fotografía ni un sonido ni nada decente en esta cosa rara. Un relato en el que se mezcla un viaje a una jungla de Costa Rica para buscar una orquídea descubierta por Darwin siglos atrás, con un relato costumbrista cutre en el que Gala, la novia de Juan, quiere tener un hijo pero su novio o marido no quiere tener descendencia. Como diría el doctor Sheldon Cooper: "¿En qué universo medianamente racional hay una conexión coherente de estos hechos?" ¿En qué universo medianamente racional es necesario mostrar en primer plano una masturbación? ¿Aporta algo esta cosa al cine, a nuestras vidas? A nivel personal no me ha aportado nada, salvo hastío y ganas de salir corriendo de la sala, por primera vez en mi vida, porque jamás he abandonado una película aunque me estuviese aburriendo.

Pero lo que más duele no es la total apatía y la falta de interés en hacer una película en condiciones, lo más doloroso de todo es pensar que entre todos hemos pagado esta cinta que fuera de entornos "gafapasteros" no interesará a nadie, y que por supuesto, no recuperará el dinero invertido en ella. Vamos, que prefiero verme una película de Hollywood, por muy mala que sea, a ver este producto inane que encima está premiado en algunos festivales, sitios que se suponen serios, y que desde luego, en los últimos años,  para mí han perdido cualquier atisbo de credibilidad.

Aún así, mi critica no es más que un conjunto de sensaciones personales y vosotros sois libres de elegir si queréis verla o no, pero de decidiros a hacerla, y si ciertamente habéis disfrutado con ella, os agradecería que vinierais y me contarais que es exactamente lo que se me ha pasado o que estado de animo es necesario para disfrutar de obras como estas.



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“NINJA TURTLES (LAS TORTUGAS NINJA, 2014)” (Teenage Mutant Ninja Turtles) es un reboot muy esperado que llega a nuestras carteleras españolas de la mano de Paramount Pictures Spain este próximo viernes 17 de Octubre en formatos 2D y 3D.

Crítica de Ninja Turtles (Las Tortugas Ninja): Un reboot decente y entretenido




“NINJA TURTLES” está dirigido por el cineasta de cine fantástico y de acción, Jonathan Liebesman, artífice de títulos como “Invasión a la Tierra” (2011) o de la secuela de Furia de Titanes, “Ira de Titanes” (2012). Al servicio del realizador se ponen la guapísima Megan Fox (Saga Transformers) junto con Will Arnett, William Fichtner, Alan Ritchson, Noel Fisher, Pete Ploszek, Jeremy Howard, Danny Woodburn, Tohoru Masamune y Whoopi Goldberg.

La ciudad de Nueva York está siendo atacada por una peligrosa banda formada por Shredder y el Clan del Pie, los cuales controlan a la ley y a los altos mandos. Para detener a estos malhechores y salvar la ciudad del caos será necesaria la intervención de las poderosas Tortugas Ninja que contaran con la ayuda de la intrépida periodista April O´Neil (Megan Fox) y su simpático compañero de trabajo Vern Fenwick (Will Arnett).

El revivir nuestra infancia junto a las nuevas generaciones es un reclamo evidente para acercarse al cine a ver esta nueva aventura familiar protagonizada por las cuatro entrañables tortugas ninjas con nombres de artistas renacentistas creadas por Kevin Eastman y Peter Laird en la década de los ochenta. Mucho material ha surgido después de su creación en papel, dando vida y forma a las clásicos reptiles en diferentes franquicias de series animadas y películas, incluyendo videojuegos que convirtierón esta marca en una maquina masiva de hacer dinero. 

Megan Fox en Ninja Turtles
Esta nueva entrega supone el relanzamiento y la renovación de imagen de Leonardo, Raphael, Donatello, Michelangelo y el maestro Splinter, recuperando la historia de sus personajes desde sus cimientos, quedando patente que este es el comienzo de una nueva saga cuya secuela ya tiene luz verde.

Para los más fervientes y exigentes seguidores, el nuevo look de las tortugas puede resultar algo chocante, ofreciéndonos unas tortugas de dos metros de altura con excesivos músculos, lo que las hace parecer atiborradas de esteroides y es posible que muchos prefieran quedarse con el diseño de las originales. No obstante, no han perdido la esencia que las vio nacer en cuanto a su carácter entusiasta, su forma de vida (su pasión por las pizzas, con product placement incluido de Pizza Hut) y el humor que las representa.

La cinta cuenta con una espectacularidad visual apabullante, bajo una estética comiquera, y viene cargadísima de efectos especiales donde se nota la mano del productor del film, Michael Bay, que al igual que en su Saga de Transformers la película contiene incesante acción, asombrosas explosiones, buenas batallas coreografiadas, e incluso un robot, el del principal antagonista, que parece sacado de alguno de los largometrajes de los famosos robots de Bay.

Shreeder en Ninja Turtles
Shreeder
En cuanto al apartado artístico, tenemos a Megan Fox, reina de los blockbusters, la actriz se mete en la piel de la periodista April O´Neil, aportando su belleza física y una interpretación lineal, nada trascendental, a pesar de que tiene mucho tiempo en pantalla. Su registro está totalmente desaprovechado y se queda a un lado en cuanto a las verdaderas protagonistas aparecen en escena, Las Tortugas Ninja. Como suele suceder últimamente con cintas de este género, han contado con la presencia de una estrella reconocida del séptimo arte, la oscarizada actriz, Whoopi Goldberg, la cual figura muy poco en escena, pero añade un valor extra al embarcarse en el proyecto, lástima que no se haya sacado mayor partido a su vis cómica y esté en un papel menor tan desaprovechado. El resto del plantel cumplen con lo necesario en su roles, destacando por encima el prolífico actor William Fichtner como Eric Sacks.

La aventura coge impulso llegando hacia la mitad del metraje, estableciendo un verdadero acierto en componer en dos partes la trama, el prólogo para introducirnos de forma adecuada en los orígenes de los personajes del cómic y el desarrollo que da volumen y ritmo a la historia que es además, cuando disfrutamos de la vertiginosa acción de la cinta.

Respecto al libreto obra del trío formado por Josh Appelbaum, André Nemec y Evan Daugherty tiene carencia de originalidad, nos puede recordar a la nueva saga de Amazing Spiderman con ciertas analogías. Por otra parte, queda claro al target que va dirigido esencialmente el título, dado que al público adulto le puede resultar el humor de la película infantiloide con chistes fáciles, aunque gana puntos en su favor por los diversos guiños frikis introducidos inteligentemente en los diálogos.

Escena de Ninja Turtles 2014
Splinter y las Tortugas junto a April
La música del film es del compositor y productor californiano Brian Tyler responsable de crear las partituras entre otras, de Fast & Furious, Constantine y Iron Man 3, el cual ha sabido encajar a la perfección sus composiciones en las escenas trepidantes, repletas de dinamismo y acción hasta llegar a la exhalación del autodescubrimiento, así como en la introducción de la historia mediante ritmos más suaves.

Por lo tanto, NINJA TURTLES no se sitúa al nivel de calidad de otras producciones basadas en superhéroes estrenadas este año, como Capitán América: Soldado de Invierno, X- Men: Días del futuro pasado o Guardianes de la galaxia, pero sin duda, suministra entretenimiento y cumple con las expectativas que se pueden tener habiendo visto las anteriores entregas cinematográficas de las heroicas tortugas.



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Hacer un film que consiga perdurar en la memoria de los espectadores es difícil, y aunque el director de Coherence, James Ward Byrkit (un encargado de los storyboards de la saga "Piratas del Caribe), ha intentado grabarse en nuestra memoria con un extraño film que mezcla elementos de ciencia ficción, el resultado no ha resultado especialmente positivo.

Crítica de Coherence
Dicen que esta película está entre la ciencia ficción y el thriller psicológico. Personalmente, no los percibo por ningún lado. Siempre intento ser justo en mis valoraciones y sacar aspectos positivos de todas las películas que veo. Pero ahora mismo me resulta imposible hacer eso. Porque Coherence es una cinta bastante incoherente, liosa, absurda y que en ciertos momentos produce cierto grado de hilaridad que resulta necesario para poder sobrellevar mejor la experiencia. Desde luego, hay algo que sí que es positivo en esta cinta: el metraje. Los espectadores darán gracias a los dioses porque dure una hora y veintipocos minutos.

¿Qué cuenta Coherence? Pues todo transcurre en una cena de amigos. Esa noche, va a pasar un cometa, bautizado Miller. Una de las mujeres que está cenando cuenta unos acontecimientos que tuvieron lugar en Finlandia a comienzos del Siglo XX. Pasó un cometa que hizo que los habitantes de un pueblo se trastornaran. De hecho, una mujer llamó a la policía diciendo que el hombre que estaba junto a ella no era su marido, porque lo había matado la noche anterior. A raíz de todo esto, la película plantea: ¿Podría volver a suceder lo mismo?

El director, James Ward Byrkit, que además es el guionista y productor ejecutivo de la película, se ha empapado de lecciones de física cuántica, y se ve que le han sentado especialmente mal, porque todo pretende girar alrededor del experimento del Gato de Schrödinger.

Nicholas Brendon en Coherence
Brendon ya no es el adolescente que cazaba demonios para Joss Whedon
La cuestión (que vimos en The Big Bang Theory) es muy sencilla: un gato metido en una caja. El animal puede estar vivo o puede estar muerto. Dos realidades diferentes, que se entrecruzarán, debido a un hecho fortuito. El film quiere ser una metáfora de ese experimento. Los amigos son el gato, la casa en la que están es la caja, y experimentamos un recorrido psicoapocalíptico por diferentes realidades, donde los personajes se encuentran con dobles de sí mismos que pueden ser malos o buenos. Lo que está claro es que el director ha reunido a un grupito de amigos suyos (entre los que destaca Nicholas Brendon, uno de los protas de "Buffy Cazavampiros"), no se han gastado nada y desde luego, él mismo, se ha hecho un lío con la física.

Hay films que tienen numerosos fallos de guión pero que, a la hora de la verdad, no tienen pretensiones de ningún tipo salvo las de entretener y hacernos pasar un buen rato. Normalmente este tipo de películas no resultan molestas; pero creo que films pretenciosos como Coherence sí que resultan molestos y sobretodo te hacen preguntarte cómo es posible que ganen premios en festivales supuestamente serios.

Sintiéndolo mucho, no puedo darle el aprobado, pero siguiendo la política de esta web, os invitamos a que, si os atrevéis, descubráis a lo que me refiero por vosotros mismos a partir del 24 de octubre,  aunque ya conocéis el dicho... ¡Quien avisa no es traidor!



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“TORRENTE 5: OPERACIÓN EUROVEGAS” se estrena por fin hoy en nuestras carteleras españolas de la mano de Sony Pictures Spain. El personaje mítico de la saga que encarnó y creó Santiago Segura, ya hace más de una década, arrancando con “Torrente, el brazo tonto de la ley” (1998), regresa en su quinta entrega, demostrando que aún le queda mucho más cartuchos que gastar y que su enorme carisma y su característico humor a lo más “cañí” tiene mucho más que dar de sí.

Crítica de Torrente 5: Operación Eurovegas
Bajo los mandos del realizador madrileño se han puesto (algunos ya habían intervenido en las anteriores entregas) Julián López, Jesulín de Ubrique, Alec Baldwin, Fernando Esteso, Carlos Areces, Angy Fernández, Anna Simon, Neus Asensi, Chus Lampreave y Florentino Fernández.

En esta quinta entrega de la saga, Torrente se enfrenta a una España del 2018, donde no reconoce su patria que se encuentra fraccionada y convulsa. Es entonces cuando planeará un suculento golpe al casino de Eurovegas con la ayuda de un equipo de expertos que reclutará para la ocasión.

Si bien, su predecesora Torrente 4: Lethal Crisis (Crisis Letal, 2011), estaba un escalafón por debajo de sus antecesoras y primordialmente por la que vio la luz el inicio de a Saga, esta secuela rinde homenajes a tutiplén, nos trae un “Torrente” más madurado, sin perder su esencia, con sus frases personales, pero rodeado de un nuevo clan de camaradas que ayudaran a que la sesión palomitera sea más que disfrutable. De lo más sorprendente que hallaremos en este film, es el debut como actor del famoso ex-torero, Jesús Janeiro, en el papel de Jesusín, el primo del brazo derecho de Torrente, Cuco, al que dio vida el actor Gabino Diego durante la segunda entrega y que ahora recoge el testigo para interpretarlo el cómico actor Julián López (Muchachada Nui, No controles) quedando como los dos principales compañeros en esta nueva gesta de “Torrente”.

Protagonistas de Torrente 5: Operación Eurovegas
Torrente y su grupo de especialistas
Para este nuevo largometraje de la franquicia, se ha optado por contar con una famosa estrella de la meca del cine Hollywoodense, siendo el antagónico de nuestro principal, el actor Alec Baldwin, con quien se nota ha trabajado muy bien Santiago Segura, existe buen feeling y buena química entre ellos, que buenamente se traduce en pantalla. Al sumar al equipo a éste prestigioso intérprete, el realizador sabia que se apuntaba un tanto y que sería un reclamo más para acercarse al cine a ver esta nueva producción.

El guión del cineasta español es satírico, tocando lo político (corruptelas) y mostrándonos el futuro de nuestra nación en un estado de retroceso y de total declive, que nos lleva a la introspección, y que va más allá del humor fácil, convirtiendo en humor negro y paródico muchas de las situaciones más difíciles por las que podíamos atravesar, y que en la actualidad, atravesamos.

En la cinta encontraremos muchos guiños, incluyendo cinematográficos, como por ejemplo a la saga Ocean´s Eleven, notorios homenajes a figuras míticas del cine español. Además de incluir numerosos “cameos” de artistas y personajes públicos que van desfilando a lo largo del metraje. Esto aporta dinamismo a la función con un resultado excitante para el espectador al no parar de ver caras reconocidas del panorama actual.

Neus Asensi en Torrente 5: Operación Eurovegas
Neus Asensi y otros actores vuelve a aparecer en esta quinta entrega de Torrente.
Sin embargo, y pese a que la película está bien facturada incluyendo buenas escenas de acción, hacia el final se empieza a desinflar el interés por lo que está pasando, desconectando a ratos con el espectador, menos mal que se arregla cerca del desenlace final donde despega literalmente, entregando una de los momentos más repletos de comicidad donde interviene un premiado actor argentino.

Por lo tanto, “TORRENTE 5: OPERACIÓN EUROVEGAS”, no es más de lo mismo, es una historia de actualidad. Es hilarante, con buenos gags, sin llegar a ser cargante. Ofrece lo que espera cualquier amante de la saga, unas buenas risas, una buena sesión de entretenimiento y hace que cojamos un poquito más de cariño a nuestro insigne personaje ibérico.



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El nuevo trabajo de David Fincher, en el que participan Ben Affleck y Rosamunde Pike, llega a la cartelera española el 10 de octubre, y teniendo en cuenta que será uno de los títulos más elogiados del año, te traemos ya la crítica de este esperado film.

Crítica de Perdida, de David Fincher con Ben Affleck y Rosamund Pike

Cuando te encuentras con una adaptación literaria a lenguaje cinematográfico, lo mínimo esperable es que el film refleje la esencia del libro en el que se basa. Sin duda, hay un auténtico maestro en lograr este objetivo y se trata de David Fincher, el director que tiempo atrás hizo historia con “Seven”, un thriller oscuro y asfixiante hasta la médula que ha creado escuela en films posteriores de ese género. He mencionado Seven pero podría seguir con Zodiac, el Club de la Lucha y alguna que otra más. Fincher es alguien que sabe elegir muy bien los proyectos que lleva a cabo, y con “Perdida” (Gone Girl) vuelve a demostrarnos que esto es absolutamente cierto.

¿Es una de las Grandes películas del año? Desde luego que sí, y eso que este año no ha sido especialmente malo en cuanto a estrenos, ha habido películas realmente buenas aunque sí que es cierto que pocas, pero “Perdida” es una obra que de nuevo pone el listón muy alto. No voy a aventurarme a decir que es perfecta porque tampoco es esa la cuestión (además, en esto intervienen las percepciones de cada uno) pero sin duda estamos ante una cinta ejecutada de manera extraordinaria desde los primeros minutos hasta el desenlace.

Ben Affleck y Rosamund Pike en Perdida, de David Fincher
Ben Affleck y Rosamund Pike
¿Qué nos cuenta “Perdida”? Pues es un relato sobre un matrimonio no muy bien avenido. Sobre cómo dos personas creen conocerse y que con el paso del tiempo se dan cuenta de que en el fondo no es así; refleja perfectamente la irresponsabilidad en la que muchas parejas caen, y consiste en que dos personas se encuentran, se consideran atractivos físicamente, salen unas cuantas veces y al poco ya estamos prometidos.

Un matrimonio que creemos que está forjado en la lámina sólida del compromiso y de la entrega total al otro cuando se está enmascarando la dura realidad.

Es en este punto donde entra el elemento noir o policíaco, cuando Amy (Rosamunde Pike) desaparece de casa, y su marido Nick (Ben Affleck) se encuentra con una escena en la que la única interpretación que cabe es que algo terrible ha ocurrido. Es una de esas historias en las que no todo es lo que parece, y la he disfrutado enormemente porque Fincher me ha hecho revivir los mismos sentimientos que me suscitaron las páginas de la novela de Gillian Flynn en la que se basa el film: Desasoiego, tensión creciente, y un enorme impacto. 

Ben Affleck en Perdida, de David Fincher
Ben Affleck busca a su esposa en "Perdida"
El apartado técnico está logrado a la perfección. La atmósfera que poco a poco se va volviendo cada vez más oscura, los silencios, las miradas, el gran uso de la música de Trent Reznor y Atticus Ross, la casita en donde viven los protagonistas que parece de cuento de hadas y en cuyo interior hay numerosos secretos; y como principal elemento a destacar: la intervención de los Medios de Comunicación en la historia. Un perfecto reflejo de hasta donde están dispuestos a llegar algunos con tal de subir los índices de audiencia, es decir, convertir una desgracia en sensacionalismo barato con el que modificar la opinión de los oyentes crédulos y sin criterio.

Para concluir, debo añadir un especial elogio a las interpretaciones principales. Ben Affleck desde luego está fantástico, parece que la madurez le sienta muy bien y que ha aprendido algo desde que él mismo es director de películas todas excelentes; y por otro lado Rosamunde Pike, ha demostrado que es una gran actriz. Si ambos fuesen a los próximos Oscar como candidatos no me extrañaría en absoluto, especialmente ella. No hay nada como tener un buen director con ellos. “Perdida” es una muestra de CINE con mayúsculas.



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“LA ENTREGA” (The Drop) ha aterrizado en nuestros cines este fin de semana. Este título de 20th Century Fox España lo pudimos disfrutar en el preestreno que organizaron nuestros apreciados amigos de SENSACINE.COM en los Cines Kinépolis de Madrid.

Crítica de "La Entrega"

“LA ENTREGA” supone el debut Hollywoodense del cineasta de origen belga Michaël R. Roskam (Bullhead), el cual ha conducido con pulso firme a Tom Hardy (El caballero oscuro, La leyenda renace), Noomi Rapace (Prometheus) y al gran actor James Gandolfini, popular por su mítico papel de Tony Soprano en la serie “Los Soprano”, en su póstuma obra cinematográfica.

La cinta ha sido presentada en la 62 edición del Festival de San Sebastián, alzándose con el premio del jurado al mejor guion adaptado, el cual, está firmado por Dennis Lehane, el propio autor del relato corto en el que se basa la película, titulado “Animal Rescue”, y quien también se encargó de escribir otras exitosas novelas llevadas al cine como son Mystic River (C. Eastwood), Shutter Island (M. Scorsese) y Adiós pequeña, adiós (B. Afleck).

En LA ENTREGA viajamos al distrito neoyorkino de Brooklyn donde conocemos a Bob (Tom Hardy) un introvertido camarero, y a su primo Marv (James Gandolfini) que trabajan mano a mano en un bar propiedad de una peligrosa banda mafiosa, el cual usan como tapadera para blanquear dinero.

Tom Hardy y James Gandolfini en "La Entrega"
Tom Hardy y James Gandolfini 


Un día en la vida de Bob, y a través de un malherido cachorrito, se cruzarán, Eric (Matthias Schoenaerts) un inquietante ex-convicto con problemas mentales y Nadia (Noomi Rapace), una mujer insegura y misteriosa, acabando implicado de forma involuntaria en una complot criminal.

La ambientación y la puesta en escena nos emplaza a una sórdida y oscura Brooklyn con un destacable trabajo de fotografía a manos de Nicolas Karakatsanis, el mismo con el que contó el realizador del film en su primer largometraje Bullhead (2011).

El trabajo actoral es brillante, comenzando por un hermético Tom Hardy, el desaparecido James Gandolfini, experimentado y veterano intérprete, un maestro en papeles de cine de género negro que avala la calidad del film. Durante su visionado se me vino a la cabeza su sublime interpretación junto a Brad Pitt en “Mátalos suavemente” (2012), y el trío protagonista lo cierra la enigmática Noomi Rapace que está a la altura de sus compañeros de reparto con su interpretación.

Este notorio trabajo cuenta con un acertado cast de intérpretes, donde sus secundarios también rinden bien, registrando actuaciones convincentes y necesarias para no desnivelar la función, destacando principalmente el actor Matthias Schoenaerts en su agresivo y descontrolado personaje lleno de odio que turba al espectador.

Tom Hardy y Noomi Rapace en "La Entrega"
Tom Hardy, Noomi Rapace y el cachorro que da pie a su encuentro en "La Entrega"


La trama es de lo más esencial para que “LA ENTREGA” nos invite a embarcarnos definitivamente en este circuito de emociones contenidas, en el marco del crimen organizado, centrándose en sus protagonistas, especialmente en el personaje de Bob, que se dibuja a la perfección, tan correcto es su trazado que llega a rozar un poco la previsibilidad en su entramado final, pero que aún así no desmerece en absoluto esta perspectiva que le ha dado el director y se agradece que no se tire de escenas con violencia explícita para contarnos este drama con tintes mafiosos.

“LA ENTREGA” discurre a un ritmo pausado, lento en su exposición, pero necesario en su composición.

Por tanto, “LA ENTREGA”, se convierte en una entrega completa en todos sus apartados, resultando una experiencia placentera dirigida fundamentalmente a amantes del género noir. Es una cita obligada con el buen cine de suspense.



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No es fácil hablar de una figura tan emblemática para el cine como lo es Mario Moreno “Cantinflas”. Se han escrito ríos de tinta acerca de su figura, genio e influencia en el cine internacional, sobre todo porque brilló como nadie en la comedia de los años 40 del siglo pasado, coincidiendo con la Época Dorada del Cine Mexicano.


El surgimiento de “Cantinflas” se da con la consolidación del cine sonoro y los retruécanos orales del peladito eran parte esencial de su encanto cómico, al igual que la comedia física de la cual hacía gala el originario del barrio de Santa María La Ribera en la Ciudad de México: sus bailes torpes de pies cruzados o sus hilarantes riñas chapuceras. Afinó tanto su estilo oral que llegó el momento en que acuñó un nuevo verbo para el idioma español de todas las retahílas brillantemente incoherentes que expelía desde su cavidad bucal: cantinflear (hablar mucho y no decir nada en realidad).

Su fama se propagó con tal fuerza que el mismo Charles Chaplin se convirtió en su fan (tema que se toca en este segundo largometraje de Sebastián del Amo) e incluso hay una anécdota que siempre contaba con mucho orgullo el mismo “Cantinflas” cuando alguna vez se encontró de frente con el creador de “Charlot” y éste le espetó: “en el mundo de la comedia, sólo somos tú y yo”.

El tamaño del personaje de Mario Moreno se volvió tan gigantesco que el osado productor Michael Todd lo reclutó entre sus filas para aquella deliciosa extravagancia fílmica multioscareada que se llamó “La vuelta al mundo en ochenta días” (1956) y que es precisamente el eje enrutador de la esperada biopic del mimo mexicano, metraje que quedó a cargo de Sebastián del Amo (“El fantástico mundo de Juan Orol”).

Del Amo abarca alrededor de 25 años de la vida del genial comediante, desde sus inicios como barrendero en una carpa hasta su encumbramiento en Hollywood al agenciarse un Globo de Oro por su papel de “Passepartout” en la ya mencionada “La vuelta al mundo en ochenta días”.

Pero del Amo no entiende al personaje más allá de una línea biográfica de tiempo, llena de sucesos melodramáticos tratados de la manera más convencional posible. Es claro que este cineasta admira a su personaje y dicha admiración se traduce en la nostalgia por los momentos más notables de “Cantinflas” en esa época: el salto de artista carpero a incipiente estrella cinematográfica, su apoteosis en el séptimo arte con la joya fílmica de “Ahí está el detalle” (Juan Bustillo Oro, 1940) y su consolidación internacional con la producción de Michael Todd que ganó cinco Premios de la Academia Hollywoodense.

Sebastián del Amo no se atrevió un ápice a tocar esta figura sagrada del cine mexicano más allá de favorecerla; no se atrevió a desmitificarlo, al contrario, sólo contribuyó a sacralizar más el mito, la leyenda, a anquilosar la perspectiva que tenemos del gran “Cantinflas”: que era un genio que nació para el cine en el momento exacto de su época.

¿Por qué no haber tocado con mayor profundidad el claro recelo que le tenía Manuel Medel (otro gran comediante mexicano de aquel entonces y que debe ser revalorizado a la brevedad)?

¿Por qué no aclarar de una vez por todas de dónde vino en realidad el mote de “Cantinflas” (donde el mismo Medel se declaraba autor de dicho mote, diciendo que él se lo había sugerido a Mario)?

El cambio que sufrió el personaje del peladito, de ser un pícaro irreverente en los 40’s a uno aleccionador y moralino a partir de los 50’s: ¿Fue por querer desmarcarse de inmediato de ese otro personaje que irrumpió en los escenarios y que encantó aún más a las audiencias, apodado “Tin Tan”?

¿Cómo fue en realidad la relación con su polémico hijo adoptivo, Mario Moreno Ivanova? En fin, que estas incógnitas principalísimas no fueron desveladas y del Amo se contentó con llevar algunos pasajes de la vida de Mario Moreno a la pantalla grande; cosas harto sabidas, ya están ahora, en el cine.

A pesar del espantado Sebastián del Amo, éste dio un paso en firme con la contratación de Óscar Jaenada para encarnar al mimo carpero. Actor de origen catalán y avezado al asunto del biopic por el film “Camarón” (donde da vida al cantaor Camarón de la Isla, interpretación que le valió un Goya), Jaenada sorprende con su bien estudiada personificación de “Cantinflas”, amén de su parecido físico.

Ensayos de catorce horas diarias, que incluían a un foniatra y revisiones constantes a todas las películas del peladito, Óscar saca lo mejor de su repertorio histriónico: la asombrosa capacidad de interpretar a “Cantinflas” en sus gestos, sus pintorescas danzas, su cantinflesca postura corporal y hasta la reverencia clásica del inolvidable 777: “¡a sus órdenes, jeefeee!”.

Causó controversia su designación, pero Jaenada ha demostrado, con su gran trabajo previo y su desenvolvimiento en pantalla, que merecidamente tenía que ponerse la gabardina del gran “Cantinflas”. Óscar se lleva las palmas: su suprema actuación quedará como el sólido acierto de del Amo y que más allá de eso, no hay nada más que destacar del timorato desempeño de Sebastián.

Y para finalizar, me gustaría parafrasear al leitmotiv de esta crítica: “Como dijo Chicaspeare, te vi o no te vi…y si te vi, pus sí me acuerdo”. Y me acordaré por siempre de ti, “Cantinflas”, con esos “momentos momentáneos” tan hilarantes que creaste para todos nosotros. Muchísimas gracias y “¡ahí nos vemos, chato!”.



El realizador sevillano Alberto Rodríguez presenta el próximo viernes 26 de septiembre un nuevo thriller que no dejara impasible a nadie y en el que, transportándonos al principio de los ochenta, nos ofrece una historia escalofriante que guarda ciertos paralelismos con éxitos recientes como la serie True Detective de HBO.

Crítica de "La Isla Mínima"

La calidad del cine realizado en España sigue quedando patente gracias a la labor de unos cuantos realizadores que llevan años ofreciendo trabajos de calidad a un público cada vez más exigente, y en el caso de Alberto Rodríguez, tras acertar de forma masiva con excelentes títulos como ‘7 Vírgenes’ (2005) o ‘Grupo 7’, regresa a las localizaciones sevillanas para ofrecernos una historia magistralmente dirigida y que pondrá los pelos de punta a más de uno.

'La isla mínima' nos presenta a Raúl Arévalo (Primos) y Javier Gutiérrez (2 Francos, 40 pesetas) como una pareja de policías madrileños a los que por diferentes motivos (una carta incomoda y el cambio de régimen, respectivamente) acaban destinando a un pueblo de mala muerte, situado en el entorno del rio Guadalquivir, en el que han desaparecido dos adolescentes.

Ambientado en los primeros años tras la transición (y poco antes del fallido intento de golpe de estado de Tejero), el pequeño pueblo que nos presentan aún esta habituándose a los procesos que cambiaron España, y es por ello que padece los ecos de una época en la que la imposición franquista aún resuena en los corazones de muchos.

Raúl Arévalo y Javier Gutiérrez llevan todo el peso en este magnífico thriller
En dicho entorno, la pareja protagonista (en la que uno representa a los policías del nuevo régimen, y el otro a un miembro de los cuerpos de la ley anteriores al cambio) ira indagando sobre la muerte de las hijas del barquero de la zona (un Antonio de la Torre con un papel menor, pero igualmente bien interpretado) y como ese suceso está directamente conectado con otras desapariciones que irán descubriendo en su particular investigación.

Con un magistral trabajo de documentación sobre esta época convulsa, 'La isla mínima' ofrece un retrato impecable de la España profunda y alejada de las grandes urbes en la cual, podemos observar diferentes elementos como la explotación laboral, la diferencia de clases e incluso la “mediatización de crímenes” que más de treinta años después siguen patentes en nuestra sociedad.

El trabajo de producción para trasladarnos a la época cuida todos los detalles, y además de usar escenarios ideales para ello (el film esta rodado en sitios que me son muy familiares, como los canales de los Palacios y Villafranca, o diferentes cortijos de la provincia, e incluso escenarios de mi ciudad, Dos Hermanas), el atrezo hace que nada despunte en una recreación de época que sigue demostrando que nuestro país es una verdadera potencia a la hora de poner en marcha la magia del cine para trasportarnos en el tiempo, algo que hemos visto en otros títulos protagonizados por el tándem Arévalo / Gutiérrez en series como ‘Águila Roja’, ‘El Tiempo entre costuras’, o la más que clásica ‘Cuéntame’.

Los personajes de Antonio de la Torre y Nerea Barros junto a un enorme Javier Gutiérrez

Hipnotizados con esa magia que nos transporta a otra época, disfrutando de planos aéreos espectaculares y unas interpretaciones en las que ningún dialogo es casual, vamos metiéndonos de lleno en una historia cuya tensión va creciendo a un ritmo espectacular y en la cual, sin prisa pero sin pausa, se nos ofrece una trama que supera con creces a las vistas infinidad de veces en cintas norteamericanas de genero detectivesco a las que 'La isla mínima' no tienen nada que envidiar y de las que me atrevería a decir que incluso ofrece lecciones para muchos realizadores extranjeros a los que una gran mayoría de españoles ponen en un pedestal sin haber visto títulos como los que últimamente pueblan la piel de toro.

Dura (a mí me dejo bastante mal cuerpo, pese a no ser un título que abusa de la sangre), con mensaje (el tema de las concesiones realizadas por unos y otros en la transición están muy presentes como demuestra la frase del juez del lugar al esgrimir “Este ya es otro país”), repleta de curiosidades históricas que llaman la atención pese a no estar muy alejadas en el tiempo (la forma de “pinchar teléfonos” no tiene precio, al igual que la técnica para saber a qué número se llama en pleno boom de la telefonía “analógica”) y con un equipo que lo borda (y en el que no hay que olvidar las estupendas interpretaciones de Manolo Solo y Salvador Reina como un periodista que ofrece una sorpresa genial al final del film y un habitante del pueblo que presta una ayuda imprescindible a los detectives madrileño), no puedo hacer más que recomendar “La isla mínima” como el estreno estrella de esta semana en la cartelera, y un título muy a tener (de lo mejor que he visto en cines en lo que va de año) en cuenta en las próximas quinielas de premios de la academia española.



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